Desafíos desde Argentina
Oscar A. Bottinelli
 

Una vez más Uruguay se sacude por la onda expansiva que viene de Buenos Aires, pero además de algún tartamudeo del dólar, trae también ciertos temas de reflexión y debate para la propia realidad uruguaya.

En primer lugar hay una pregunta que formulan muchos uruguayos, seguramente buena parte de ellos perpetuos descreídos de las reformas estructurales, pero algunos otros integrantes de ese pequeño y decisivo segmento de los indecisos, de los desideologizados, de las personas del centro, de los que tienen en sus 

manos el poder de volcar la balanza en un momento decisivo. La pregunta es a partir de la idea de que Argentina hizo todos los deberes: abrió la economía, destruyó la máquina de imprimir billetes con la ley de convertibilidad, privatizó buena parte de las empresas estatales, entre ellas las equivalentes de las uruguayas ANTEL, UTE y ANCAP, y al cabo de 11 años le queda una bala en el tambor, o quizás algún perdigón. Entonces la interrogante es: ¿qué hizo mal Argentina?, ¿por qué está donde está?, ¿no se hicieron las reformas a fondo?, ¿quedaron temas cruciales pendientes que invalidarán todo lo hecho?, ¿fue tal el nivel de corrupción como para desvalijar un país?, ¿o directamente fracasó el modelo? Así surge un primer debate.

En segundo lugar mucha gente se vio sorprendida por el hecho de que Domingo Cavallo, el arquitecto de la reforma estructural en Argentina, haya tomado medidas proteccionistas, como el aumento de los aranceles de importación, y medidas fiscales como la imposición a los activos financieros e instrumentos bancarios. Sugerencias en el mismo sentido formuladas aquí durante la campaña electoral significaron para sus impulsores recibir las más feroces críticas. Sus autores fueron considerados personas fuera del mundo, ancladas en el pasado, desconocedoras de a dónde marchan las naciones modernas. Entonces, ¿qué ocurre? ¿Cavallo se ha desactualizado? ¿La heterodoxia del ministro argentino no es tan grande como aparenta?

Estas dos categorías de preguntas constituyen un desafío para quienes creen firmemente en el camino de las reformas estructurales, la apertura de la economía, el achicamiento del Estado y la dinamización del mercado. Hoy no basta dar por sentado que hay un camino obvio por delante, moderno y modernizador, y enfrente una oposición anticuada. Se requieren explicaciones claras sobre las debilidades argentinas.

Por otro lado, Uruguay aparece estable en las calificaciones internacionales, como Moodys y Standard & Poors, y de allí surgen elogios por la obsesión gubernamental en el equilibrio fiscal y en el cumplimiento de los compromisos internacionales, así como una política seguida por largo tiempo que permite capear temporales. Entonces, ¿cuáles son las medidas correctas de Uruguay e incorrectas de Argentina? ¿Dónde se juntan y se diferencian los caminos?

Un cuarto tema es exclusivamente político. La segunda administración Menem termina en medio de una fuerte desocupación, una frustración dominante en la sociedad argentina y una gran debilidad y división del partido gobernante. Como respuesta a las insatisfacciones se alza una propuesta política nueva que concita un gran apoyo electoral, producto de una alianza de dos fuerzas políticas diferenciadas, con raíces diferentes, pero lo más importante es que logró despertar en esa mayoría la esperanza de un formidable cambio, inmediato y de 180 grados. No estuvo sólo lo que se dijo, lo que las imágenes y música de la publicidad llevó a los espíritus, sino la fe y esperanza que la gente necesitó depositar en el voto. Así la Alianza llegó con holgura al gobierno.

Hace tan sólo quince meses que se produjo la primera rotación de partidos en el gobierno habida en forma constitucional, en tiempo y forma, de los últimos 71 años. Y en estos pocos meses después de ese cambio histórico no hay giro de 180 grados, tampoco hay soluciones mágicas, y la cosa termina con el llamado al gobierno y el otorgamiento de poderes extraordinarios al arquitecto del denostado período menemista. Las tercas realidades de la política y la economía se imponen sobre los voluntarismos. Resulta entonces que en períodos difíciles para una fuerza política de oposición no resulta arduo concitar formidables adhesiones y despertar grandes esperanzas; el problema mayor no es llegar al gobierno sino ejercer ese gobierno, conjugar los límites de la realidad con las esperanzas despertadas. Este es un problema estratégico que hace a la consolidación de la democracia, a la credibilidad en el sistema democrático de gobierno, en la confiabilidad del mismo. Hay muchas formas de erosionarlo, pero una de ellas es cuando se genera una distancia demasiado grande, intransitable, entre las expectativas generadas en la gente y lo posible en el gobierno.

El quinto asunto no necesitó demasiado de esta crisis para ser debatido, pero los sucesos argentinos agregan un nada despreciable ingrediente a su discusión: el Mercosur, la inserción internacional de Uruguay. Puede ser un momento pasajero, como el euroescepticismo de los años ochenta, o puede ser el deshilachamiento de una ilusión; como sea, el Mercosur no es aquel objetivo al que esta parte del mundo caminaba, en la construcción del cuarto bloque político y económico del mundo. Además codiciado por unos y por otros. No es un detalle menor repetir hasta el cansancio que nadie inscribe los tratados comerciales en la tapa de los pasaportes. La impresión del nombre "Mercosur" en los pasaportes de los cuatros países, en emulación de las expresiones "Comunidad Europea" o "Unión Europea", significó asumir la simbología de un proyecto político. Entre una unión política y una zona de libre comercio (que además no funciona), son los dos extremos de un proyecto de integración. Mercosur, ALCA, Nafta, asociación (de quién y cómo) con la Unión Europea es un abanico de caminos que puede ser desde un abanico de oportunidades a un abanico de perplejidades.

Esta lista no pretende ser exhaustiva. Para empezar hay ángulos de análisis que no son para politólogos sino para economistas o para sociólogos, pero también quedan en el papel temas estrictos de análisis políticos como el papel de los técnicos en la política, de los diagnósticos y proyectos concebidos en el plano académico y su traducción en medidas de gobierno, el de la necesidad de fuertes apoyos políticos y sociales para la instrumentación de políticas económicas. Lo que parece importante es que en este país alguna gente haga un alto en el camino y reflexione y debata sobre las lecciones que nos golpean desde la vereda de enfrente.

Publicado en diario El Observador
marzo 25  - 2001