Integración y geopolítica
Oscar A. Bottinelli

  Hace cuarenta años se firmó el primer Tratado de Montevideo con el ambicioso proyecto de crear una Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, es decir, un área comercial única del Río Bravo a Tierra del Fuego. La zona de libre comercio no se creó nunca, ni tampoco la asociación abarcó a toda Latinoaméricala, sino a la Sudámerica iberoparlante más México. Como sustituto de la gran zona se forjaron millares de acuerdos de comercio bilaterales, trilaterales y demás. Y lo más tangible, se dio inicio a la creación de la zona de las embajadas en el sur de Montevideo.

Veinte años después, sin zona de libre comercio a la vista, se dio un paso importante en el progreso manuscrito: ALALC fue sustituida por la Asociación Latinoamericana de Integración, que como efecto tangible del avance integrador, construyó un edificio anexo a la vieja casona del Barrio Sur. Al cabo de otros veinte años, y cuarenta desde el principio, tampoco hubo integración ni menos zona de libre comercio.

Hace diez años, treinta desde el primer Tratado de Montevideo, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay impulsaron un proyecto geográficamente más reducido y políticamente más ambicioso: el Mercado Común del Sur, al cual se viene asociando Chile. El eje político se desplazó un quilómetro por la Rambla hacia el Este. Como quien dice, el trayecto costero que va de la integración latinoamericana al Mercosur es observado a mitad de camino por los Estados Unidos.

Hace cinco años el Mercosur como tal inició a su vez negociaciones para formar una macro zona de libre comercio con la Unión Europea, anunciada con bombos y platillos como la creación de la primera zona mundial, negociaciones que avanzan a paso de tortuga (algunos dicen que más bien a paso de cangrejo). Y a poco de caminar, los países del Mercosur de a uno y todos juntos firmaron con el resto del continente, Estados Unidos incluido, la intención de crear la Asociación de Libre Comercio de las Américas. Propósito a propósito, la diferencia entre ALALC y ALCA, además de la trasposición y acortamiento de la sigla, significa incluir a los países americanos angloparlantes a la zona de libre comercio o a la integración latinoamericana. Se supone que cuarenta años después de forjar una zona de libre comercio de toda América Latina (que es lo que se propuso ALALC), la creación del ALCA implicaba tan solo correr la frontera norte desde el Río Bravo hacia Alaska; algo así como hizo la vieja Comunidad Económica Europea con la mayoría de los países de la frustrada Asociación Europea de Libre Comercio (paso que geográficamente fue una expansión desde el centro hacia la periferia de la Europa Occidental).

En relación al ALCA los países del Mercosur han oscilado en tres posiciones: el ingreso al ALCA del Mercosur como conjunto; el ingreso al ALCA de los países del Mercosur como entidades individuales (lo que implica la dilución del Mercosur); o la búsqueda de entendimiento directo con el Nafta (ergo: ni Mercosur ni ALCA). Por su pate los demás socios de ALALC-ALADI formaron, en proceso paralelo y anterior al Mercosur, el Pacto Andino.

Como todo esto parece sencillo y lineal, Brasil dio otro paso: lanzó la iniciativa (refrendada por los jefes de Estado y de gobierno de los países involucrados) de crear lo que algunos llaman el Amercosur: una zona de libre comercio de toda Sudamérica, algo así como la ALALC-ALADI con Guyana y Surinam, sin México, o de otra manera, unir el Mercosur con el Pacto Andino y agregarle las dos guayanas independientes, históricamente volcadas al Caribe y no a Sudamérica (hasta en el fútbol).

Lo que no se destacó en esta crónica de acontecimientos de cuatro décadas es un hecho nada menor: la palabra Mercosur fue incluida en la tapa de los pasaportes, documento que se asocia con la nacionalidad (para evitar confusiones: el pasaporte es a la nacionalidad lo que la libreta de votación o credencial es a la ciudadanía). Y este hecho no es nada menor, pues nadie inscribe en los pasaportes todos los tratados o asociaciones comerciales del país. La palabra Mercosur en los pasaportes fue inscripta con la misma intención conque las expresiones "Comunidad Económica Europea" primero  y luego "Unión Europea" aparecen en los pasaportes del viejo continente. Es decir, el Mercosur superó en ambición a todos los proyectos, superó no sólo la idea de zona de libre comercio, sino también de unión aduanera y hasta de unión económica. La simbología del pasaporte refiere a un proyecto político. Tan político como las ideas lanzadas quizás prematuramente de moneda única. Porque si hay moneda única es que hay convergencia macroeconómica y proyecto político.

Este peculiar año de fin de siglo y fin de milenio parece ser también el del fin de las ilusiones, el del duro y frío realismo que aterriza las floridas ensoñaciones diplomáticas. Aunque hay alrededor de cuatrocientos ámbitos de discusión en la entidad, el Mercosur no sólo está lejos del proyecto político sino que anda a los tropezones en lo más elemental, que es el libre comercio entre los socios: por ahí andan parados una vez en una frontera y otros en la otra, camiones con arroz o con bicicletas. Porque el únco comercio veraderamente libre entre los socios es el florido y creciente contrabando. Y quizás lo más fluido de todo el Mercosur sea la Copa homónima que se disputa en estos momentos.

 Ocurre que las idas y vueltas no son zonceras de imberbes, sino claros y fríos juegos de fuerza geopolíticos. El Amercosur tiene mucho de proyecto brasilcéntrico, para lo cual es indispensable la exclusión de México (y de allí la nada menor diferencia con ALALC-ALADI). Y por el momento también es un escenario más favorable para la hegemonía brasilera que un Mercosur transformado en un centro de disputas bilaterales con Argentina, especialmente en un momento de fuerte repliegue internacional de ésta. Y el ALCA es por supuesto la apuesta norteamericana a consolidar lo que ha sido su tradicional área de influencia.

Tiempo atrás estuvo la duda si los Estados Unidos iban camino de hegemonizar un bloque político-económico de todas las Américas, o si la Unión Europea iba a lograr que la frontera de los dos bloques en disputa coincidiera más o menos con la del Mercosur. Hace apenas dos años que Jacques Chirac aseguraba a intendentes y alcaldes mercosurianos que Europa no iba a renunciar a la disputa con Estados Unidos de su influencia en el sur de las Américas. Pero de las palabras a los hechos la Unión Europea poco y nada ha avanzado.

Publicado en diario El Observador
setiembre 24  - 2000