Coalición y peso presidencial
Oscar A. Bottinelli

El fin del bipartidismo, la tripartidización del sistema, cambió sustancialmente el juego político. En los años cuarenta, cincuenta y primera mitad de los sesenta, el juego consistió esencialmente en la negociación interna entre las fracciones del partido gobernante, generalmente entre los dos bloques hegemónicos del mismo. Con pocas excepciones: la coalición con el nacionalismo independiente bajo el gobierno de Amézaga (43-47), la necesidad de apoyo de la Unión Cívica, el PDC o la 99, en los gobiernos parlamentariamente minoritarios de Luis Batlle o el segundo colegiado blanco.

Pero tanto en el periodo conflictivo de Pacheco Areco y luego de Bordaberry, como desde la restauración institucional, Uruguay transitó por la consolidación de mayorías parlamentarias más o menos sólidas, bajo distintas formas y denominaciones. Pacheco no sólo gobernó bajo medidas prontas de seguridad, sino que contó casi invariablemente con una sólida mayoría parlamentaria la que le aseguró nada menos que el mantenimiento de esas medidas extraordinarias. Y Bordaberry, en su periodo constitucional, no sólo gobernó también con medidas extraordinarias aún mayores, sino que también contó con una ajustada pero sólida mayoría parlamentaria de casi todo su partido más la minoría del Partido Nacional).

Desde la restauración institucional el acuerdo bipartidario mostró formas diferentes, con nombres distintos, que significaron un crecimiento del compromiso de los partidos acordantes:

Uno, la gobernabilidad en la primera administración Sanguinetti. Supuso un acuerdo marco entre el Partido Colorado y el Partido Nacional, que implicó la presencia en el gabinete de figuras de origen nacionalista pero sin gran peso partidario (Iglesias, Ugarte, Presno). Y en el plano parlamentario significó la negociación puntual de cada ley o paquete de leyes.

Dos, la coincidencia nacional con Lacalle. Se caracterizó por un nivel mayor de compromiso del segundo partido con el primero, en este caso, tras un enroque histórico, del coloradismo con un gobierno blanco (en esencia fue más bien una colaboración de la mayoría del Partido Colorado representada por el pachequismo y la 15, ya que la presencia en el gobierno del Foro Batllista fue breve). La coincidencia se diferenció de la gobernabilidad en dos cosas: un entendimiento legislativo más global y una representación del segundo partido en el gabinete a través de figuras de mayor compromiso partidario (Raúl Lago, Ache).

Tres, la coalición en la segunda administración Sanguinetti. Representó un importante giro en las prácticas uruguayas, al menos de la segunda mitad del siglo, dado que la misma implicó tres pasos de gran importancia: la elaboración de un programa legislativo común, la presencia en el gobierno del segundo partido a través de figuras de alto peso partidario (los tres candidatos vicepresidenciales, un senador) y una cúpula bipersonal de la coalición bipartidaria representada por el eje Sanguinetti-Volonté.

Las tres modalidades de entendimiento tuvieron dos elementos comunes: la Presidencia fue alcanzada por sí solo por el partido triunfante, y el entendimiento con el segundo partido fue a posteriori, con una finalidad gubernativo-legislativa y no electoral. La reforma constitucional más el cambio de comportamiento del electorado aparejaron un cambio significativo: la coalición se formó antes de las elecciones, con la finalidad de ganar la Presidencia de la República y, logrado el objetivo, cogobernar en conjunto. Esa presidencia fue ganada de consuno por el segundo y el tercer partido.

La nueva formulación hizo esperar un modelo más fuerte aún de entendimiento, una coalición más acorde al modelo europeo: un papel igualitario de ambos partidos en el gobierno, no sólo en representación cuantitativa, sino en involucramiento en la toma de decisiones. Sin embargo, el modelo que por ahora se aplica estuvo lejos de dicho pronóstico. La conducción política y económica aparece de manera preponderante por el jefe de Estado, con un régimen bajo de consulta a sus socios. El Partido Nacional está representado en el gabinete con figuras de fuerte peso partidario, pero su involucramiento es desigual: el sector mayoritario participa en áreas de realización (Educación y Cultura, Vivienda, Deportes) que pueden ser exitosas por sí mismas con posibilidades de eludir los costos de los resultados de la política económica; el abanico minoritario, en cambio, aparece con un mayor responsabilidad en el área económica (Industria, Trabajo). Un tema a meditar es cuánto se debe al estilo peculiar del presidente, cuánto a estrategia política del líder nacionalista y cuánto a inercia de una cultura política anterior al nuevo esquema institucional emergente de la reforma del 96.

Publicado en diario El Observador
agosto 06- 2000