El comienzo de la segunda etapa
 

EMILIANO COTELO:
Al finalizar esta semana tan cargada de movimientos, decisiones, repercusiones de las elecciones internas del domingo pasado, resulta inevitable y muy conveniente un nuevo análisis político con Oscar A. Bottinelli. Conversamos con él el lunes con los datos en caliente, es más, con muchos de los números todavía incompletos y a la espera de los informes oficiales. Ahora se han procesado ya las decisiones políticas, el escenario va quedando delineado rumbo a octubre y hay bastante para conversar.

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"El comienzo de la segunda etapa" es el título que Oscar nos propone hoy. ¿Comparamos dos escenarios?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Sí, en primer lugar es la segunda vez que tenemos esta transición de etapa. Esta vez se agregó en el cambio de etapa la comparación entre los partidos, que no estuvo como un elemento significativo en 1999.

EC - Sí; lo conversábamos el lunes: cuando en abril de 1999 se desarrollaron las primeras elecciones internas con este sistema lo que se observó, se discutió, se evaluó fue qué había pasado dentro de cada uno de los partidos.

OAB - Exacto. Lo interesante es lo siguiente: de los tres partidos tenemos seis nombres en las fórmulas presidenciales y cambia el 50 por ciento.

EC - ¿Cómo es esto? No había sacado esa cuenta.

OAB - Claro, tenemos tres candidatos a presidente y tres a vice; de esos seis, tres son los mismos de 1999.

EC - Claro, Tabaré Vázquez, Nin Novoa y Abreu.

OAB - El único que cambia 100 por ciento, "el partido del cambio", es el Partido Colorado (PC).

EC - Que va con la fórmula Stirling-Tabaré Viera. Mientras que en el Partido Nacional (PN) la fórmula es Larrañaga-Abreu, que es el otro nombre que se repite; había sido candidato a vice con Lacalle hace cinco años.

OAB - El PC cambia en parte no por mérito propio, sino porque al haber ganado ni el presidente ni el vice podían repetir; la única repetición hubiera sido que el vice hubiera ido como candidato a presidente. El PC estaba más acotado porque tenía una sola posibilidad de repetición y en un solo cargo.

El PN repite en que sustituye Lacalle-Abreu por Larrañaga-Abreu, y el EP-FA por tercera vez consecutiva presenta exactamente la misma fórmula presidencial. Es un dato que marca que en medio de que se señala como cambios muy importantes, Uruguay siempre asegura continuidades. Estamos alejándonos muchísimos del Uruguay de prerrégimen militar, incluso del de la salida, pero no son cambios sustanciales en relación a la elección anterior ni a la otra, sino que siempre hay cambios importantes y continuidades importantes.

EC - Volvamos ahora a los números.

OAB - Es la primera vez que tienen este impacto. El EP-FA ha jugado a defender su resultado y ha salido con algunas explicaciones diciendo que las encuestas marcaron (creo que particularmente refiriéndose a algunas), auguraban para el 27 un 52 o un 48 por ciento.

Vamos por partes. Primero se dio algo que ya habíamos dicho aquí: que no iba a dar el cinco a tres de diferencia que tiene el EP-FA con el PN, esta era una cosa que había que saber que se iba a dar. Las encuestas daban un cinco a tres, pero no iba a dar un cinco a tres y dio casi un tres a tres.

EC - El cinco a tres se refería a la encuesta de intención de voto con vistas a octubre.

OAB - A octubre. Uno diría, el escenario general era que el EP-FA le llevaba una ventaja de cinco a tres al PN y a eso no lo iba a revalidar en las urnas. El error que no hay forma de corregir es haber dicho "esto es un plebiscito sobre nuestra fuerza", ahí está el tema. Todo intento de defender eso, cuando lo mejor que se podía hacer era minimizarlo, y no diciendo que salió distinto sino "Bueno: nos equivocamos, nuestra gente se equivocó, pero sigue estando"...

Hay algunos errores en la valoración de los números. Esto no es fácil de explicar. En cifras muy redondas el EP-FA sacó 42, el PN, el PC 15 y el resto anulados, en blanco y partidos menores.

Esto es de los que fueron a votar; no sirve como base para octubre.

