Cada estación tiene lo suyo

La mayoría absoluta de los uruguayos, el 55%, prefiere el verano; esa preeminencia es independiente del veraneo, en el sentido de pasar la estación estival en un lugar de descanso

Los poetas cantan a la primavera, a la que definen como la estación de la juventud, el amor, la vida. Y cuando apuntan los versos al otoño, es porque se ha doblado el codo de la vida; se la dibuja gris, con poca vida, sin esperanzas. O buscan la esperanza en el cambio de estación, como cuando Ruben Darío canta su "Canción de otoño en primavera". El verano aparece más propenso al escapismo, a la travesura y a la transgresión, mucho más en la novela y el cine que en la poesía. Y el invierno es siempre sinónimo de frío, de hielo.
Uruguay, como país de la zona templada de la tierra, tiene bastante bien marcadas las cuatro estaciones, aunque esas estaciones no se llevan del todo bien con el calendario. Aparecen y desaparecen en fechas imprevisibles y tampoco duran el trimestre de rigor. Hay veranos e inviernos largos, otoños y primaveras cortos. Y eso según el año. También ocurre, como dicen los extranjeros que visitan esta tierra, que las cuatro estaciones se dan el mismo día.

La mayoría absoluta de los uruguayos, el 55%, prefiere el verano. Y esa preeminencia es independiente del veraneo, en el sentido de pasar gran parte de la estación estival en un lugar de descanso, particularmente en la playa; la mayoría de los uruguayos soporta todo o casi todo el calor de verano en las ciudades y en los pueblos, sufre pues la alta temperatura del asfalto y el hormigón, o la sequedad y el polvo de los pueblos chicos. Aunque no se descanse, el verano se asocia con el descanso o el tiempo libre, o con la disminución de las responsabilidades. Estas sensaciones muchas veces son más imaginarias que reales, pero lo importante es que son vividas así.

Casi una cuarta parte prefiere la primavera, en gran medida porque significa dejar el frío y lo gris del invierno atrás, ver el alargamiento del día. Ello pese a que en buena parte del país es una estación poco propicia para muchos alérgicos, especialmente para todos los que sufren afecciones respiratorias. Menos de la quinta parte prefiere alguna estación de la otra mitad del año, aunque hay más adeptos para el otoño (12%) que para el invierno (7%).

Si a la gente se la divide en tres grandes grupos de edades, se ve que en todos ellos la preferencia combinada de verano y de otoño está en torno al 70%. Pero lo que cambia radicalmente entre los grupos de edad es la relación entre ambas estaciones. Los jóvenes, la gente de 15 a 30 años, manifiesta una opción casi total por el verano en relación al otoño (64% a 4%). Entre los adultos medios, las personas de 31 a 60 años, aparece algo de interés por el otoño (53% a 14)%; y en los mayores de 60 años las diferencias son fuertes pero bastante menos (48 a 21). En otras palabras, por cada persona que gusta del otoño prefieren el verano 16 jóvenes, 4 adultos medios y 2 mayores.

Si en cambio se compara el verano con la media estación (primavera más otoño sumados), hay cierto equilibrio entre las personas mayores: 48% por el verano, 44% por la media estación. Mientras que entre los jóvenes y los adultos medias la estación estival prevalece sobre la media estación por una relación de dos a uno.

Un dato interesante es la relación entre la estación del año y el nivel de optimismo. Cuando se analizan las tendencias de optimismo y pesimismo de la gente, tanto sobre sí misma, su vida presente y futura, como sobre la situación actual y las perspectivas del país, se nota que en verano la gente tiende a ser un poquito más optimista y en invierno un poquito más pesimista.

Son variaciones casi imperceptibles, pero que en el largo plazo, en el análisis de varios años, permite también asociar la existencia de una visión más favorable de la vida y de su entorno en el verano, y una visión más negativa en el invierno.
 

Publicado en diario El Observador
enero 5  - 2002