El Frente y los sindicatos
Oscar A. Bottinelli
 

A estar al panorama que emerge hoy de la investigación a la opinión pública, el Encuentro Progresista-Frente Amplio cuenta con la mitad de las probabilidades de alcanzar el gobierno, es decir, de llevar a Tabaré Vázquez a la Presidencia de la República. Como resulta obvio, son equivalentes las probabilidades de que no llegue ni al gobierno ni al Edificio Libertad, pero vale la pena analizar la primera de las hipótesis a la luz de dos hechos ocurridos en los días pasados. Uno tiene que ver con el conflicto entre el frenteamplismo como gobierno y el 

frenteamplismo como conducción sindical, expresado en el enfrentamiento entre la Intendencia de Montevideo y su sindicato de funcionarios (Adeom). El otro es el tema de quién decide el cuándo y cómo de una estrategia política: como ocurrió en años anteriores y recientemente con el prerreferéndum del 18 de febrero, desde el movimiento sindical se toma la decisión de impulsar la puesta en marcha del mecanismo referendario y a posteriori, a veces más temprano, otras más tarde, adhiere el Frente Amplio o el Encuentro Progresista, o ambos. Los dos hechos tienen que ver con un tema profundo: la relación entre un gobierno de izquierda y el movimiento sindical, entre un gobierno que pretende representar los intereses de los sectores más carenciados de la población y en particular el de los trabajadores asalariados, y el de la organización corporativa cuya razón de existencia es la representación de este último segmento. Es que en estos años por venir el EP-FA debe centrar sus esfuerzos en dos direcciones: la conquista de más voluntades para superar esa mayoría absoluta y alcanzar el gobierno, y a la vez el prepararse para el ejercicio del gobierno. Prepararse para gobernar no es sólo nombrar comisiones de programa y redactar profusos documentos, que muchas veces terminan siendo manifestaciones de deseos; es trazar toda una estrategia de gobierno, que supone definiciones en cuanto al rumbo político, económico y social, evaluación de los riesgos y obstáculos previsibles y definir la forma y el fondo de superar esos obstáculos y afrontar esos riesgos.

Estos once años de experiencia frenteamplista en la administración del municipio de Montevideo son muy importantes, y marcan que las dificultades son muchas más de las previstas y las frustraciones múltiples. No es ocioso advertir que las expectativas de la población en relación a una administración comunal son infinitamente pequeñas en comparación a las expectativas y demandas sobre un gobierno nacional, y que los problemas a resolver por una comuna son de escasa entidad al lado de los que esperan a un gobierno nacional.

En el caso particular de la Intendencia de Montevideo, el Frente partió de la premisa de que la buena relación sindical, y el apoyo del funcionariado, se logran con tres posturas básicas: fuerte incremento de las remuneraciones, carreras funcionales transparentes y despartidizadas y en general una gestión sin improntas clientelísticas. Las remuneraciones por hora de los funcionarios aumentaron más del doble, las carreras administrativas, al menos en el plano formal, dejan poco campo a la discrecionalidad y la opinión pública capitalina tiene una percepción sobre poca o ninguna impronta clientelística en la gestión. En términos de lógica, la premisa resultó falsa.

Pero además emergen con claridad otros tres elementos:

Uno. A partir de la implosión del viejo Partido Comunista no hay coincidencia entre las fuerzas que sustentan la conducción política de la izquierda y las que dominan la conducción sindical, ya fuere en el conjunto como en un gremio en particular. Ello es muy acentuado en el caso municipal, donde puede señalarse una estructura de poder en el EP-FA, otra diferente en la Intendencia y una tercera en Adeom. Esto lleva a que, a veces independientemente de las demandas de la población y los funcionarios, los enfrentamientos administración-sindicatos sean un camino diferente de plantear la confrontación interna y, en algún caso, de compensar por vía sindical la debilidad de peso en el plano político.

Dos. La existencia de una cultura de apoyo inmediato y automático a toda reivindicación social plantea cierta incomodidad toda vez que hay que enfrentar posturas provenientes ya no sólo del campo sindical, sino de otras formas del campo social o vecinal. El decir que "no" deja cierto regusto a actitud reaccionaria. Y el que no siente ese regusto, al menos puede tener el temor a un futuro cobro de cuentas.

Tres. Tiene mucha fuerza en la cultura de izquierda la idea de que una política global se puede construir a partir de la sumatoria de las demandas particulares. En otras palabras, que la aceptación de todas las demandas sectoriales son compatibles entre sí y dan como resultado una política general.

Tampoco hay que creer que este tema es nuevo, propio del posmodernismo o del cambio habido en la conducción sindical o frenteamplista. Conviene salpicar algunos ejemplos:

Uno. A pocos días de producida la interrupción institucional del 27 de junio de 1973, el Frente Amplio designó un reducido comando político. Allí el general Líber Seregni planteó a sus pares (Hugo Batalla, José Pedro Cardoso, Enrique Rodríguez): el enfrentamiento a un golpe de Estado es un acto político, requiere una conducción única y esa conducción debe ser política: ésta. No fue una tesis teórica, sino un enfrentamiento a la tesis que definía la resistencia como una decisión sindical bajo conducción sindical.

Dos. Cuando en 1984 el Frente Amplio define su programa de gobierno municipal se encuentra con un problema con el boleto: existía un régimen de precios diferenciales por distancias y se detectaba una fuerte oposición de la población a ello. El FA debió eliminar de su programa el boleto único (que sí lo sostuvieron blancos y colorados) ante la oposición de los cooperativistas y sindicalistas del transporte.

Tres. Cuando en el verano de 1985 debe definir su presencia en los entes autónomos y descentralizados, un importante sector político plantea en el Plenario Nacional que la selección de los nombres fuese hecha por los sindicatos de cada organismo (Aebu, Federación Ancap, Sutel, etcétera), finalmente el FA designó sus propios candidatos.

Cuatro. En el mismo tiempo se procesa la creación del Consejo Directivo Central de ANEP. Según el acuerdo entre los cuatro partidos, al Frente Amplio correspondía un miembro en el Codicen y uno en cada uno de los tres consejos de rama. Por resolución del Plenario Nacional, la selección de los nombres pasó a los gremios de la Enseñanza.

Cinco. Al año siguiente debió destinarse una reunión especial de la cúpula frenteamplista para definir el tema de la divisoria de aguas, ante la reiteración de hechos que pretendían llevar al FA al automático apoyo a todo planteo y movilización surgida del campo sindical.

La diferencia es que en aquel momento la izquierda estaba lejos de alcanzar el gobierno y ejercer la adminstración, a lo sumo generaba inconvenientes en la política de concertación y cohabitación en el sistema político. Hoy es un desafío a la posibilidad de gobernar.

Publicado en diario El Observador
marzo 18  - 2001