El Estado y la democracia en cuestión.
América Latina después de la transición (cuarta nota)

Juan Rial

 

Tercera nota

4. Representación y participación.

Se ha sostenido que es difícil que puedan existir partidos liberales y menos un programa de gobierno de ese tipo. Tampoco una ideología de ese nombre. Según los seguidores de esa escuela la cultura, la suma de valores y principios generales universalmente aceptados (obviamente considerando como "universales" a los del occidente) hace que nadie pueda apropiarse de ese nombre. El discreto encanto del liberalismo doublé por el de la socialdemocracia y por la democracia tout court, hace dificil para hoy saber cual es la ideología de un partido tras la etiquetas diversas .

Todos los partidos o movimientos con nombres con apelaciones de tipo populista (partido Justicialista, Frente Amplio - Encuentro Progresista) como las que refieren al nombre del país (Somos Peru, Perú Posible) buscan trascender divisiones de clase y tratan de tener una base de apoyo muy amplia en diversos sectores. Otros apelan a la idea de afrontar una nueva etapa como forma de superar el pasado reciente (Cambio 90, del que luego derivaron en Cambio 95 y Perú 2000, nombre de los inorgánicos movimientos creados por Fujimori). Chávez se refirió al pasado bolivariano como símbolo principal de unión.

Perviven formaciones políticas tradicionales que refieren a simbolos del pasado muchas veces resignificados, como los partidos fundadores uruguayos, los colombianos, los de Paraguay y los que refieren a tradiciones modernas, como el PRI mexicano, el PAP (partido Aprista Peruano), y los muy dañados partidos comunistas.

En la mayoría de los casos su trasformación en máquinas electorales de amplia base ha deluído su apelación identitaria original que sólo atrae a los fieles a la tradición. Si es liberal y laica, debe enfrentar una tradición conservadora, por lo general reformulada como socialcristianismo. Pero ambas han asumido el liberalismo en el ámbito económico y en el campo político comparten la tradición liberal de defensa del estado de derecho. A su vez, para los tradicionalmente liberales es facil de aceptar ideas como las del bien común y defensa de la familia provenientes del ámbito socialcristiano. Las discrepancias se reducen a nociones muy precisas referidas a religión, composición de la familia, aborto, derechos de minorías de género, que no suelen aparecer en la superficie de la discusión política.

El mayor cuestionamiento de hoy respecto a la representación ciudadana es que son los partidos hoy, que representan y como lo hacen. En algún momento se pensó que en los países donde existían sistemas partidarios estos evolucionarían hacia el formato europeo de partidos donde habría uno o más, de carácter "socialdemócrata", continuador de la tradición igualitaria, liberal y laica, y por otra parte, uno o más de carácter socialcristiano o conservador, promotor del bien común y de la defensa de los valores cristianos. En aquellos países donde se tendría que crear partidos se suponía que también serían esos los modelos a seguir.

Sin embargo los partidos socialcristianos y socialdemócratas sólo hicieron pie en Venezuela, Chile y con algunas restas en Costa Rica y con muchas más notorias diferencias en la Dominicana. En el resto del continente hubo formaciones que de alguna manera pueden considerarse "socialdemócratas" o "socialcristianas", pero no fueron relevantes. En otros casos, aunque algunos partidos o movimientos puedan ser parte plena u observadores de las internacionales (liberal, conservadora, socialdemócrata o democristiana), es claro que no ajustan esos modelos europeos.

En general, en el pasado, los partidos socialistas, salvo el chileno, dado su origen histórico, no pudieron competir adecuadamente con los comunistas y con las formaciones extraparlamentarias más extremas. Los democristianos en algunos casos no actuaron solos, sino que fueron o son parte de otros partidos populares, como la Democracia Popular en Ecuador, Acción Democrática y el partido Popular en Perú, los conservadores de Colombia o los conservadores populares argentinos.

La herencia de las dictaduras no favoreció la permanencia de un sistema partidario como hemos dicho ni sus apelaciones simbólicas e ideológicas. El bien comun originario de doctrinas social cristianas y la version igualitaria, no clasista del socialismo que práctica la "integración negativa" no encontró espacio para maniobrar ante un enfoque de economía ortodoxa, de cuño liberal clásico, que eliminó trazos distintivos entre los partidos.

