LOS URUGUAYOS CONFIAN MAS EN SI MISMO QUE EN EL PAIS Y EL GOBIERNO NACIONAL

La confianza es "la esperanza firme que se tiene en una persona o cosa", según la Real Academia Española, pero también es la "presunción y vana opinión de sí mismos". O también "ánimo, aliento y vigor para obrar". Queda para otros pueblos más objetivos definir cuál de las dos acepciones corresponde a los uruguayos, cuyo nivel de confianza en sí mismos es de 93 puntos en 100. Como quien dice, es un pueblo altamente confiado y seguro de sí mismo.

Pero confianza también se asocia con certeza, con moderación, con gradualidad en las conductas, y estos elementos encajan perfectamente en la tipología del uruguayo medio. Los confiados en sí mismo son el 90% de la población y otro 6% expresa un nivel neutro; solamente el 4% se ve con poca o ninguna esperanza.

A la hora de juzgar al país, la cosa es diferente. Antes que nada conviene aclarar que la pregunta es directa e inequívoca: ¿Cuánta confianza tiene usted en el país? Tan clara la interrogante como subjetiva la respuesta, porque confianza quiere decir muchas cosas para diferentes personas: expectativa cierta de un futuro promisorio, valoración de seriedad en el comportamiento nacional, seguridad por vivir en esta tierra o pertenecer a esta comunidad, certeza en los caminos que el país emprende, moderación con que se aceptan los vaivenes del mundo. Y el nivel de confianza de la gente es mediano, tendente a positivo, como que el indicador registra 58 puntos en 100. La confianza en el país es mayor cuanto mayor es la edad, al punto que el nivel registrado por los mayores de 60 años es francamente alto. Y un dato muy interesante que requiere profundizar la búsqueda de explicaciones es que hay mayor confianza en el país cuanto más interés hay en la política, y por supuesto a la inversa, los más desinteresados en la cosa pública son los que registran poca o ninguna confianza en Uruguay. Y mientras los no estudiantes tienen alta confianza, la de los estudiantes es relativamente escasa.

La pertenencia política se asocia con la visión del país: la confianza en el país es muy alta entre los colorados, alta entre los blancos, mediana en los independientes y nuevoespacistas, y baja entre los frenteamplistas. Consecuentemente, los que aprueban la gestión del presidente Jorge Batlle tienen positivas esperanzas en el país y los que desaprueban ese desempeño a su vez manifiestan pocas o nulas expectativas.

Y surge que el comportamiento de las edades, niveles socioeconómicos, filiaciones políticas, grados de interés en la política y visiones de la gestión presidencial es similar cuando se mira la confianza en el país y cuando se mide la confianza en el gobierno. Con una característica: todas las categorías, absolutamente todas, inclusive los colorados y los que aprueban el desempeño de Batlle, tienen mayor confianza en el país que la que tienen en el gobierno. A su vez hay que destacar que el indicador de confianza en el gobierno (39 puntos en 100) es sensiblemente inferior al nivel de aprobación del presidente de la República (53 puntos; ver El Observador del 5 de noviembre de 2000). ¿Por qué ocurre este último fenómeno? Puede haber dos explicaciones: una es que en general las personas logran mayor adhesión que las instituciones. Segunda explicación, que alguna validez tiene por la magnitud de la diferencia, es que existe una franja bastante importante de gente descorazonada en relación al gobierno pero que continúa seducida por el primer mandatario, lo cual constituye un activo para éste, aunque un activo de base poco firme y por tanto con necesidad de consolidación. Dos datos constituyen motivo de alerta para el país: el 35% de las personas de 15 a 30 años de edad tiene poca o ninguna confianza en el país; y cuando se trata de estudiantes, esa escasa confianza abarca al 41%.

Publicado en diario El Observador
noviembre 26  - 2000