El desafío de ANCAP
Oscar A. Bottinelli
 

Pudo ser una jornada protocolar e insípida, con la importancia del logro personal para el que entra y la posibilidad del inminente vacío para el que se va. Pero el cambio de presidente de ANCAP el miércoles pasado se transformó en un hito del debate político e ideológico que Uruguay enfrentará a lo largo del 2001. Lo significativo es que el presidente entrante Jorge Sanguinetti como el saliente Eduardo Ache son hombres adeptos de la filosofía económica liberal; no es un debate pues entre socialdemócratas y liberales, sino entre dos formas de concebir la aplicación las ideas, de llevar adelante políticas.

Eduardo Ache impulsó desde la presidencia del ente petrolero, en concordancia con la orientación del presidente de la República Julio María Sanguinetti, una política basada en la ampliación de la refinería y el desarrollo de una estructura comercial en Argentina para la venta del excedente de combustible refinado. En pocas palabras, con el riesgo de la imprecisión que significa simplificar, la estrategia de Ache se resume en lo siguiente: La actual refinería de ANCAP necesita modernizarse y trabaja a una escala ineficiente; la forma de mejorar la eficiencia es ampliar la refinería a efectos que produzca el volumen suficiente para transformar en rentable la operación; ese volumen ideal excede las necesidades de consumo del Uruguay; hay pues que encarar una estrategia de colocación del excedente en el exterior en condiciones seguras; para ello ANCAP organiza un negocio en Argentina (o más bien lo compra) que termina con la colocación segura del combustible en las propias bocas de expendio. Por supuesto, este proyecto supone una importante inversión para ANCAP, lo cual quiere decir para el Uruguay, o para el Estado uruguayo, o para la sociedad uruguaya.

Jorge Sanguinetti duda de la factibilidad del proyecto; considera que los números estudiados tiempo atrás pueden no necesariamente estar vigentes. Parte de la consideración que el costo de los combustibles en Uruguay sin contar los impuestos, el costo ex refinería, es superior al precio en que el país puede adquirir el combustible ya refinado. Su postura en gruesos trazos es: dudas en la factibilidad del proyecto de ampliación de la refinería y operación de una red comercial en Argentina; dudas sobre la conveniencia de realizar una inversión del volumen que requiere la ampliación de la refinería; dudas sobre la conveniencia de refinar combustibles. La frase paradigmática que pronunció es: "Lo que es bueno para el país, no tiene por que ser bueno para ANCAP" (palabras más, palabras menos), para luego sentenciar: "ANCAP no es un fin en sí mismo".

Hay quizás un tercer personaje ausente, el que represente una visión estatista, que sostenga que ANCAP debe refinar combustible y proveer en forma exclusiva y monopólica la plaza, con independencia del costo. Si como se sostiene el costo de producción es superior al de importación, esa diferencia debe considerarse como un costo de soberanía: el disponer libremente del combustible sin riesgo a ningún estrangulamiento de los vecinos, sea por razones económicas o por motivos políticos. Y para quien estime que el valor soberanía no es aplicable al caso, puede en cambio sostenerse el valor de la mano de obra generada. En otras palabras, el costo de producir en el país tiene como base generar mano de obra nacional; sería una especie de subsidio al trabajo nacional contra el extranjero.

Más o menos así quedan delineadas tres posturas para el debate. La postura de Jorge Sanguinetti cuenta inicialmente con buena receptividad en inversores extranjeros y en un número apreciable de agentes económicos nacionales, que están a la espera de señales claras de este gobierno en pro de una acentuación de la reforma del Estado, de la apertura de la economía y del encare de reformas de segunda generación. El discurso del flamante presidente de ANCAP es sin duda una señal esperada en esos ámbitos. Pero por otro lado la postura del presidente saliente sintoniza con la mayoría de la opinión pública. No hay datos suficientes sobre el tema concreto, pero sí en relación a la concepción dominante en la sociedad sobre el papel del Estado y de las empresas públicas. Se puede decir en pocas palabras que la opinión prevaleciente en la sociedad es: defensa de la propiedad estatal de las actuales empresas públicas; exigencia de que estas empresas sean eficientes; conformidad con que las mismas desarrollen en el exterior emprendimientos privados y asociaciones con capitales extranjeros; orgullo por el éxito de estas empresas en el exterior. La línea seguida por ANCAP hasta ahora se encuentra en la frecuencia de onda de la gran mayoría de la opinión pública. Esto de por sí implica un desafío muy fuerte para Jorge Sanguinetti: en primer término la necesidad de definir con precisión la línea a seguir (porque en el discurso de asunción se limitó al planteó dudas y la necesidad de un reexamen, no aventuró con claridad el cambio de política); y en segundo lugar el desarrollo de una fuerte acción comunicacional, de convencimiento de la sociedad, si se quiere una labor docente y proselitista en cuanto a las ideas y proyectos que vaya a impulsar. Sin duda uno de los desafíos a los que los hombres de la 15 están acostumbrados es a pensar una cosa, encontrar a la sociedad en la línea opuesta y arremeter la ardua tarea de la reconversión ideológica.

La designación de los directores de los entes autónomos sigue un procedimiento parecido al empleado en los Estados Unidos para el nombramiento del gabinete y cargos elevados de la administración: designación por el Ejecutivo previa anuencia del Senado. Lo diferente no es el camino formal sino la práctica: el senado norteamericano acostumbra evaluar los candidatos, interrogarlos y discutir las políticas que a seguir; en Uruguay es un mero trámite en que las mayorías existen automáticamente en función de acuerdos políticos previos, no se discute lo que cada uno piensa hacer en cada lado. Por eso este debate no se dio previamente en el Senado. Curiosamente el Directorio de ANCAP es el único en que se concedió una venia parcial (sólo al presidente); y en la discrepancia que impidió alcanzarse los dieciocho votos necesarios que se sepa no estuvo presente ni la refinería ni la operación Sol Petróleo en Argentina, sino más bien algunos problemas político departamentales hacia el este del país.

Porque ahora viene la gran interrogante ¿a cuál línea se afilian los cuatro miembros cuya designación quedó en suspendo: dos de ellos del Foro Batllista, uno del herrerismo y otro del resto del Partido Nacional? ¿Cuál es el respaldo con el que va a contar Jorge Sanguinetti en ese Directorio? Pero además es relevante que la discusión de ANCAP es paradigmática, porque en definitiva detalles más detalles menos, tiene que ver con todo el debate pendiente sobre las empresas estatales.

Publicado en diario El Observador
diciembre 24  - 2000