Días y noches en familia

En el mundo occidental las fiestas de Navidad y Año Nuevo tienen una destacada importancia. Pero de país a país cambia la trascendencia de una u otra fecha y la forma en que se festeja. Muchas son las causas que operan en el hecho de otorgarle más o menos relevancia a una u otra y en la forma de celebrarlas, en particular con quién y dónde.

La Navidad (y su víspera, la Nochebuena) constituyen la fiesta preferida para la mitad de los uruguayos. Una cuarta parte, en cambio, opta por Año Nuevo (y su víspera, Fin de Año), mientras que a la otra cuarta parte del país le resulta indistinto: o considera ambas muy importantes o no le da un valor especial a ninguna de las fiestas, pero en uno u otro caso, siempre parejo. Sin duda hay una relación muy fuerte entre el grado de religiosidad y la predilección por una u otra fiesta: entre las personas con fuerte religiosidad, por cada una que le da más importancia al Año Nuevo hay cuatro que valoran más la Navidad; en cambio, entre la gente poco o nada religiosa ambas fiestas tienen el mismo nivel de significación. También hay una relación entre edad y preferencia por una u otra fiesta: los jóvenes (la gente de 15 a 30 años) sienten mayor predilección por el Fin de Año y los mayores (los que superan los 61 años) se inclinan fuertemente por Nochebuena.

De cada 10 personas seis tenden a pasar las fiestas con el núcleo familiar chico (la pareja con sus hijos) y cuatro con la familia grande. En Nochebuena el 13% lo hace con la familia de la madre, esposa o novia; el 9% con la familia del padre, esposo o novio; y el 15% con ambas familias o integrantes de ambas familias. Como se ve, hay una leve ventaja de la familia materna. En Fin de Año las cosas se equilibran: el 15% pasa con ambas familias, el 10% con la del padre o esposo, y el 11% con la de la madre o esposa. En Nochebuena el 66% se queda en su propia casa y en Fin de Año el 58%; en casa de familiares o amigos pasa la Navidad el 27%, y Fin de Año el 32%. Es muy poca la gente que pasa con amigos y sin familiares, o que pasa sola. Quizás estos últimos porcentajes sean algo mayores, y entre quienes dicen que todavía no saben con quién van a pasar haya muchos que pasen con amigos, en compañía ocasional o directamente solos. Es muy bajo el porcentaje de gente que pasa la Nochebuena o Fin de Año en lugares públicos como restaurantes, pubs, bares, clubes o chacras. La costumbre es salir, particularmente entre los jóvenes, después de las 12 de la noche, es decir, después de pasar en familia la hora en que se anuncia el advenimiento de una nueva Navidad o de un nuevo año. Si bien no hay demasiadas diferencias en el comportamiento de hombres y mujeres, es un poco mayor el porcentaje de hombres que pasan las fiestas solos o con amigos (5% contra 1% de las féminas).

Es importante señalar que no hay diferencias de comportamiento en cuanto a con quién pasar y dónde pasar ambas fiestas en los diferentes cortes que pueden hacerse de la sociedad. Es el mismo comportamiento en Montevideo que en el interior, en hombres que en mujeres, en los diferentes tramos de edad, en los cuatro niveles socioeconómicos y en los diferentes niveles de religiosidad. El pasar juntos en el núcleo familiar chico o con la familia extendida, con inclusión de abuelos, tíos, primos y sobrinos, son dos tipos de comportamiento, pero parejos en todas las categorías. Otro dato significativo es que el considerar más importante la Navidad o Fin de Año no afecta las actitudes: uno puede considerar menos relevante el Año Nuevo y sin embargo lo festeja exactamente igual que la Navidad; lo mismo vale al revés.

Publicado en diario El Observador
diciembre 16  - 2000