Cuando el político, sea del bando que fuere, pone en primer plano la lucha contra la inflación, la disciplina fiscal, el crecimiento economico vía exportaciones, que debe reflejarse en el crecimiento del PBI (producto bruto interno), pierde buena parte de su valor como actor, al no poder recurrir a freses encantatorias que hablan de la esperanza y del excelente porvenir que espera a los ciudadanos del país. La estadística no convence, pero también la mayoría del la clase política aprendió que la disidencia frente a los marcos que impone un mercado financiero internacional se paga cara.

Ante ello la política se presenta más "desnuda" como una lucha por cargos y poder, aunque no quede claro para que se quiere ese poder visto lo limitado que está para quien lo ejerce. Ello ha jaqueado fuertemente a la representación como principio básico que acompaña a la democracia. Si los represenantes no pueden resolver, incidir en las decisiones, al menos se pide que la masa de ciudadanos se exprese, "participe". Obviamente la complejidad de las decisiones hace que la participación ciudadana real sea limitadísima y muy condicionada por los mensajes que se propalan en los medios de comunicación que suponen una imprimación previa fuerte que conforma una agenda que condiciona respuestas o marcan tendencias futuras.

Se han realizado cambios constitucionales y legales para implementar crecientes formas de participación directa de la población mediante el sufragio. Se llevan a cabo referenda para aprobar cambios constitucionales, plebiscitos para consultar sobre temas importantes en debate o para lograr el apoyo de la base ciudadana, plebiscitos para derogar algunos tipos de leyes aprobadas por el parlamento, referanda para revocar mandatos de autoridades locales ya estan vigentes en varios de los países de la región. En otros casos se instrumentan asambleas, cabildos u otro tipo de reuniones que suponen una "participación ciudadana" en los asuntos públicos, especialmente en el ámbito local, municipal.

Obviamente, la participación no vuelve más eficaz la acción política ni se puede por esa vía, tomar decisiones complejas. Pero, también es cierto que buena parte de los representantes tampoco toman decisiones relevantes, a lo sumo refrendan las presentadas por los técnicos a cargo del ejecutivo. Las principales decisiones de política económica quedan en manos de funcionarios designados. La representación queda disminuida, desde "arriba", por el poder de funcionarios designados, no electos, y desde "abajo", por los recortes introducidos por mecanismos directos de participación ciudadana, contribuyendo a erosionar a los partidos políticos y a la falta de relevancia del político profesional.

La carrera política ha practicamente desaparecido. La palabra político no es bien recibida. En algunos países casi sinónimo de persona corrupta, o de "delincuente". De ahí que no extrañe el comportamiento "semi-mafioso" o francamente "mafioso" de muchos de los nuevos integrantes de la clase política. Responden al estereotipo popularizado de lo que se supone que es el ejercicio de la política hoy en día. Esta situación lleva a un círculo perverso.

Poca gente capaz no se siente atraída por la política, lo que hace que personas mediocres, facilmente corrompibles accedan a ella. Como a su vez, popularmente, se considera que el ejercicio de la política es sólo para personas no recomendables no se considera bien que reciban remuneraciones competitivas con las que dan en los cargos de mando de la actividad privada. Nuevamente eso deja afuera de la política a muchos de aquellos que sería necesario que participasen en ella. Un ex- primer ministro de Singapur emitió un juicio insultante, lapidario, al respecto: "si se paga con maníes (cacahuetes) los que trabajarán serán monos" . Con políticos y burócratas mal remunerados la función pública, el estado y los partidos continuan deteriorándose.

Sin embargo, por lo general, el primer mandatario, el presidente, la "figura paterna" puede escapar a esas consideraciones generales acerca de la clase política. En América Latina si bien pueden observarse casos en los que se práctican formas semi-parlamentarias de gobierno (mediante apoyos por coaliciones más o menos estables, como la Concertación chilena, la de los partidos fundadores en Uruguay y las alianzas ad hoc bolivianas), la visión popular apunta todo "a la cabeza". El responsable de éxitos y fracasos es sólo una persona. Esta vieja traición, que personaliza la acción y deja las instituciones de lado, ha favorecido y favorece la acción de los "nuevos caudillos", que siguen la tradición de sus antecesores.

