El grueso de los agremiados está en la franja de 31 a 45 años

Uno de cada 11 uruguayos está afiliado a algún sindicato o  colegio profesional

Uno de cada 11 uruguayos declara estar afiliado a algún gremio, sindicato o colegio profesional. Los de mayor agremiación son los profesionales universitarios, seguidos de funcionarios públicos y empresarios. Entre los asalariados privados, los estudiantes y los pasivos existe un afiliado cada 20 personas. El grueso de los agremiados se encuentra entre los 31 años y los 45 años de edad, y tiende a un nivel de educación relativamente alto

El agremiarse es un acto en el que el individuo busca trascender la individualidad, ser parte de un yo colectivo, de un conjunto de personas con un elemento importante común, generado por el vínculo de trabajo, profesión o estudio.

En Uruguay, en las décadas de 1950, 1960 y 1970 (comienzos) los gremios de trabajadores y de estudiantes tuvieron un alto nivel de afiliación y quizás un mayor nivel militante; ambas estructuras, cuyos máximos exponentes fueron la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) y la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), en su momento convergieron en el Plenario Obrero-Estudiantil. Los dirigentes de una y otra estructura estuvieron fuertemente vinculados a la izquierda.

El fenómeno de alguna manera se repite a la salida del gobierno de facto, en el período que va desde 1982-83 hasta los primeros años de la década siguiente; tanto el movimiento sindical como el estudiantil retoman su vieja fuerza militante.

Hoy, a comienzos del siglo siguiente, el nivel de actividad de uno y otro movimiento es considerado por los observadores, y por muchos de sus protagonistas, como muy lejano al de aquellos años. Precisamente cuando la izquierda, que sigue influyendo en la dirección de sindicatos y gremios estudiantiles, ha duplicado su ascendencia sobre la sociedad.

Sin duda la afectación de los sindicatos y los gremios estudiantiles se inscribe en la caída general de las instituciones clásicas de intermediación entre el Estado y la sociedad, fenómeno que afecta también a los partidos políticos.

Es interesante observar que la agremiación de los profesionales universitarios exhibe la más alta tasa, como que de cada dos profesionales uno de ellos está afiliado a algún colegio profesional. La tasa es sensiblemente mayor si se cuentan exclusivamente las viejas profesiones (médicos, abogados, escribanos, contadores, arquitectos, ingenieros), porque en las nuevas profesiones la tasa de afiliación es sensiblemente menor (cientistas sociales, psicólogos, analistas programadores y de sistemas). Los profesionales además, muchos de ellos, se caracterizan por la doble afiliación: al colegio profesional en tanto profesionales universitarios, al respectivo sindicato de funcionarios públicos en tanto asalariados estatales en relación de dependencia. De los asalariados propiamente dichos, de las personas cuya actividad laboral se realiza en relación de dependencia, la tasa de agremiación de los funcionarios públicos es desmedidamente mayor que la de los privados: 32% contra 6%, al punto de que a pesar de que el número de empleados y obreros privados es el triple que el de funcionarios públicos, el número total de asalariados privados agremiados es apenas poco más de la mitad que el número de funcionarios públicos sindicalizados.

Básicamente hoy el movimiento sindical es de manera dominante un movimiento de funcionarios públicos, nacionales y municipales. Casi tan importante porcentualmente y en números absolutos como los funcionarios públicos es el nivel de agremiación de los empresarios, no sólo por los grandes empresarios, sino por los nucleados en los centros comerciales e industriales departamentales, los pequeños y medianos nucleados en gremios por rama de Montevideo y los productores rurales.

Los trabajadores por cuenta propia (independientes o autónomos) prácticamente no registran agremiación alguna. En cambio el nivel de afiliación de estudiantes y de pasivos (jubilados y pensionistas) es similar al de los asalariados privados.

Publicado en diario El Observador
junio 10  - 2001