Un problema uruguayo
Oscar A. Bottinelli
 

En este país debemos empezar a acostumbrarnos a que lo que ocurre en Argentina y Brasil, y dentro de poco también en Chile, no son asuntos internacionales, o del mundo, sino temas de nuestro entorno, que nos afectan directamente, quizás tanto como mucho de lo ocurre fronteras para adentro. Aunque el mundo interrelacionado implica que lo que sucede en un punto repercute en otro, o en el resto, las intensidades son tan diferente que implican categorías distintas. Para España e Italia lo que ocurre en Japón es un hecho internacional, por más relevante que fuere, mientras que lo que sucede en Francia o en Alemania no es un acontecimiento internacional, sino del espacio político en que España e Italia se mueven. Consecuentemente, los recientes sucesos internacionales argentinos son un problema uruguayo, que hay que seguir detenidamente porque a la corta o a la larga nos afecta.

Los acontecimientos pueden resumirse en los siguientes:

Uno. Se denuncia y es creído por una porción extraordinaria de la población que el ministro de Trabajo sobornó a senadores para que aprobasen un proyecto de ley (la reforma laboral)

Dos. También se denuncia con igual grado de credibilidad para la población que los recursos para los sobornos provinieron de fondos reservados del Estado, concretamente del Servicio de Informaciones del Estado (SIDE), el todopoderoso servicio central de inteligencia dependiente directamente del presidente de la República

Tres. El vicepresidente de la República exige la renuncia de todos los senadores

Cuatro. El presidente de la Rúa modifica su gabinete sin consulta a sus aliados del Frepaso y a buena parte de la Unión Cívica Radical, mantiene a los cuestionados titulares de Trabajo y de la SIDE y aprovecha para cobrar alguna cuenta en la interna del radicalismo y se saca de encima a su competidor Rodolfo Terragno, jefe de Gabinete, esa rara y reciente figura institucional argentina que supone una especie de petit-premier.

Cinco. El vicepresidente Alvarez renuncia su cargo electivo mientras el presidente de la Rúa busca un fulminante acercamiento con el menemismo.

Seis. El presidente y el ex-presidente inician un acercamiento que revitalice y reformule la alianza de gobierno.

Todo analista supuso que la coalición UCR-Frepaso nació sentada sobre un polvorín, a partir de las fuertes diferencias ideológicas y de cosmovisión de ambas fuerzas, ninguna de las cuales es a su vez monolítica. Ni hablar si se mira el gabinete y se ve sentados allí al economista liberal a outrance López Murphy y a la contestataria también a outrance Fernández Meijide. También nació con una fuerza que, bien empleada, tendía a la consolidación: la credibilidad generada en un pueblo cansado de la corrupción, de la "pizza con champán" y acuciado por efectos de las reformas que dejaba fuera del progreso macroeconómico a un significativo sector de la población, traducido en una alta tasa de desocupación más otra significativa tasa de subocupación u ocupación disfrazada y en particular en la marginación de la periferia del país. Esa credibilidad ciudadana y esas diferencias ideológicas suponen la necesidad de un manejo político florentino. Ni el presidente ni el vice demostraron conocer el arte de la filigrana y a ambos se aplica por igual la popular figura del elefante en un bazar.

Otro elemento significativo es cómo las dirigencias políticas, todas, sufren de una pérdida de percepción. Casi todos los pasos están dados en función de cálculos electorales para unos y cálculos de poder para otros, en momentos en que Argentina padece una grave crisis económica pero también una quizás más importante crisis de confianza internacional y el sistema de poder argentino sufre una crisis de confianza en la población, que oscila fuertemente entre la más ingenua credulidad y la desconfianza hacia todo. No debe olvidarse que este pueblo todavía está en proceso de internalizar los valores de la cultura democrático liberal: apenas tres lustros han transcurrido de práctica de la democracia liberal, y a los tumbos. Basta recordar que la trasmisión del mando de Menem a de la Rúa es la primera en toda la historia del país que se produce en tiempo y forma entre dos personas de distinto partido surgidas ambas de elecciones plenamente competitivas. La trasmisión de Alfonsín a Menem pudo haberlo sido, pero no lo fue en esa mezcla de derrocamiento y abandono del mando que llevó a aquél a dejar la Casa Rosada varios meses antes.

Con los hechos generados a diez meses de asumir el cargo, Fernando de la Rúa ve debilitado su poder y alicaída su imagen. No llegó al año. Lo que es relevante es observar que se trata de un fenómeno nada extraño a los presidentes radicales. Los últimos tres presidentes constitucionales elegidos por la Unión Cívica Radical exhibieron un fuerte debilitamiento apenas iniciada la gestión o no más allá de la mitad del periodo: Raúl Alfonsín (debilitado a los dos años por el alzamiento carapintada, entregó el poder en medio de estallidos sociales varios meses antes), Arturo Illia (exhibió un fuerte debilitamiento al año de gestión y fue derrocado por un golpe militar al tercer año) e Hipólito Yrigoyen (en su segunda presidencia se debilitó a los pocos meses y fue derrocado a los dos años). Pese a la diferencia de épocas, momentos políticos, adversarios y al mayor paso de los valores democrático-liberales, Fernando de la Rúa no escapa a lo que parece ser una regla de los mandatarios del radicalismo

También la crisis revela las debilidades de las instituciones argentinas. Se afirma que la diferencia entre los regímenes consolidados y los no consolidados, es que en los primeros los hombres se adaptan a las instituciones, a los esquemas pre-existentes, y en los segundos las instituciones, las organizaciones y los esquemas se adaptan a los hombres. Si se observa con detenimiento, cada presidente en cada una de sus etapas modifica el rol del gabinete: la cantidad de ministros y secretarías de Estado, el rol y atribuciones de las carteras, la existencia o no de figuras como el actual jefe de Gabinete,  y hasta la división en carteras con tres niveles (Ministerio, Secretarías, Subsecretarías con roles específicos) y en sólo dos niveles (Ministerio, Subsecretarías con roles específicos). Esta plasticidad con que se viven instituciones y cargos se observa en relación al despacho de vicepresidente de la Nación. En tres oportunidades en las últimas cinco presidencias más o menos constitucionales renuncia el vicepresidente de la República (Alejandro Gómez con Frondizi por discrepancias políticas, Eduardo Duhalde en la primera de Menem para postularse a la gobernación de Buenos Aires y ahora Carlos "Chacho Alvarez"). Todos ellos se alejaron del cargo en los dos primeros años. El caso de Duhalde (seguido por Ruckauf, cuyo destino después de ser vicepresidente es ser gobernador de la primera provincia argentina) marca la prevalencia de la Gobernación bonaerense por encima de la vicepresidencia de la Nación; se abandona ésta para aspirar a aquélla.

Todos estos hechos marcan la fragilidad del sistema político argentino, de sus instituciones y también la debilidad de sus actores políticos y en cierto modo la cortedad con que ven el panorama. Es una visión bastante preocupante para Uruguay, a quien lo que ocurra en Argentina le va a impactar y mucho.

Publicado en diario El Observador
octubre 22  - 2000