La política ha devenido un ejercicio que supone el manejo de los medios de comunicación, y la tele-radio-política también se ha impuesto en la región, junto con las técnicas de mercadeo. Esto hace que los partidos y los políticos necesiten mucho dinero. Un ministro del ex presidente mexicano Carlos Salinas afirmaba, haciendo un juego de palabras, que "un político pobre, …[sin dinero y sin muchos recursos] … es un pobre político".

Se ha intentado por vías restrictivas (límites al tiempo de las campañas, al tiempo o espacio de la publicidad, a la prohibición de publicidad paga en radio y TV, a las donaciones posibles de dinero), por vías indirectas (tiempos gratuitos en radio y TV, uso gratuito de correos y teléfonos) o por el aporte de partidas de dinero (dinero por voto obtenido), lograr ciertas formas de financiamiento público más o menos transparentes, sin demasiado éxito. El financimiento de elecciones y partidos continúa siendo un problema dificil no solo en la región sino en el mundo.

La descentralización ha creado también un nuevo tipo de clase política: la puramente local, que acentúa el provincianismo y el caciquismo y conlleva el peligro de expandir la corrupción a todos los niveles políticos. La corrupción a ese nivel comparada con las de mayor escala aparece una "pequeña ratería, un robito", que se justifica frente al "robo" que se produce a nivel central. Favorece la instalación de pequeñas oligarquías con una mentalidad manipuladora de apropiarse de restos de banquetes favorecidas por los recursos que pusieron en sus manos los procesos de desencentralización promovidos, en muchos casos por esos mismos bveneficiarios, con el beneplácito de organizaciones multilaterales, sin que hayan surgido de una demanda local genuina.

Teorizando sobre los cambios algunos prefieren hablar en referencia al acatamiento de la ley y aquellos que se ponen por sobre ella, en lugar de la referencia societal a la integración o no a los mecanismos de mercado (de producción y/o consumo). Sin embargo la primera referencia depende la segunda. Aquellos que eluden la ley, son quienes están por sobre ella, en razón de las inequidades sociales, ciertamente, pero también aquellos que o que no pueden estar bajo su imperio porque no hay condiciones prácticas para su jurisdicción, con lo cual se retorna a una variante de la exclusión. 4. Representación y participación.

Se ha sostenido que es difícil que puedan existir partidos liberales y menos un programa de gobierno de ese tipo. Tampoco una ideología de ese nombre. Según los seguidores de esa escuela la cultura, la suma de valores y principios generales universalmente aceptados (obviamente considerando como "universales" a los del occidente) hace que nadie pueda apropiarse de ese nombre. El discreto encanto del liberalismo doublé por el de la socialdemocracia y por la democracia tout court, hace dificil para hoy saber cual es la ideología de un partido tras la etiquetas diversas .

Todos los partidos o movimientos con nombres con apelaciones de tipo populista (partido Justicialista, Frente Amplio - Encuentro Progresista) como las que refieren al nombre del país (Somos Peru, Perú Posible) buscan trascender divisiones de clase y tratan de tener una base de apoyo muy amplia en diversos sectores. Otros apelan a la idea de afrontar una nueva etapa como forma de superar el pasado reciente (Cambio 90, del que luego derivaron en Cambio 95 y Perú 2000, nombre de los inorgánicos movimientos creados por Fujimori). Chávez se refirió al pasado bolivariano como símbolo principal de unión.

Perviven formaciones políticas tradicionales que refieren a simbolos del pasado muchas veces resignificados, como los partidos fundadores uruguayos, los colombianos, los de Paraguay y los que refieren a tradiciones modernas, como el PRI mexicano, el PAP (partido Aprista Peruano), y los muy dañados partidos comunistas.