Fíjense la distancia que hay hacia octubre en cualquier partido. ¿Cuánta gente fue a votar? La mitad de los que viven en el país, el 45 por ciento del padrón, más o menos el 90 del padrón es lo que vive en el país. Votó la mitad.

EC - Tú dices que el padrón real es 90 por ciento del padrón teórico.

OAB - Lo que yo llamo el electorado real, es un término que habitualmente uso aquí.

EC - Y votó el 45 por ciento del padrón, o sea la mitad del electorado real.

OAB - Claro, la mitad del electorado que vive dentro de fronteras.

¿Qué quiere decir que votó la mitad? La mitad del 42 es 21. El EP-FA llevó a las urnas el 21 por ciento del total del electorado, el PN el 20, el PC el 7 y medio y los otros el 1 y medio. Eso es lo que votó el domingo.

Por lo tanto, cuando desde el EP-FA se dice "Este es nuestro piso hacia octubre…" No, ese es el subsuelo. El 21% no puede ser el piso cuando era la votación de 1984. El piso del EP-FA está más bien en torno al 43 por ciento del electorado real, más del doble de esto. No engañarse con estos porcentajes aparentes.

El PN está muy por encima del 20, no sabemos cuál es el piso, pero muy por encima del 20. Y esto también apunta a otra cosa, si el PC apunta a captar a los colorados que votaron el domingo al PN va a aspirar a muy poco. Se está haciendo una ilusión óptica pensando que votó todo el Uruguay.

Primero dicen que la gente se quedó en su casa y después manejan los porcentajes como si hubiera votado todo Uruguay, dicen que el PN sólo pudo llegar al 40 por ciento porque hubo colorados que fueron ahí. Los colorados se quedaron en su casa también, como los blancos y los frenteamplistas. Que haya habido algunos colorados y la demostración sea: "Mirá, el vecino de enfrente es colorado y fue a votar"; bárbaro, pero eso estadísticamente no significa nada y conseguir al vecino de enfrente no le cambia la situación al PC. Cuidado con enredarse con estos números porque puede dar lugar al enredo de estrategias.

EC - Tú insistes en: ojo con confundir lo que es una votación de voto voluntario con una votación de voto obligatorio.

OAB - Claro, ojo con una votación cuando votó la mitad, no pensemos que la mitad es todo el universo, es la mitad del universo. El otro día en Canal 4 apareció Esmoris [actor que encarna el personaje humorístico de un candidato a la Presidencia] diciendo "Yo obtuve el 55 por ciento", estaba fuera del país y se autoadjudicaba la totalidad de los que se habían quedado en la casa.


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EC - Vamos a detenernos en las fórmulas presidenciales que han quedado definidas esta semana. Primero la del PN.

OAB - Primero digamos lo siguiente. Hay un tema que habría que estudiar más a fondo: qué impacto tienen las fórmulas, cuán personalizada está la elección; porque no es una elección personalizada, es una mezcla donde pesa y mucho lo partidario. Pero cuánto queda concentrada la parte personalizada en el candidato a la Presidencia de la República y cuánto pesa el vicepresidente. Hay quien dice -teoría no demostrada- que el vicepresidente puede pesar negativa pero no positivamente, es decir que más bien si el vicepresidente rechina de alguna manera eso puede afectar la fórmula, pero difícilmente supere debilidades que la gente le vea al candidato presidencial. Diría que dejemos esto en el ángulo de la teoría.

EC - Pero de alguna manera viene a cuento porque la designación del doctor Sergio Abreu como compañero de fórmula del doctor Jorge Larrañaga vino acompañada de una fundamentación.

OAB - Claro: todas las fórmulas presidenciales tienen algún sentido. Hay que ver si realmente terminan importando.

En principio vamos a ver qué señales dio la del PN y el tiempo dirá cuáles fueron positivas y cuáles negativas, porque en materia de diseño estratégico son los resultados los que mandan. Uno ha señalado muchísimos errores que ha cometido a Larrañaga y sin embargo le ha ido muy bien, entonces el riesgo es que alguna vez el error sea de verdad; hasta ahora su olfato le ha funcionado excelentemente bien.

