Si hoy hubiera elecciones

Larrañaga consolida la ventaja sobre Lacalle

En cualquiera de los escenarios posibles (de baja o de alta concurrencia) la diferencia a favor del desafiante nacionalista es de 3 puntos porcentuales sobre el total del Cuerpo Electoral. El Encuentro Progresista-Frente Amplio terminó la fase de caída y se estabiliza en el borde de la mayoría absoluta camino hacia las elecciones nacionales de octubre, mientras el Partido Nacional se consolida en el 28%. El coloradismo no despega

 La carrera electoral transcurre en dos planos que se interrelacionan. Uno es la competencia presidencial y parlamentaria que se dirime el 31 de octubre (y la presidencial eventualmente el 28 de noviembre) y otro la puja preliminar que se dirime dentro de ocho días, el domingo 27. Hay dos datos que se definen el otro domingo y que son de impacto sustancial sobre la competencia interpartidaria: el primero y significativo es cuál de los dos resulta el candidato presidencial del Partido Nacional, si lo que hoy aparece con mayores probabilidades que es Jorge Larrañaga o, en cambio, en los últimos días Luis Alberto Lacalle da vuelta la pisada y se encamina hacia su tercera competición por la primera magistratura. De allí sale o el escenario Vázquez-Larrañaga-Stirling o el escenario Vázquez-Lacalle-Stirling. El segundo dato es qué fotografía emerge el 27 de la correlación entre los partidos. La fotografía, respaldada en una película de al menos dos años, presenta al Encuentro Progresista-Frente Amplio en el entorno del 50% del total de votantes, ahora exactamente en el 49%. Con ese porcentaje prácticamente se asegura la Presidencia de la República (le basta con captar a uno de cada ocho indefinidos) y además se asegura sí o sí la mayoría absoluta parlamentaria, ya que con 49% sobre el total de votantes y con un 3 ó 4 por ciento de votos anulados y en blanco, logra sin duda alguna 16 senadores y 50 diputados. El Partido Nacional a su vez está cerca del 30%.
Ahora bien, la motivación para votar al EP-FA el domingo 27 es puramente simbólica, ya que no decide el candidato presidencial (el único que se presenta es Vázquez) ni el compañero de fórmula (hay acuerdo en el nombre de Nin Novoa), las autoridades partidarias se eligen por otro procedimiento y en otro momento, las listas senatoriales y a la cámara baja las confecciona cada sector según sus propias reglas y tiempos. A lo sumo hay competencia real por la intendencia en algún que otro departamento. El nacionalismo en cambio se juega todo el día 27. Ello hace que a la izquierda le resulte bastante difícil el validar el primer lugar con una ventaja de 5 a 3 sobre los blancos. Lo más probable es que gane por una diferencia menor y existe, aunque con menos probabilidades, la posibilidad de que pierda el primer lugar. El primer resultado puede afectar mucho la imagen triunfalista del EP-FA; el segundo puede ser un golpe muy duro. Uno y otro afectan la largada para la segunda etapa. Claro que en febrero largó muy por delante con el referendo sobre Ancap, sin embargo el resultado se evaporó y el EP-FA no logró capitalizar ningún plus. Entonces, así como no lo afectó a favor el resultado positivo de diciembre, puede no afectarle en contra una mala performance el 27 de junio

En el Partido Nacional lo que más levanta expectativa es la candidatura única presidencial, pero detrás se juegan candidaturas al Parlamento, tanto en la coalición que respalda a Larrañaga como en el herrerismo. En la lucha presidencial el mayor cambio operó en el escenario básico, es decir, aquel constituido por quienes con total certeza van a ir a votar. Un mes atrás la diferencia de Larrañaga sobre Lacalle era de 1 solo punto porcentual sobre todo el electorado en caso de haber baja concurrencia; y en ese momento las posibilidades del senador mejoraban a mayor concurrencia; en otras palabras, cuanto más gente fuera a votar más segura podía ser su victoria. Ahora es diferente: la ventaja es prácticamente del mismo tamaño medido en votos con baja, media o alta concurrencia. Ello es producto de dos factores. Del lado de Larrañaga, el haber logrado traducir en actitud de ir a votar lo que originariamente era mera opinión (lo que lo mejoró en el escenario básico). Del lado de Lacalle, el haber aumentado su espacio de opinión (lo que hace que Larrañaga no se dispare a mayor concurrencia). Lo más significativo es que quien gane lo hace porque incorporó más votos al Partido Nacional que quien pierde, pero éste no aparece como un derrotado, sino como alguien que mejoró su espacio electoral respecto a un año atrás. Es un raro caso de competencia interna vitalizadora, que en doce meses ha duplicado el electorado partidario. Viene una etapa difícil, que los blancos deberán administrar con la misma prolijidad que han administrado la contienda actual: cómo definir la fórmula presidencial y articular una campaña hacia octubre con candidato único.

El Partido Colorado ha quedado asfixiado al no plantear competencia presidencial y presentarse con un candidato único. La lucha hacia el 27 es esencialmente una disputa entre estructuras políticas por los lugares en las listas parlamentarias. Sin embargo, hay una competencia poco sonora entre la 15 y el Foro, de la cual surgirá la conducción partidaria por los próximos cinco años: el secretario general del Partido Colorado seguramente será de uno u otro sector, del que logre más votos el otro domingo. Todo el partido se ha posicionado en la necesidad de replantearse toda la estrategia a partir del 28 de junio, en lo que supondría un re-lanzamiento electoral.
 

Publicado en diario El Observador
junio 19 - 2004