El cigarrillo en su sitio

En algo así como tres décadas el cigarrillo pasó de ser un símbolo social a ser objeto de cuestionamientos. Y los fumadores también pasaron de ser dueños de los destinos propios y ajenos, o de las humaredas aspiradas por propios y ajenos, a ser arrinconados con advertencias, limitaciones y prohibiciones. En Uruguay hace poco más de 20 años que se impuso la prohibición de fumar en los ómnibus interdepartamentales (siempre estuvo vedado en el transporte colectivo montevideano). Luego aparecieron las áreas separadas en restaurantes, bares y aviones, las limitaciones en lugares de trabajo, en edificios públicos, en ascensores, en centros de enseñanza para adultos. Porque antes, de 20 o 30 años para atrás, las limitaciones al fumar se aplicaban a los menores, con el dicho "Fumar es para grandes", con lo que el pitar un cigarrillo o algo que se le pareciese fue un fenomenal estímulo para adolescentes y preadolescentes, así "hacían cosas de grandes".

Ahora bien, ¿qué piensa la opinión pública en las postrimerías del siglo XX sobre las limitaciones y permisividades con el hábito de fumar? Factum Opinión Pública repitió ahora un estudio realizado siete años antes, a mediados de 1993. Se buscó obtener las opiniones sobre las prohibiciones y autorizaciones en seis ámbitos: el propio hogar, los lugares de trabajo, los centros de enseñanza, ómnibus y taxis, lugares abiertos (calles, parques, plazas y playas) y en bares y restaurantes. Para cada ámbito se presentaron cuatro opciones: prohibición total (nadie puede fumar), autorización consensual (se puede fumar siempre que lo consientan todos los presentes en un mismo lugar), autorización local o locativa (se puede fumar en áreas o lugares especialmente habilitados para fumadores, en el resto no se puede fumar) y autorización total (se puede fumar siempre).

Con mucha claridad surgen tres niveles de criterio. Uno más restrictivo, donde surge un virtual consenso en la prohibición total, que comprende los casos de ómnibus y taxis y de centros de enseñanza. En ambos casos la prohibición total es sostenida por el 88% de la población. Un segundo nivel, con tres escalones, comprende por su orden a los lugares de trabajo (51% sostiene la prohibición total), el propio hogar (41% prohibe completamente fumar) y bares y restaurantes (30% adhiere a la limitación total y un 38% a la división en áreas). Un último nivel es el de los espacios abiertos (calles, parques, plazas, playas), donde el 82% considera que debe autorizarse totalmente el derecho a echar humo. Se puede afirmar que en general la opinión pública coincide con la normativa existente en cuanto a los niveles de limitación.

Recordemos que los no fumadores son el 66% de la población (personas que nunca fumaron o que fumaron y dejaron), mientras que los fumadores tanto regulares como ocasionales constituyen el restante 34% (véase "Fin de Semana", 30 de setiembre de 2000). Los no fumadores, esos dos tercios de la población, son mucho más restrictivos que los fumadores, lo que parece bastante obvio: la mitad de los no fumadores es partidaria de prohibir fumar en sus respectivos hogares, frente a la cuarta parte de los fumadores. También en bares y restaurantes es el doble el porcentaje de prohibicionistas fumadores (36%) que no fumadores (18%) y más o menos lo mismo ocurre en relación a lugares de trabajo (la prohibición total es sostenida por el 58% de los fumadores y el 39% de los no fumadores). En cambio no hay diferencias de opinión en cuanto a la limitación total en ómnibus y taxis así como en centros de enseñanza.

Aunque levemente, en siete años ha bajado algo la intolerancia al cigarrillo. La adhesión a la prohibición total en 1993 era (entre paréntesis la variación respecto a hoy): en centros de enseñanza y en ómnibus y taxis, 91% (-3), en lugares de trabajo, 72% (-21%), en los propios hogares, 54% (-41%), en bares y restaurantes, 42% (-12%) y en lugares abiertos, 21% (-13%). Lo significativo es que las posiciones globales son las mismas, y también las mismas en relación a los ámbitos donde fumar debe estar prohibido, limitado o debe tolerarse.

Publicado en diario El Observador
octubre 28 - 2000