El primer conjunto de señales no tiene que ver estrictamente con Abreu sino con cualquier persona de su tipo, que no es un herrerista. Hay que ver cuánto lo beneficia y cuánto lo perjudica, porque esto impacta sobre como mínimo un tercio del PN que es el Herrerismo, que no se va a sentir cómodo con una fórmula presidencial de la que fue excluido, que está diciendo con mucha claridad que no se siente cómodo; las señales que puede dar hacia fuera, que no cuenta con un partido unido.

Por otro lado, la otra señal es decir que busca el mayor alejamiento posible de algo. ¿Por qué digo "de algo"? Porque puede ser, en una visión que predomina dentro del PN, que hay que estar lo más lejos de Lacalle y del Herrerismo, que eso está mal visto. Esa es una visión que predomina en los sectores más fundamentalistas del antilacallismo -sectores como conjuntos de personas- que acompaña a Larrañaga.

Otra visión es estar lejos del pasado: "Manejemos un concepto de renovación, esta fórmula tiene a otro tipo de figuras". A esto es lo que apunta.

Después apunta a un candidato a vicepresidente que complementaría mucho al candidato a presidente, en la medida en que a Abreu no se lo ve como un político electoral: él intentó incursionar por ahí y no le fue bien, y quizás eso lo ayuda a esta imagen de que no es el individuo carismático captador de votos, sino más bien el hombre de gabinete. A él se le asigna ser un hombre muy conocedor del manejo de la economía en la ejecución de gobierno; no es un economista ni un teórico en economía pero maneja bien cómo se aplica la economía en el gobierno, particularmente ligada hacia fuera. Gran conocedor del Mercosur, maneja relaciones económicas internacionales y las relaciones con el mundo empresario, particularmente con el mundo industrial -es un hombre muy vinculado a la Cámara de Industrias.

Además, en el gobierno pasado pretendió jugar dos papeles. Hay un análisis nuestro de comienzos del período de gobierno, año 2000

http://www.espectador.com/text/anp06231.htm


, en que hacemos referencia a lo que era una estrategia de Abreu: intentar que el gobierno tuviera una especie de dos ministerios de Relaciones Exteriores, uno diplomático, jurídico, político, en las manos de la Cancillería -con Opertti-, y un ministerio del Mercosur y las relaciones económicas internacionales manejado por el propio Abreu. Esto se desinfló, por un lado por la confrontación con la Cancillería, y por otro lado porque para manejar las relaciones económicas internacionales hay que tener una sintonía total con el ministro de Economía y, a poco de andar, Abreu comenzó un permanente rechine con Bensión precisamente por lo segundo que voy a decir: porque en el gobierno pretendió transformarse en una especie de vocero de la industria nacional, de la necesidad de proteger a la industria nacional de la afectación de la industria del exterior.

EC - ¿Cómo juega en el armado de la fórmula y en la señal que la fórmula envía el hecho justamente de que fue ministro en el gobierno del doctor Jorge Batlle? Es más, que fue de los blancos que resistieron hasta último momento la idea de abandonar el gabinete.

OAB - Ahora vamos a las otras señales que significa Abreu. Primero, Abreu llega a su primer cargo público electivo como senador del grupo de Gonzalo Aguirre que vota la fórmula Lacalle-Gonzalo Aguirre, es decir que comienza su carrera política asociado a Lacalle. Es ministro de Relaciones Exteriores de la segunda mitad del gobierno de Lacalle, sucediendo a Gross Espiel. Tercero es candidato no por el Herrerismo sino como representando al no Herrerismo en la elección de 1999 en la fórmula Lacalle-Abreu. Integra el gabinete como ministro de Industria de Batlle desde 2000 hasta fines de 2002, en un ministerio muy ligado a la parte económica. Se enfrenta a Larrañaga junto con Gallinal y Ramírez en la defensa de la continuidad y el mantenimiento de la coalición de gobierno, lo expresa en el momento de retirarse diciendo que se retira con pesar y, ya retirado del gobierno, incluso colabora con él en el asesoramiento en las negociaciones con México, en el tratado de libre comercio con México.

Es decir que hay que ver cuánto afecta a la fórmula el hecho de que sea una persona fácilmente identificable con el gobierno.

