Arana: los desafíos para un desafiante
Oscar A. Bottinelli

Mariano Arana inicia su segundo periodo con un amplio conjunto de desafíos de ida y de vuelta. Hacia fuera ha formulado dos tipos de desafíos: la forma y el fondo de la integración del equipo de gobierno municipal y el oblicuo lanzamiento de su nombre para la candidatura presidencial en el 2004.

El nombramiento del gabinete y más ampliamente del equipo de gobierno supuso a su vez la formulación de dos tipos de reto. Por un lado, Arana designó el equipo de gobierno y formuló la reestructura orgánica del mismo, sin consulta ni a Tabaré Vázquez ni a los líderes fraccionales como Gargano, Astori, Mujica, Nin Novoa y Arismendi, y sin consulta tampoco a las autoridades del Encuentro Progresista o del Frente Amplio. Por otro lado, al comparar el resultado de las elecciones municipales capitalinas con la cantidad de cargos de cada fracción política en el elenco, surge una fuerte sub-representación del Espacio 90, Asamblea Uruguay, MPP, Alianza Progresista y 1001, así como una sobre-representación del sector del propio intendente, la Vertiente, sobre-representación acentuada si se mide la calidad de los cargos y si se añaden figuras que aunque independientes, tiene grados de vinculación o con Arana o con lo que se puede denominar el proyecto Arana 2004.

Ambos hechos suponen un desafío al liderazgo global de Vázquez, a los liderazgos sectoriales y a los pesos políticos fraccionales, así como una minusvaloración de las autoridades partidarias. Un clima de malestar con el intendente no se traduce automáticamente en disidencias parlamentarias como ocurre con mayor frecuencia en los lemas tradicionales, pero puede suponer la necesidad de una mayor negociación entre el ejecutivo y los ediles. Pero sobretodo, puede obstaculizar un apoyo automático de la estructura frenteamplista en momentos en que la Intendencia se encuentre en problemas con tirios o con troyanos. Y también puede traducirse en dificultades para convocar a una militancia de base, ya de por sí escasa, en las esferas de la descentralización comunal.

El otro reto surge desde un ángulo lateral: Seregni lanzó al ruego el nombre de Mariano Arana como posible candidato presidencial para el 2004, lo que supone un desafío para lo que se entiende como candidatura natural de Tabaré Vázquez y también un reto para los que consideran que hay un único desafiante natural de Vázquez, que lo es Danilo Astori. Es verdad que la candidatura presidencial de Arana no ha surgido ni de él ni de la Vertiente; más aún, uno y otro lo desmientan. En realidad comienza un interesante juego que puede definirse como la campaña del no candidato. Ello permite a la vez que el nombre esté en la consideración de la gente, pero abre las puertas a todas las opciones, fundamentalmente a dos: el posicionamiento de Mariano Arana como compañero de fórmula de Tabaré Vázquez, o la disputa con éste de la candidatura presidencial, si se llegara a observarse un descaecimiento del actual líder. En otras palabras, o número de dos o pieza de recambio ante una avería.

El problema es que más allá de todos los desmentidos, el Frente Amplio aparece posicionado con tres grandes bloques centrales, cada una de ellas con un referente: el Espacio 90 con Vázquez, asamblea Uruguay con Astori, y un espacio detrás de Arana articulado por la Vertiente y apoyado por Seregni y los seregnistas. Y este panorama es un argumento adicional para suponer que el nivel de apoyo y tolerancia internos hacia el jerarca comunal sean inferiores a los del primer periodo.

Pero el intendente afronta además desafío externos. Unos políticos, como que la oposición de colorados y blancos va a ser sustancialmente diferente a la anterior, más dura, entre otras razones por la elemental necesidad de reposicionarse en la capital, tras el continuo desgaste electoral de los últimos treinta años. Otros financieros, ante un déficit acumulado importante, con pocas posibilidades de abatirlo sin costos: la presión tributaria municipal en Montevideo es muy alta y no deja márgenes a su ampliación, la crisis económica nacional hace prever que la morosidad no va a disminuir. La contrapartida es pues la anunciada: recortes en las retribuciones personales, en la realización de obras, en las políticas sociales. El saneamiento financiero de una intendencia tiene un serio problema político: puede ser muy elogiado por técnicos y analistas, pero en general conlleva decepciones en la población.

Publicado en diario El Observador
julio 23- 2000