Intendencias, cuentas y votos
Oscar A. Bottinelli

De las diecinueve intendencias municipales once aparecen con números en rojo, siete con entradas y salidas equilibradas y una sola con superávit (Paysandú). En todas ellas los propios intendentes, o sucesores suyos, o sus sectores políticos se postularon nuevamente el 14 de mayo. Es interesante establecer una correlación entre los resultados electorales y la situación financiera, correlación elaborada en términos un poco gruesos: si el intendente o su sector mantuvieron o no el control municipal; y si lo perdieron, hacia dónde, hacia dentro o fuera de su propio partido. Y el balance financiero manejado también en forma un tanto gruesa: si más o menos al final del mandato las entradas y salidas están equilibradas o arrojan desequilibrios.

Por supuesto que la reelección o no de un intendente, o el mantenimiento de la administración departamental en las mismas manos políticas, es el producto de un sinnúmero de causas, de diversas percepciones de la población sobre la gestión municipal y los atributos de los candidatos. El manejo de las cuentas públicas es sólo un elemento, no necesariamente el que la población considere el más importante. Con todas estas salvedades, vale la pena ver qué aparece.

De las ocho intendencias con cuentas equilibradas o con superávit, siete fueron administradas por el Partido Nacional y una por el Partido Colorado. En el conjunto de las ocho, en seis triunfó claramente el oficialismo, ya fuere por reelección del intendente o por la elección de un candidato que inequívocamente representó al equipo de gobierno (como el nacionalista Antía en Maldonado). La reelección correspondió a un colorado (Malaquina en Salto) y a cuatro blancos (Lamas en Paysandú, Lapaz en Soriano, Moreira en Colonia y Mazzulo en Flores). Las cuentas equilibradas aparecen pues correlacionadas con el éxito electoral en las tres cuartas partes de los casos.

En las otras dos situaciones en que no triunfó el oficialismo, sí lo hizo el mismo partido, el Nacional. Pero caben distinciones. En San José hay una predominancia blanca desde hace mucho más de un siglo, lo que transformó la elección en una contienda interna; y a partir de allí, el triunfador, Chiruchi, fue nítidamente el más claro opositor a la administración Cerdeña. En Lavalleja, en cambio, Vergara derrotó al titular del cargo (Giorello), pero el Partido Nacional venció al Partido Colorado en una competencia bipartidaria, relativamente equilibrada. No ganó el oficialismo, pero se mantuvo el mismo partido en un juego de lucha abierta con otro.

De las once intendencias con números en rojo, seis fueron administradas por el Partido Colorado, cuatro por el Partido Nacional y una por el Encuentro Progresista-Frente Amplio. Una de ellas, Cerro Largo, sale del análisis, porque es muy difícil establecer dónde queda el oficialismo después de todos los cambios de intendente. De las otras diez, en cuatro ganó el oficialismo: la única intendencia frenteamplista (Arana en Montevideo), dos coloradas (Hackembruch en Canelones y Signorelli en Artigas) y una blanca (da Rosa en Tacuarembó).

Los únicos dos cambios de partido habidos en mayor se produjeron en dos de la intendencias financieramente desequilibradas, ambos del coloradismo hacia el Partido Nacional (Riet Correa en Rocha y Arocena en Florida).

En los otro cuatro casos el sector oficialista pierde a manos de otro sector del mismo partido, como ocurre en Treinta y Tres con Elso (blanco), Rivera con Viera (colorado), Río Negro (Carminatti, colorado) y Durazno (Vidalín, blanco). De estos cuatro casos, en tres significa poco el no cambio de partido, dado que el predomino blanco en Treinta y Tres y en Durazno lleva casi seis décadas, y el predominio colorado en Río Negro es ininterrumpido desde la restauración constitucional. Solamente en Rivera hubo una elección con competencia bipartidaria, y los principales candidatos de ambos partidos se caracterizaron por una prédica opositora.

De esta correlación surgen algunas cosas interesantes: Es mucho más probable la reelección con cuentas equilibradas que con números en rojo, pero el equilibrio o superávit fiscal no a6segura el éxito electoral. El desequilibrio fiscal no supone necesariamente la derrota, y puede darse junto con éxitos votacionales clamorosos como el de Arana en Montevideo. Con desequilibrio en las cuentas hay más probabilidades de perder que de ganar la elección, y se corres el riesgo, si hay una real disputa interpartidaria, que la Intendencia cambie de partido.

Publicado en diario El Observador
julio 30- 2000