Acá aparecen dos problemas, desde el punto de vista de la recomposición partidaria, puede verse como una fórmula que no une a todo el partido, y por otro lado que lo separa de la parte con la que no se quieren identificar. Son dos señales que se verá cómo recibe el electorado. Y luego es un hombre que no está tan separado de este gobierno como aparece Larrañaga.

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EC - Ahora le toca el turno a la fórmula del PC.

OAB - El PC resolvió la fórmula de acuerdo a las reglas que se había trazado; había una competencia Foro-15 y el que ganara de los dos sugeriría el nombre del candidato a vicepresidente, que fue lo que ocurrió.

Tenía varias opciones, básicamente dos grandes caminos: un político en actividad que hubiera competido electoralmente el 27 de junio o buscar alguna figura de relieve que tuviera en este momento fuera del primer plano de la lucha electoral.

EC - Esas eran las dos opciones.

OAB - Las dos grandes opciones. Fueron manejados diversos nombres, más o menos los que uno podía tener en la cabeza. Ahí hubo algunos nombres que tenían dificultades personales, como el caso de Opertti, a quien aceptar la candidatura a vicepresidente lo hubiera hundido o afectado mucho en la posibilidad de ser nombrado secretario general de ALADI, era muy difícil para los demás países en octubre nombrar a un candidato vicepresidencial en carrera.

EC - Otro de los nombres fue el del contador Ariel Davrieux, por ejemplo.

OAB - El contador Davrieux, que no aceptó; el embajador Fernández Faingold, que… La primera versión que nos llegó fue que él no aceptaba; después apareció a último momento la versión de que había sido vetado por el propio candidato presidencial. Todas las informaciones, incluso sobre el proyecto de vida de Fernández Faingold concluyen en que no había una candidatura electoral en su horizonte; un hombre que ya volvió a lo que fue su origen, el mundo de los organismos internacionales y los estudios internacionales.

EC - Esos fueron tres de los nombres que circularon en una primera etapa, en las horas más cercanas al domingo.

OAB - Finalmente se optó por el otro camino. En general aparecieron reclamos de alguna gente de la 15, de por qué no un quincista, posibilidad que ya había sido frenada por parte de Atchugarry, entre otras cosas por la razón del artillero: había un acuerdo político y era tratar de hacer saltar un acuerdo político pretender la 15 que se equilibrara la fórmula después de haber declarado que Stirling no era candidato en particular del Foro sino que era de los dos. Ahí ya hubo un entrevero con el tema.

En general la sensación que hubo fue que tampoco fue un manejo 100 por ciento prolijo...

EC - Lo que pasa es que además no estaban negociando o conversando el Foro y la 15, porque de hecho el Foro tenía el derecho de nombrar el candidato a vice; también opinaba e incidía el candidato presidencial, un tercer actor en ese diálogo era el escribano Stirling.

OAB - Yo diría que además del Foro, es decir Sanguinetti y un conjunto de gente con ideas y opiniones distintas.

EC - O sea que también dentro del Foro había discrepancias o diferencias.

OAB - Y la 15 no era la 15, era también un montón de gente con opiniones distintas. Eso es natural. El resultado final es una figura política relativamente joven, mayor que Larrañaga -Tabaré Viera tiene 49 años-, que fue diputado muy joven, en 1985. El primer tema es que no es una figura muy conocida en la opinión pública, es más bien conocida en el sistema político, en Rivera por supuesto y en algunos lugares del país desde el momento en que llevó votos en muchos departamentos, incluso en Montevideo. Pero no es de las figuras que si uno presenta en las encuestas la gente inmediatamente sepa de quién estamos hablando.

Esto tiene una ventaja y un inconveniente. La ventaja es que una figura que es un papel en blanco para muchísima gente es más fácil proyectar a partir de lo que se pretende proyectar; lo difícil es el problema del tiempo, porque esto se lanza a menos de cuatro meses de las elecciones e implica la necesidad de posicionar muy rápidamente a una figura como el candidato a vicepresidente de la República.

EC - Por lo visto ése fue el camino elegido por el PC en las dos instancias. Cuando se nombró a Stirling ocurrió lo mismo.

OAB - Pero el candidato era muy conocido.

EC - Sí, pero posicionarlo como candidato era una tarea, un desafío.

