23 Dic. 2017

Truenos en la tierra de los Batlle

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Los datos dejan bastante claro que en términos estrictamente electorales de valor catalán, triunfó el independentismo y con mayor holgura aún el reclamo de autodeterminación […] Como segunda meta puede haber varios ganadores distintos y hasta opuestos, parecería que Citadans aparecen como ganadores en el conjunto de España, como la derecha moderna, pujante, joven y limpia, para desafiar el liderazgo del Partido Popular, asociado a las viejas prácticas políticas y a la corrupción.


Cuidados a la hora de leer los resultados de las elecciones catalanas

Hace 217 llegó a estas tierras don Josep Batlle i Carreó, fundador de la dinastía política más relevante del Uruguay, que dejó un presidente de la República en cada una de las cuatro generaciones que lo sucedieron. Vino de Cataluña, más precisamente de la provincia de Barcelona, y más estrictamente de Sitges. Cataluña dio a este país una pléyade de figuras políticas, intelectuales y sociales. Por todo ello, lo que pasa en Cataluña -como lo que pasa en el País Vasco, en Galicia, en toda España- no es ajeno a esta comarca del lejano sur. Hoy Cataluña se encuentra en una gran convulsión que además afecta a España toda.

Este jueves hubo unas elecciones muy peculiares1. Lo que allí ocurrió y cómo sucedió da mucho material para un análisis político, más allá del lugar en que ocurrieron, por lo que vale la pena meter el diente para estudiar comportamientos y procesos de validez universal.

Para empezar por el principio, como aconseja el maestro Pero Grullo, conviene ver los resultados en votos y bancas, expresados por bloques. En principio las distintas fuerzas pueden agrupare en un bloque independentista, también llamado soberanista, compuesto por Junts x Catalunya (o lista Puigdemont, el presidente en el exilio de la Generalitat), Esquerra Republicana de Catalunyia (ERC, liderada por el vicepresidente de la Generalitat, preso) y Candidatura d’Unitat Popular (CUP). Del otro lado, otro bloque llamado españolista, unionista o constitucionalista, compuesto por Citadans, Partit des Socialistes de Catalunya (PSC) y Partido Popular de Cataluña. Fuera de bloques, Catalunya en Comú–Podem (CeC-P), no independentistas pero autodeterminacionistas (partidarios del derecho de los catalanes a decidir su destino en un referendum).

El independentismo logró el 47,7% de los votos frente al 43,9% de los unionistas (incluido el pequeño partido Recortes Cero) y por fuera un 7,5% de lo autodeterminacionistas no independentistas y 0,9% para fuerzas menores no definidas sobre el tema principal. En bancas, de un total de 135: 70 para el independentismo, 57 para el unionismo, 8 para CeC-P.

Si se analiza otro eje: el 55,2% de los votos está a favor del derecho a autodeterminarse (definir por sí su destino), 43,9% en contra y 0,9% sin definición. En bancas, 78 por la autodeterminación y 57 en contra. En todos los casos, los votos se calculan con el escrutinio aún no finalizado y sin revisión final.

Estos datos dejan bastante claro que en términos estrictamente electorales de valor catalán, triunfó el independentismo y con mayor holgura aún el reclamo de autodeterminación. Sin embargo, muchos medios de comunicación (algunos con clara intención política, otros quizás por despiste) han manejado que el “ganador” es Citadans, por ser el partido más votado y con más bancas. Esa apreciación supone un concepto deportivo de las elecciones, más bien ciclístico, porque en una competencia de bloques gana el bloque mayor, que es el que va a formar gobierno. Así como en Uruguay en 1999, el Frente Amplio fue el más votado (en votos y bancas), mientras que el ganador fue la coalición de los partidos Colorado y Nacional, que logró una holgada mayoría parlamentaria y luego se impuesto en el balotaje presidencial (con la elección del catalán Jorge Batlle). Como segunda meta de cada quien puede haber varios ganadores distintos y hasta opuestos, parecería que Citadans (y su líder nacional el catalán Albert Rivera) aparecen como ganadores en el conjunto de España, como la derecha moderna, pujante, joven y limpia, para desafiar el liderazgo del Partido Popular, asociado a las viejas prácticas políticas y a la corrupción.

Un segundo tema a aclarar es que hay una fuerte desviación entre el porcentaje de bancas y el porcentaje de votos, en favor del independentismo, lo que suena un poco inaceptable para los uruguayos, con la mentalidad propia de quienes forman parte del pequeño puñado de países que practican la proporcionalidad pura entre partidos. Pero en el mundo lo que predomina -guste o no- es la desproporcionalidad- y ello ocurre en España (y en Cataluña, País Vasco, Galicia, Andalucía y toda las demás comunidades, excepto las monoprovinciales); como además ocurre en Francia (Macron con poco más del tercio de los votos obtuvo los dos tercios del Parlamento) o el Reino Unido (donde es frecuente la mayoría en bancas sin mayoría en votos). Entonces, si las grandes fuerzas siempre han aceptado estas reglas de juego, ello vale para cuando se gana y para cuando se pierde.

De paso, hay una constante inexplicable entre periodistas, analistas y políticos españoles de acusar de esa desproporcionalidad al Método d’Hondt. Cosa que nada tiene que ver, desde el momento en que ese método aquí en Uruguay se aplica y la proporcionalidad es purísima. Ocurre que la desproporcionalidad española (y de sus regiones), como lo han demostrado múltiples estudios de politólogos españoles, es producto no del método sino de la varianza O dicho en criollo: de que los votos no se suman a escala global (como en Uruguay), sino provincia por provincia; y más importante aún, que los votos cuestan diferente en cada provincia. La regla general es: una banca en un área metropolitana cuesta mucho más que en las provincias del interior, y cuentan cada vez menos cuanto más rural es la provincia.

Por último, las encuestas, que en toda España se prohíben publicar siete días antes de las elecciones, lo que lleva a que muestren procesos aún inconclusos. Aún así, hay dos tipos de comportamiento: Uno, el de la principal encuesta propiamente española presentó un escenario que permitía avizorar un triunfo del españolismo, lo que no ocurrió. Otro, el de las dos principales encuestadoras catalanas (Gesop y Gad-3), que presentaron escenarios entre los bloques que luego fueron confirmados en las urnas; en cambio, tuvieron importantes desviaciones al interior de cada bloque, especialmente por los respectivos aludes de votos en favor de la Lista Puigdemont y de Citadans, lo que permite suponer fuertes movimientos de última hora.


1 Primera de dos notas sobre las elecciones celebradas el jueves 21 en Cataluña.