Los senadores de la montaña
Oscar A. Bottinelli
 

Desde las montañas de Vermont cayó un rayo sobre la cabeza de George W. Bush. El senador republicano James Jeffords abandonó su partido, se declaró independiente y a todos los efectos prácticos contribuyó a configurar una mayoría demócrata en la cámara alta. En Uruguay en los mismos días pasó algo que le emparenta, sin dramatismos, con la suavidad característica de los procesos políticos, el estilo y los tiempos nacionales, y las proporciones de la orografía oriental: desde las montañitas de Lavalleja se resquebraja la solidez de la coalición de gobierno. Es que el abandono del herrerismo por parte del senador Francisco Gallinal es un hecho que no sólo afecta la interna del Partido Nacional, sino que cambia la ecuación del respaldo de fuerzas al gobierno, no al momento presente, sino hacia el futuro; no es un cambio cuantitativo sino cualitativo, no afecta las mayorías inmediatas, sino la solidez de las mayorías gubernativas.

Cabe recordar que el Partido Colorado cuenta con 11 votos en la Cámara de Senadores: el vicepresidente de la República, cinco senadores de la Lista 15 y cinco del Foro Batllista. Hasta días pasados conformaba la mayoría absoluta con sólo los cinco senadores del Herrerismo; luego, la adición de los dos senadores no herreristas (Jorge Larrañaga de Alianza Nacional y Carlos Julio Pereyra del Movimiento Nacional de Rocha) le suponía no sólo una mayor holgura en la mayoría, sino alcanzar los 18 votos necesarios para proceder a la designación de directores de entes autónomos y servicios descentralizados. Ahora, la suma de bancas del Partido Colorado y el herrerismo arroja la cifra de 15, una menos de la mayoría absoluta. Se requiere imperativamente un voto no herrerista, provenga de Larrañaga, Pereyra o del neoautónomo Gallinal. En la Cámara de Representantes el Partido Colorado (33 diputados) y el herrerismo (16 diputados) se sitúan en uno menos de la mayoría absoluta. Para conformar ésta el gobierno requiere el apoyo de al menos uno de los seis diputados restantes del nacionalismo: tres de Alianza Nacional, uno de la flamante Federación Nacional liderada por Arturo Heber, uno de Desafío Nacional y uno seguidor de Gallinal. Tampoco es un problema inmediato, no solamente porque el diputado Argencio sigue los pasos de Gallinal, sino porque el diputado de Desafío Nacional está comprometido con el gobierno al menos hasta tanto Alvaro Alonso ocupe la cartera de Trabajo.

Hasta ahora pues el presidente Batlle requería de dos cosas para sostener las mayorías parlamentarias: que no se resquebrajase el Partido Colorado (es decir, una relación aceptable con su antecesor Julio María Sanguinetti) y el apoyo del Herrerismo (traducido en acuerdos con el ex presidente Luis Alberto Lacalle y por las dudas con el primer senador Luis Alberto Heber). Lograda esta mayoría, la negociación con el resto del Partido Nacional quedaba facilitada por la no imprescindibilidad de los votos restantes, tanto en la rama alta como en la baja. Ahora es diferente, logrado el acuerdo con el Herrerismo, en la rama baja la mayoría surge por sí sola ante el compromiso ministerial de Desafío Nacional. Pero en la rama alta es otro el poder que adquieren los no herreristas, porque el voto de al menos uno de los tres pasa a ser imprescindible para la aprobación de las leyes. Cambia entonces el eje de las negociaciones; aumenta sustancialmente el poder de negociación de las minorías nacionalistas e inclusive obliga a pensar dos veces la posibilidad de un recambio en el Ministerio de Trabajo. Por supuesto que todo este estado de situación es válido mientras el Herrerismo se mantenga unido, con dificultades y cuestionamientos internos, pero funcionando como un solo sector; si el Herrerismo se resquebraja es otro cantar, ya que cambian radicalmente todas las reglas y escenarios de negociación política.

De los 15 meses de gestión del presidente Batlle, 14 de ellos se desarrollaron con una fuerte impronta personal y un bajo nivel de negociación. La coalición de gobierno ha sido fluida en la aprobación de normas sustantivas (como las dos leyes de urgencia y las actuales medidas de emergencia) pero muy accidentada, plena de desprolijidades y fuerte impericia negociadora en la instancia presupuestal. Las relaciones entre el presidente de la República y el presidente del Partido Nacional han sido de intensidad más bien baja. Tras la embestida de la aftosa la situación cambió: el presidente perdió iniciativa y hasta se le notó dubitativo y confuso, mientras el Partido Nacional arremetió con bríos, salió a ocupar espacios, impuso primero los elementos centrales de las medidas de emergencia y luego las medidas tendentes a reactivar la industria de la construcción.

A esa ocupación de espacios en el escenario gubernativo y a esa toma de iniciativa en la formulación de políticas, el Partido Nacional añade otras dos señales de fortalecimiento: una de operativa política, al dar todos los pasos con unidad y la otra señal de carácter estratégico, el reposicionamiento como partido del interior y, consecuentemente, partido defensor de los intereses del agro. Pero a la par, da señales en sentido opuesto, de debilitamiento partidario y consecuentemente de complejización de las negociaciones gubernativas: la estructuración interna se torna delicuescente. Conviene ver algunas de estas señales:

Una. En el Herrerismo se produce la primera escisión que, aunque no resulte sorpresiva, finalmente ocurre. Y el sector continúa en una tensión interna, agravada por la renuncia de Luis Alberto Heber a la dirección del semanario Patria.

Dos. El no herrerismo acentúa la dispersión y la competencia entre sectores del mismo. Para contar a los que cuentan con representación parlamentaria, gubernativa, administrativa o de conducción partidaria, están Alianza Nacional (Larrañaga), Federación Nacional (Arturo Heber), Desafío Nacional (Ramírez), Movimiento Nacional de Rocha (Pereyra), Manos a la Obra (Volonté), Propuesta Nacional (Ramos), y a este segmento disperso y competitivo ahora se suma Gallinal. Sin contar a varios intendentes sin alineamiento definido.

Tres. La lucha interna del Herrerismo puede conducir a que los sectores cuestionadores de la conducción de Lacalle pretendan trasladar el centro de decisión política del Directorio a la Agrupación Parlamentaria, donde no está presente Lacalle y donde creen contar con más fuerzas. Si bien no hay hechos en tal sentido, han aparecido en la semana precedente algunas señales casi imperceptibles.

De lo que se analiza en este artículo es de la negociación política para la construcción de una mayoría de gobierno. Otra cosa es la negociación conducente a mayorías de Estado, ya fuere para acordar la transformación de las empresas estatales, de los entes autónomos y de los servicios descentralizados, ya para proceder a las harto demoradas renovaciones de la Corte Electoral y del Tribunal de Cuentas. Pero estas negociaciones de Estado constituyen otro tema y operan en otros escenarios y por otras reglas.

Publicado en diario El Observador
mayo 27  - 2001