En la mayoría de los casos su trasformación en máquinas electorales de amplia base ha deluído su apelación identitaria original que sólo atrae a los fieles a la tradición. Si es liberal y laica, debe enfrentar una tradición conservadora, por lo general reformulada como socialcristianismo. Pero ambas han asumido el liberalismo en el ámbito económico y en el campo político comparten la tradición liberal de defensa del estado de derecho. A su vez, para los tradicionalmente liberales es facil de aceptar ideas como las del bien común y defensa de la familia provenientes del ámbito socialcristiano. Las discrepancias se reducen a nociones muy precisas referidas a religión, composición de la familia, aborto, derechos de minorías de género, que no suelen aparecer en la superficie de la discusión política.

El mayor cuestionamiento de hoy respecto a la representación ciudadana es que son los partidos hoy, que representan y como lo hacen. En algún momento se pensó que en los países donde existían sistemas partidarios estos evolucionarían hacia el formato europeo de partidos donde habría uno o más, de carácter "socialdemócrata", continuador de la tradición igualitaria, liberal y laica, y por otra parte, uno o más de carácter socialcristiano o conservador, promotor del bien común y de la defensa de los valores cristianos. En aquellos países donde se tendría que crear partidos se suponía que también serían esos los modelos a seguir.

Sin embargo los partidos socialcristianos y socialdemócratas sólo hicieron pie en Venezuela, Chile y con algunas restas en Costa Rica y con muchas más notorias diferencias en la Dominicana. En el resto del continente hubo formaciones que de alguna manera pueden considerarse "socialdemócratas" o "socialcristianas", pero no fueron relevantes. En otros casos, aunque algunos partidos o movimientos puedan ser parte plena u observadores de las internacionales (liberal, conservadora, socialdemócrata o democristiana), es claro que no ajustan esos modelos europeos.

En general, en el pasado, los partidos socialistas, salvo el chileno, dado su origen histórico, no pudieron competir adecuadamente con los comunistas y con las formaciones extraparlamentarias más extremas. Los democristianos en algunos casos no actuaron solos, sino que fueron o son parte de otros partidos populares, como la Democracia Popular en Ecuador, Acción Democrática y el partido Popular en Perú, los conservadores de Colombia o los conservadores populares argentinos.

La herencia de las dictaduras no favoreció la permanencia de un sistema partidario como hemos dicho ni sus apelaciones simbólicas e ideológicas. El bien comun originario de doctrinas social cristianas y la version igualitaria, no clasista del socialismo que práctica la "integración negativa" no encontró espacio para maniobrar ante un enfoque de economía ortodoxa, de cuño liberal clásico, que eliminó trazos distintivos entre los partidos.

Cuando el político, sea del bando que fuere, pone en primer plano la lucha contra la inflación, la disciplina fiscal, el crecimiento economico vía exportaciones, que debe reflejarse en el crecimiento del PBI (producto bruto interno), pierde buena parte de su valor como actor, al no poder recurrir a freses encantatorias que hablan de la esperanza y del excelente porvenir que espera a los ciudadanos del país. La estadística no convence, pero también la mayoría del la clase política aprendió que la disidencia frente a los marcos que impone un mercado financiero internacional se paga cara.

Ante ello la política se presenta más "desnuda" como una lucha por cargos y poder, aunque no quede claro para que se quiere ese poder visto lo limitado que está para quien lo ejerce. Ello ha jaqueado fuertemente a la representación como principio básico que acompaña a la democracia. Si los represenantes no pueden resolver, incidir en las decisiones, al menos se pide que la masa de ciudadanos se exprese, "participe". Obviamente la complejidad de las decisiones hace que la participación ciudadana real sea limitadísima y muy condicionada por los mensajes que se propalan en los medios de comunicación que suponen una imprimación previa fuerte que conforma una agenda que condiciona respuestas o marcan tendencias futuras.

Se han realizado cambios constitucionales y legales para implementar crecientes formas de participación directa de la población mediante el sufragio. Se llevan a cabo referenda para aprobar cambios constitucionales, plebiscitos para consultar sobre temas importantes en debate o para lograr el apoyo de la base ciudadana, plebiscitos para derogar algunos tipos de leyes aprobadas por el parlamento, referanda para revocar mandatos de autoridades locales ya estan vigentes en varios de los países de la región. En otros casos se instrumentan asambleas, cabildos u otro tipo de reuniones que suponen una "participación ciudadana" en los asuntos públicos, especialmente en el ámbito local, municipal.

