LOS URUGUAYOS MUESTRAN EL MAS BAJO INTERES EN POLITICA DE LOS ULTIMOS AÑOS

Se dice mucho que fútbol y política son dos grandes pasiones de los uruguayos. Sin duda es uno de los pueblos donde la política ocupa un lugar importante en la vida y en las preocupaciones de la gente.

Ahora bien, ¿cuánto preocupa la política? En una escala de 0 a 100 puede decirse que la actividad política, o los hechos políticas, se ubican entre los 40 y los 53 puntos, lo cual es bastante, pero no demasiado. Si se desagrega la conducta de la gente, resulta que hoy para la mitad de la población el interés es poco o nulo, para un tercio el interés es mucho o bastante y para un sexto la atracción es más o menos, ni mucho ni poco, lo que quiere decir que algún tipo de interés despierta.

La atracción por lo político ha oscilado en la última década en trece puntos en esa escala sismográfica de la opinión pública, lo que por un lado marca cierta estabilidad de los comportamientos, y por otro indica que hay factores que afectan el interés y el desinterés. Los picos máximos corresponden todos al momento inmediato de una elección presidencial, como lo fueron los comicios de 1994, las preliminares o primarias de abril de 1999 y las dos rondas consecutivas de octubre y noviembre del mismo año. Los pisos se dan en las lejanías de esa instancia decisoria. Una instancia extraordinaria de carácter electoral, como el plebiscito constitucional de 1996, levantó algo la atracción por la política, pero no demasiado (pasó de 44 a 46 puntos, y volvió luego a los 44 puntos).

Es interesante ver que 1994 marcó el punto más alto de la escala, la caída fue lenta (bajó a 48 puntos en un año y a 44 en el siguiente). En este largo ciclo electoral 1999-2000 el grado de interés se acercó pero no igualó el de cinco años atrás; entre abril y octubre se produjo una fuerte caída. Pero lo realmente interesante es que pasado ese año intenso, cuyo éxtasis fue el balotaje, en seis meses ocurre una caída similar a la que en el período anterior llevó dos años. En las elecciones municipales de mayo el interés en política era similar al promedio de los tres años no electorales del quinquenio pasado. Y en los tres meses siguientes ocurrió una nueva caída en el interés, de igual dimensión: seis puntos cayó el interés de noviembre a mayo, y otros cinco puntos de mayo a agosto. Estos datos parecen confirmar la sensación de hartazgo de lo electoral, de saturación de lo político, que generó la inauguración del nuevo sistema electoral, con un año y medio de campaña electoral y cuatro actos eleccionarios consecutivos.

Como siempre ocurre, la visión del conjunto de la sociedad oculta las diferencias entre ellas. Y las hay. Quizá la más importante está relacionada con el nivel económico social y el nivel educativo de la gente. Los niveles más altos son los más atraídos por la vida política y los niveles más bajos los más distantes. Y entre el techo y el piso hay un perfecto degradée social y educativo. Cada escalón que baja la educación o la clasificación económico social, es un poco menor el interés en la política. Otro elemento diferenciador es la inclinación partidaria, donde surgen tres claros niveles: los más interesados son los frenteamplistas, un poco menos los colorados y blancos, y la gente más distante es la independiente, la que no adopta pertenencias partidarias.

En cambio no es demasiado grande la diferencia de interés en las distintas generaciones, aunque quienes se socializaron políticamente (votaron por primera vez) entre 1962 y 1984 son quienes manifiestan un poco más de atracción (hoy tienen entre 34 y 59 años de edad), mientras que los que estrenaron su ciudadanía antes (con 60 años cumplidos o más) son los que expresan relativamente el menor grado de atracción por el tema. Y es apenas mayor el interés en Montevideo que en el interior y entre los hombres que en las mujeres, en ambos casos en forma constante, pero apenas.

Esta caída abrupta del interés en política ocurrida este año plantea una interrogante, que sólo podrá develarse no antes de 12 meses: si se trata de un hartazgo pasajero, algo así como estar empalagado por exceso de elecciones, o si algo profundo está cambiando en la sociedad, en la relación entre la gente y la política.

Publicado en diario El Observador
octubre 22 - 2000