Si hoy hubiera elecciones

Se acentúa el crecimiento de los Blancos:
alcanzan el 25%

La disputa presidencial potencia al Partido Nacional que en 3 meses creció 7 puntos, 5 captados por Larrañaga y 2 por Lacalle. En contrapartida, el EP-FA cayó 5 puntos y el coloradismo no despega.   El nivel de concurrencia a las internas será un factor importante en la definición de la interna nacionalista. Larrañaga lleva 4 puntos de ventaja a Lacalle sobre el total del electorado, pero solo 1 punto entre los seguros de concurrir a votar

Dos planos diferentes de competencia acaparan la atención política. Por un lado la disputa entre los partidos que tendrá como escenario el 31 de octubre y por otro la lucha por la candidatura presidencial en el Partido Nacional con vistas a las elecciones primarias del 27 de junio. La primera se dirime dentro de 5 meses y 9 días, la segunda en 36 días. En principio parecen ser dos escenarios independientes; sin embargo, es posible que la competencia interpartidaria esté distorsionada a favor del Partido Nacional y en desmedro de los otros dos partidos. La contienda Lacalle-Larrañaga aparece como la única real frente a la candidatura única en la izquierda y a lo que la opinión pública visualiza como candidatura definida en el Partido Colorado. Lo cierto es que todo conduce a que el Partido Nacional tenga una votación proporcionalmente elevada en el mes de junio, lo que en sí mismo aparece como un factor potenciador hacia octubre.
Lo claro es que la izquierda lleva perdida toda la ganancia que obtuvo gracias al referendum de ANCAP y una parte considerable del impacto provocado por los graves sucesos económicos y sociales del 2002. Hoy está 6 puntos por debajo de setiembre del 2002 (donde alcanzó su máximo histórico, 54%) y 2 puntos por debajo de mediados del año pasado (donde registraba 50%). En las elecciones del 31 de octubre de 1999 el Encuentro Progresista-Frente Amplio más el Nuevo Espacio acumulan un 44% del total del electorado; el 48% que registran hoy implica una ganancia neta de 4 puntos porcentuales. Por otro lado, su ventaja sobre los partidos tradicionales sumados cayó de 22 puntos un año atrás a solamente 9 puntos. Un tercer dato es que el techo que hoy lograrían los partidos tradicionales se toca con el piso de la izquierda. Y finalmente, 5 puntos de los 48 están en duda. Todos estos datos coinciden en ver un cuadro de mucha mayor competitividad que la prevista al cierre del año pasado, tras el aplastante triunfo del SI en el referendum.
Por otro lado, este 48% lo deja muy cerca del triunfo en primera vuelta y más aún de la mayoría absoluta en ambas cámaras legislativas. Al haber alrededor de un 4% de voto en blanco y anulado, la mayoría absoluta se logra con algún decimal por encima de ese 48%. Además, hay 4 puntos porcentuales de la población que aunque adhieren a otros partidos, consideran la posibilidad de cambiar el voto hacia la izquierda, lo que de captarlos, les asegura un triunfo holgado.
El Partido Colorado no ha logrado cambios desde la gran caída experimentada tras la devaluación y el la semana de feriado bancario. A esta altura lo más probable que no haya cambios hasta pasadas las elecciones del 27 de junio. Con el nuevo escenario que resulte de las elecciones preliminares el coloradismo podrá ensayar un reposicionamiento político y electoral.
Es conveniente señalar que en todos los casos, sobre el total del electorado, un punto porcentual equivale a aproximadamente unos 23 mil votos. También es bueno remarcar que entre los partidos se obtiene un senador con algo más del 3% del electorado (entre 70 y 75 mil votos) y un diputado con cerca del 1% (22-23 mil votos)
El espectacular crecimiento del Partido Nacional es la nota dominante en lo que va del año. La lucha Lacalle-Larrañaga se plantea en las mejores condiciones para un partido político: en grandes números ninguno quita electorado al otro, sino que cada cual pesca entre los frenteamplistas, los colorados y los indefinidos. No es - como ocurre tradicionalmente - una lucha de circuito cerrado, sino que es un combate hacia fuera cuyos resultados producen efectos internos. Ambos candidatos captan de las tres fuentes, pero en diferente proporción. Lacalle básicamente captura voto colorado y Larrañaga voto frenteamplista; y ambos por igual convencen indefinidos. Pero en medida pequeña se dan trasvasamientos de frenteamplistas a Lacalle y de colorados a Larrañaga. El ex-presidente de la República partió de 7% del total del electorado en febrero, subió al 8 y medio a fines de marzo y al 9 y medio por ciento en la actualidad. El senador y ex-intendente de Paysandú tuvo el incremento más fulgurante: 4% en diciembre, 7 a comienzos de marzo, 12 y medio a fines del mismo mes y 13 y medio en la actualidad. La diferencia entre ambos fue de 3 puntos a favor de Lacalle en diciembre, empate a comienzos de marzo, 4 y medio de ventaja para Larrañaga a fin de ese mes y 4 puntos ahora (medio punto porcentual menos).
Pero lo fundamental en esta disputa es el nivel de concurrencia el 27 de junio. Si el voto fuera obligatorio la ventaja de Larrañaga sería de 4 puntos del total. Si en cambio se da el escenario opuesto, que concurre sólo los que hoy están seguros, esa ventaja se reduciría a un punto, es decir, a unos 25 mil votos; y si se amplía la concurrencia también a los expresan que probablemente votarán, la ventaja pasa a ser de 35 mil sufragios. La campaña electoral pues atiende a diferentes frentes, que es por un lado convencer y por otro motivar a concurrir y organizar la concurrencia de gente. Con estos datos parece claro que lo más importante para Larrañaga es generar una gran motivación y armar la mejor estructura posible; para Lacalle la mejor estrategia es apostar al mayor convencimiento de gente y esperar una concurrencia normal, no extraordinariamente elevada (Informe de Factum Opinión Pública, especial para El Observador. Derechos reservados. www. factum.com.uy)

 

Publicado en diario El Observador
mayo 22 - 2004