Obviamente, la participación no vuelve más eficaz la acción política ni se puede por esa vía, tomar decisiones complejas. Pero, también es cierto que buena parte de los representantes tampoco toman decisiones relevantes, a lo sumo refrendan las presentadas por los técnicos a cargo del ejecutivo. Las principales decisiones de política económica quedan en manos de funcionarios designados. La representación queda disminuida, desde "arriba", por el poder de funcionarios designados, no electos, y desde "abajo", por los recortes introducidos por mecanismos directos de participación ciudadana, contribuyendo a erosionar a los partidos políticos y a la falta de relevancia del político profesional.

La carrera política ha practicamente desaparecido. La palabra político no es bien recibida. En algunos países casi sinónimo de persona corrupta, o de "delincuente". De ahí que no extrañe el comportamiento "semi-mafioso" o francamente "mafioso" de muchos de los nuevos integrantes de la clase política. Responden al estereotipo popularizado de lo que se supone que es el ejercicio de la política hoy en día. Esta situación lleva a un círculo perverso.

Poca gente capaz no se siente atraída por la política, lo que hace que personas mediocres, facilmente corrompibles accedan a ella. Como a su vez, popularmente, se considera que el ejercicio de la política es sólo para personas no recomendables no se considera bien que reciban remuneraciones competitivas con las que dan en los cargos de mando de la actividad privada. Nuevamente eso deja afuera de la política a muchos de aquellos que sería necesario que participasen en ella. Un ex- primer ministro de Singapur emitió un juicio insultante, lapidario, al respecto: "si se paga con maníes (cacahuetes) los que trabajarán serán monos" . Con políticos y burócratas mal remunerados la función pública, el estado y los partidos continuan deteriorándose.

Sin embargo, por lo general, el primer mandatario, el presidente, la "figura paterna" puede escapar a esas consideraciones generales acerca de la clase política. En América Latina si bien pueden observarse casos en los que se práctican formas semi-parlamentarias de gobierno (mediante apoyos por coaliciones más o menos estables, como la Concertación chilena, la de los partidos fundadores en Uruguay y las alianzas ad hoc bolivianas), la visión popular apunta todo "a la cabeza". El responsable de éxitos y fracasos es sólo una persona. Esta vieja traición, que personaliza la acción y deja las instituciones de lado, ha favorecido y favorece la acción de los "nuevos caudillos", que siguen la tradición de sus antecesores.

La política ha devenido un ejercicio que supone el manejo de los medios de comunicación, y la tele-radio-política también se ha impuesto en la región, junto con las técnicas de mercadeo. Esto hace que los partidos y los políticos necesiten mucho dinero. Un ministro del ex presidente mexicano Carlos Salinas afirmaba, haciendo un juego de palabras, que "un político pobre, …[sin dinero y sin muchos recursos] … es un pobre político".

Se ha intentado por vías restrictivas (límites al tiempo de las campañas, al tiempo o espacio de la publicidad, a la prohibición de publicidad paga en radio y TV, a las donaciones posibles de dinero), por vías indirectas (tiempos gratuitos en radio y TV, uso gratuito de correos y teléfonos) o por el aporte de partidas de dinero (dinero por voto obtenido), lograr ciertas formas de financiamiento público más o menos transparentes, sin demasiado éxito. El financimiento de elecciones y partidos continúa siendo un problema dificil no solo en la región sino en el mundo.

La descentralización ha creado también un nuevo tipo de clase política: la puramente local, que acentúa el provincianismo y el caciquismo y conlleva el peligro de expandir la corrupción a todos los niveles políticos. La corrupción a ese nivel comparada con las de mayor escala aparece una "pequeña ratería, un robito", que se justifica frente al "robo" que se produce a nivel central. Favorece la instalación de pequeñas oligarquías con una mentalidad manipuladora de apropiarse de restos de banquetes favorecidas por los recursos que pusieron en sus manos los procesos de desencentralización promovidos, en muchos casos por esos mismos bveneficiarios, con el beneplácito de organizaciones multilaterales, sin que hayan surgido de una demanda local genuina.