OAB - Era una tarea posicionar al ministro de mejor imagen sostenida durante todo el gobierno de Batlle y el último año y pico del gobierno de Sanguinetti. O sea que se partía de una figura altamente conocida y muy bien valorada.

EC - Eso de todos modos no fue sencillo, así que esto que viene con Tabaré Viera tiene más complejidad aún.

OAB - Claro. Quizás lo primero sea que una figura poco conocida no va a hacer daño por sí mismo. Además no es una figura fácilmente atacable: Tabaré Viera no es una figura que haya recibido ataques a lo largo de estos 20 años de vida política que hagan que uno diga que puede ser bombardeado por aspectos personales o políticos. Desde ese punto de vista es una figura que cubre lo negativo, para empezar. Hay que ver todo lo que puede dar desde el punto de vista positivo. El riesgo que tenía frente a una candidatura presidencial que le costó potencia, era una fórmula que desequilibrara en potencia en relación al vice; ese era uno de los problemas que tenía armar la fórmula, porque para el PC todo pasa por potenciar a Stirling, extraer las mayores virtudes que la población ya le vio y que eso se traduzca en votos. Es una figura de altísima imagen que no logra traducir esa imagen en votos. El problema es que no se opaque la figura de Stirling, sino al revés, que esa buena imagen se traduzca en votos.

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EC - Ahora están todos los actores en la cancha: el PN con la fórmula Larrañaga-Abreu, el PC con la fórmula Stirling-Viera y el EP ya tenía resuelta su fórmula, Tabaré Vázquez-Rodolfo Nin Novoa. ¿Cómo se vislumbra la competencia?

OAB - Nos falta un tema para ver más adelante, que es que cada partido tiene que terminar de armar sus competencias interiores: listas al Senado, sublemas al Senado, y en particular la izquierda cómo va a reacomodar las alianzas internas a partir de estos resultados.

EC - Qué impacto tiene ese triunfo holgado en la interna del Espacio 609, constituyéndose en la primera fuerza con el 33 por ciento, cómo queda el Partido Socialista con su 17%, qué pasa con la Vertiente Artiguista, Asamblea Uruguay, Alianza Progresista, que han estado debajo del 10. Todo un capítulo aparte.

OAB - Además si se procura o no configurar una simplificación en polos políticos...

EC - Pero hablemos del escenario general de la competencia.

OAB - Lo primero que marca el 27 de junio es la confirmación de que finalmente en Uruguay el sistema político es de dos grandes polos, el tripartidismo no reverdeció desde el punto de vista sustantivo, sino que hay un bloque de partidos tradicionales que ha demostrado que no tiene frontera entre un partido y otro. Hay apenas un "límite departamental" donde se puede el elector deslizar con mucha facilidad desde un partido a otro como sintiéndose parte de ese bloque. El hecho de que muchas personas -se vio mucho a nivel de empresarios de raigambre colorada- estén entusiasmadas con la posibilidad de un éxito de Larrañaga está marcando que consideran que hay un bloque de este lado en el cual incluyen desde Larrañaga hasta el PC, y que hay otro bloque enfrente.

Esta primera realidad va a marcar la competencia. La competencia nace como una competencia entre dos bloques y no entre tres partidos. Mucho más explícitamente que en 1999 es una competencia entre la izquierda con Tabaré Vázquez y el resto, el bloque tradicional. Lo más probable es que, de haber balotaje, por el bloque tradicional vaya Larrañaga y no Stirling. Es decir que prácticamente hay dos competencias: una entre el bloque tradicional y la izquierda, donde la izquierda compite no sólo por ganarle al bloque tradicional sino al bloque tradicional más los partidos chicos, más el voto en blanco y el anulado, para superar el 50 por ciento en la primera vuelta, ese es su objetivo, mientras el bloque tradicional lo hace para que el EP-FA no llegue y haya balotaje. Y hacia el balotaje compiten, ahí sí, Larrañaga con Stirling, PN con PC.

Visto así inicialmente en una competencia donde lo más fuerte, personalizándola, es Vázquez-Larrañaga.

