LOS URUGUAYOS SIGUEN TENIENDO UN JUICIO NEGATIVO DE LA SEGURIDAD PUBLICA

La seguridad pública es desde hace más de una década uno de los cinco temas de mayor preocupación de los uruguayos, particularmente de los habitantes del gran Montevideo y del gran Maldonado, es decir, de las zonas con características metropolitanas del país. En forma persistente la percepción de la ciudadanía es de una visión fuertemente negativa. Sin embargo, una aparente contradicción es que dos ministros del Interior fueron los delfines de dos presidentes sucesivos: Juan Andrés Ramírez de Luis Alberto Lacalle, y Luis Hierro López de Julio María Sanguinetti. El por qué no es contradictorio, surge de un dato relevante: para la mitad de la población la delincuencia tiene raíces sociales y para la otra mitad la responsabilidad es de la benignidad de las leyes, la tolerancia de los jueces o la ineficacia estructural de la Policía. En definitiva, duros y blandos coinciden en que la responsabilidad del ministro del Interior es lateral y que los cambios que impulse necesitan un largo lapso para que fructifiquen. A hoy (agosto y setiembre de 2000) la población considera que la situación de la seguridad pública es algo negativa, pero no francamente mala. Hace dos años, el juicio era categórico: mala. El Indice Factum de Imagen de la seguridad pública, indicador que combina los juicios positivos, negativos y neutros, así como la ausencia de opinión, en una escala de 0 a 100, recoge para la seguridad pública 32 puntos en la actualidad y 21 puntos dos años atrás, es decir, en ese tiempo el puntaje se multiplicó por una vez y media. El tema de la inseguridad frente a la delincuencia afecta a todo el país, o es visto como preocupante, pero con énfasis diferente. Mientras la situación es claramente mala para los habitantes del gran Montevideo (la capital y su área metropolitana de Canelones y San José), es casi insatisfactoria para los residentes en el resto del territorio, en lo que se puede denominar el interior puro. También hay variación en como ven el problema los diferentes niveles socioeconómicos, aunque no hay una linealidad, un degradé claro. De más pesimistas a menos pesimistas el orden es nivel alto, nivel semibajo, nivel medio y nivel bajo. Es decir, el estrato más bajo de la sociedad, que representa a la quinta parte de la población, tiene un juicio más tolerante, por ejemplo, que quienes están un poco mejor (los del escalón semibajo). Las dos diferencias anotadas son geográficas, tienen que ver con dónde vive la gente. Por tanto, las diversas percepciones pueden obedecer a distintas realidades.

La seguridad pública es vista como en peor estado por las mujeres que por los hombres. Ellas otorgan al tema 30 puntos, ellos 37. Aquí la distinción ya no pasa necesariamente por realidades diversas, sino por formas diferentes de sentir esa realidad y de reaccionar ante ella. Tiene más que ver con los temores y las angustias. En cambio, es bastante similar la forma de percibir el tema por los jóvenes, los adultos medios y las personas mayores, todos ellos perciben el problema de manera parecida. Para los colorados la situación es mejor que para los blancos, quienes a su vez la ven mejor que los frenteamplistas. Las visiones de la realidad tienen énfasis diferentes, pero siempre a partir de un hecho: el sector político o social más afirmativo en relación a la seguridad pública, considera que la situación es insatisfactoria; para los más negativos, la situación es francamente mala. Y todos, afirmativos y negativos, coinciden en una cosa: que hoy está mejor que dos años atrás.

Publicado en diario El Observador
octubre 15 - 2000