Teorizando sobre los cambios algunos prefieren hablar en referencia al acatamiento de la ley y aquellos que se ponen por sobre ella, en lugar de la referencia societal a la integración o no a los mecanismos de mercado (de producción y/o consumo). Sin embargo la primera referencia depende la segunda. Aquellos que eluden la ley, son quienes están por sobre ella, en razón de las inequidades sociales, ciertamente, pero también aquellos que o que no pueden estar bajo su imperio porque no hay condiciones prácticas para su jurisdicción, con lo cual se retorna a una variante de la exclusión.


5. Delito organizado, corrupción, como vías alternativas para el ejercicio del poder político.

La corrupción es una practica milenaria y es obvio que es imposible eliminarla en el marco del ejercicio del poder. Sin embargo, en este campo, así como en otros, por ejemplo el tráfico de drogas, se lanzan campañas constantes para "erradicar" esas prácticas. Si se trata de un enunciado a los efectos de motivar la lucha contra la corrupción es una buena idea, pero si se cree, efectivamente que es un objetivo posible, se está muy equivocado. Pero en el mundo de hoy los enunciados suelen ser movilizadores y traen consecuencias no deseadas, tales como el desaliento que ocurre cuando se percibe que se trata de una lucha cuyo objetivo no es posible de alcanzar. El desaliento tiene como consecuencia que la práctica se mantenga y que, en ciertos casos, hasta se incremente.

El punto clave en lo referido a actividades delictivas que tienen implicancias políticas importantes, es controlarlas para reducirlas en todo lo posible. En el caso de la corrupción se trata que sea mínima, y se trata de reprimir constantemente esas prácticas, dentro de un marco legal liberal, sabiendo que imposible "eliminarla". Las prácticas delictivas en el campo político que pueden ser "toleradas" dependen de la situación de cada país o entorno, o tiempo preciso. Como es bien sabido, el aforismo de Lord Acton sigue siendo válido: "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente"

En casa país de la región no pasa un día sin que haya una denuncia por corrupción que afecte a funcionarios electos o designados con responsabilidades en la conducción de los asuntos estatales. Esto no es más que otro de los signos de la precariedad en que ha caído el estado, de la desinstitucionalización y del temor frente al futuro que les puede esperar a los políticos que "pescan" un cargo que saben no durará mucho tiempo, ante la falta de perspectivas de poder realizar una carrera política. La búsqueda de un atajo hacia la seguridad personal, visto que no ven muchas posibilidades de futuro a su carrera política lleva a la tentación del enriquecimiento por vías ilícitas. Dado que el tratamiento comunicacional es diferente no se percibe que esas mismas prácticas se dan en el ámbito de las grandes corporaciones privadas y en las organizaciones internacionales.

No siempre se actúa en provecho personal. En muchos casos para mantenerse en la política, como decíamos antes, para no ser un "político pobre que devenga en pobre político" se consigue dinero para las arcas del partido o movimiento que impulsa el o los políticos involucrados en el esquema ilícito. "Robar para la corona" ha pasado a ser una actividad corriente en la región .

Si la desinstitucionalización es elevada, si se está frente a situaciones semi-autoritarias, que pueden convivir con un gobierno, electo, un congreso, y hasta ciertos grados de "libertad de expresión" y se tolera una oposición, o sea si esta frente a una democracia "iliberal" , por lo general hay también una "kleptocraia" o "mafiacracia". Un grupo que tiene cierta legalidad para actuar al frente del estado y en algunos casos también legitimidad se beneficio colectiva y personalmente de esos controles. En la última década del siglo XX, el gobierno de Fujimori, por ejemplo, recorrió ese camino y tambien hubo acusaciones constantes contra el gobierno legítimo y legal de Carlos Menem.