En esta competencia hay siempre dos posibilidades, en ambos lados hay quien dice "compitamos con confrontación de modelos"; ese es un diseño. El otro es "compitamos por ocupar el centro". La confrontación de modelos de alguna manera la está pidiendo para señalar como una fuerza en el FA, Gargano, está diciendo que correrse hacia el centro tiene costos. ¿Qué quiere decir no correrse hacia el centro? Marcar que hay un foso divisorio que divide a un lado y otro, y que lo que se van a elegir son modelos diferentes. Del lado de los partidos tradicionales están los que dicen "Con un discurso parecido al del FA no vamos a ganar, y si ganamos es peligroso para gobernar", porque las críticas que surgen a la posibilidad de un discurso mezclado no son sólo electorales, son de gobernabilidad: tienen miedo a generar una expectativa en la opinión pública similar a la que pueda generar el FA con la diferencia de que un Larrañaga presidente va a tener menos capacidad de freno a las demandas que un Vázquez presidente, y por lo tanto para tener capacidad de freno no hay que generar expectativas similares a las que puede generar el FA. Ahí hay un primer ángulo de discusión.

El segundo ángulo es al revés: ocupando el centro, cada uno mirar a la parte más fuerte del otro y (por ejemplo desde el ángulo larrañaguista -no sólo al sector de Larrañaga sino a todo el espectro en los partidos tradicionales-) decir "Cuidado, porque Vázquez está diciendo cosas parecidas a las que dice Larrañaga, pero Vázquez va a gobernar tironeado por el Movimiento de Participación Popular, por grupos radicales, por grupos ideológicamente de una izquierda fuerte, con grupos con una ideología marxista, y la aplicación del programa de Vázquez va a ser otra cosa".

Ese va a ser uno de los discursos en caso de superponerse en el centro. Yo creo que los candidatos van derecho a superponerse en la campaña electoral, más allá de los tironeos que tenga cada uno de su lado. Vázquez está muy decidido a eso, si no no hubiera dicho todo lo que dijo del no salariazo, del pago de la deuda externa, que no hay que esperar milagros... Y Larrañaga tampoco está en un discurso duro, confrontacional con la izquierda. Más bien está Vázquez jugando a que Larrañaga es una especie de fotocopia de las ideas que ha planteado el EP-FA, y Larrañaga apuntando a "las oscilaciones, la incertidumbre que genera Vázquez en los aspectos de confiabilidad personal en cuanto a experiencia de gobierno", ambos desideologizan yendo más a los atributos personales de cada uno. Y en lo más ideológico jugando no al candidato en sí mismo sino a lo que tiene detrás. Yo dije lo de Larrañaga: "la izquierda radical, el marxismo", etcétera. Del lado de Vázquez: "detrás de Larrañaga está Lacalle, Sanguinetti, Batlle, los que gobernaron los cuatro gobiernos habidos en el país desde 1985 a la fecha y por lo tanto es el continuismo", y están juzgando la figura de Abreu como la prueba del continuismo.

Pienso que no va a ser tanto una competencia ideológica, como por ejemplo podía ser planteada entre Sanguinetti y Gargano, sino que va a ser una competencia donde los dos van a querer ganar ocupando el centro, pero para ello, además de ser más veloces en ocuparlo, intentar desplazar al otro del centro hacia una punta, y provocando que el otro deba apoyarse en determinados soportes que tiene cada uno de ellos; que Vázquez deba apoyarse en la izquierda más fuerte, más radical o la más marxista. y los gobernantes y dirigentes en los pesos más pesados que tuvieron los partidos tradicionales en estos años.

Y además jugar a las debilidades personales que cada uno le atribuye al otro. Y por supuesto, cada uno jugar sus propias virtudes personales. En definitiva ninguno de los dos llega con una trayectoria de haber ejercido cargos de primerísimo nivel de ejecución de gobierno: llegan desde administraciones municipales y Larrañaga agrega una senaturía. Desde ese punto de vista no es confrontar a alguien que fue ministro, ni hablar que haya sido presidente; por lo tanto se les puede señalar a ambos vacíos, pero también el imaginario da para que todo sea posible en su capacidad de ejecución porque errores en el ejercicio del gobierno ninguno de los dos ha tenido porque ninguno ha estado en esos cargos de gobierno.

Radio El Espectador
julio 2 - 2004