A pesar de la creencia en contrario, la corrupción no suele ser el principal problema de los países de la región. Ni siquiera cuando alcanza grados desmesurados, como fue el caso citado del Perú, o la practicada en la Argentina. Las cifras comprobables de robos por parte de funcionarios suelen ser una infima parte del PBI.
Frente a la magnitud del problema de la falta de empleo, de la falta de apoyo estatal para los sectores excluídos, de la informalidd, de la evasión impositiva, esa actividad delictiva es un problema menor. Pero si tiene mucha repercusión por la percepción que causa en la población la difusión de esos hechos.

A menos que se tome como premisa una posición que siguiendo orientaciones de Erasmo y Kant privilegie la ética sobre la política, rara vez puede decirse que los grados de corrupción afecten seriamente el desempeño de un gobierno. Si ello fuera asi el Japón y la Corea del sur de la postguerra serían países no desarrollos. Ni el primero sería parte del grupo de los siete ni el segundo uno de los llamados, en un pasado reciente, "tigres asiáticos".

Sin embargo, la comprobación, o el mero hecho de la constante denuncia de hechos de corrupción que puedan parecer verosímiles a la opinion pública, lo que supone una activa intervención de los medios de comunicación social para obtener esa reacción, puede crear un ambiente político que lleva a la fuerte deslegitimación del político y de la política. Si a ello se agrega el constante cambio de papeles, mediante el cual muchas veces el denunciante termina siendo denunciado no es de extrañarse que el viejo recurso de acusar a un gobierno de corrupto que ha servido para justificar golpes del estado, vuelta a plantearse. Sólo que ahora suelen hacerlo partidos o movimientos sociales para desacreditar a rivales, motivando el crecimiento de la antipolítica y la delegitimacion partidaria.

Los integrantes de los sectores populares condenan los actos de corrupción simplemente porque ellos no reciben ningun beneficio de ello, no porque ontologicamente consideren que las acciones son incorrectas. Como se sabe desde hace largo tiempo los sectores subalternos aceptan los privilegios de las elites que mandan, siempre que que ello suponga una real conducción que redunda en beneficio de los que están en la base de la sociedad. Pero, cuando los privilegios son meramente eso, y no hay contrapartida, el enojo es grande. Se crea así una cultura política de desesperanza, de necesidades no satisfechas, exacerbadas, y se desprecian los privilegios de la élite que se considera inútil y hasta cierto punto resultado del ejercicio de poderes "tiránicos". En ese marco, la agitación en pro del recurso a la violencia puede ser llevada adelante.

La corrupción en si misma no debería afectar en mucho el proceso político, pero se trata de un tema que apareció en la agenda política en las últimas décadas del siglo XX. Es parte de la "industria" de algunas ONGs y parte de la procupación de las organizaciones internacionales multilaterales. Aunque no se ha podido explicar porque la corrupción no ha afectado al mundo desarrollado, donde la misma es notoria y conocida, se pretende indicar que el desarrollo de los países del tercer mundo dependerá de la "erradicación" de la corrupción. Concebida muchas veces como una agenda alternativa para concentrar esfuerzos en areas que se sabe que no pueden conducir a una solución, sino simplemente a mantener una constante atención, termina por favorecer la idea que la política es "sucia" por naturaleza.

Un corolario de esta tendencia es la "judialización" de la política, el intento de resolver por medio de procesos y juicios controversias políticas. Se trata de ideas llevadas a la práctica por entusiastas jueces, algunos con candor y honestidad, otros, viendo una vía para la promoción personal de sus carreras, que ha mostrado, como resultado, también problemas serios al involucrar al poder Judicial en actividades que son propiamente del campo de la política y no de la justicia o de la aplicación de la ley.

En muchos casos, el fracaso de esos juicios, o la promulgación de sentencias muy discutibles, o el simple hecho de promover una acción judicial para promover un resultado político (el caso de la destitución de ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez es un buen ejemplo) han conducido a una restricción en el uso del intrumento.

Sin embargo, en la región latinoamericana, el recurso a los "tribunales venecianos" para eliminar adversarios políticos, especialmente persiguiendo el derrocamiento de un régimen o tratando de eliminar a quienes lo apoyaron, aún sin estar involucrados en actividades delictivas, sigue siendo un expediente recurrente.
 

Quinta nota

 

Análisis Especial para Factum Digital
agosto - 2002