09 Set. 2017

Cuando el FA se juega su destino

Oscar A. Bottinelli

El Observador

En quiénes piensan los dirigentes del Frente Amplio, cuál es el círculo al que quieren dirigirse […] el FA tiene ante sí decidir si el concepto de unidad … está por encima de la ética; o prevalecen los conceptos éticos aún a riesgo de la unidad […] qué hace Tabaré Vázquez: el vicepresidente no integra el Consejo de Ministros (si) lo sigue invitando y con ello pasa a respaldarlo o deja de invitarlo y le quita el respaldo.


Su problema no es ni internista ni con los ajenos, es con los suyos

El Frente Amplio afronta la crisis más delicada de su larga vida de casi medio siglo, porque es la primera en que lo que está en juego son acusaciones éticas y de uso indebido de la función pública por parte de una de las figuras más relevantes de la fuerza política, juzgada severamente por el Tribunal de Conducta Política, en un fallo también sin precedentes. Otras veces tuvo que afrontar escisiones, riesgos de división, la creación de proyectos alternativos, la amenaza de desaparición del Frente Amplio con ese nombre. Desde los fines de 1973 hasta los fines de 2005 esas desafíos estuvieron presentes, es decir, durante 32 de los casi 47 años de vida, pero todos ellos tuvieron causas políticas, ideológicas, estratégicas. Fue la confrontación o la dificultad de síntesis entre diversas formas de ver el mundo, la sociedad, la historia, el país. Esta es la primera vez que lo que está en juego es la forma de ejercer los cargos públicos desde el punto de vista personal; están en juego visiones diferentes sobre la ética en la vida pública. Es un andarivel completamente diferente. Pero también ocurre en el momento en que terminó la etapa de constante crecimiento del Frente Amplio: lleva dos elecciones en fase descendente y se encuentra en un momento de divorcio o al menos de separación de cuerpos con circa un tercio de los suyos. El problema mayor del Frente Amplio no es con los ajenos, es con los propios.

Pero además hay un problema institucional, porque no es nada menor que lo que esté en juego es la valoración de la persona que preside el Poder Legislativo y es el sucesor del presidente de la República. Y está en juego el prestigio del país. Un dato significativo. El historiador Carlos Malamud, investigador jefe del Real Instituto Elcano de España, publica en su blog y en El Heraldo de México: “Dos vicepresidentes en apuros. Hoy los vicepresidentes de Ecuador y Uruguay están en apuros, acusados de corrupción. Pese a ello, ninguno quiere renunciar”. Esta es la visión que del país se trasmite al mundo.

En la últimas elecciones nacionales (26 de octubre de 2014) votó al Frente Amplio 1.134.187 personas, mientras que a la izquierda en su conjunto, a todo lo que va desde el centro hacia la izquierda, 1.211.641, suma del propio FA, Unidad Popular, Partido Ecologista Radical Intransigente, Partido de los Trabajadores y el 40% del Partido Independiente (que es el espacio del PI que según distintas variables puede considerarse del lado izquierdo de la divisoria central). Hay un tercer universo que, al expresarse el humor político hoy en día, afirman que votarían al Frente Amplio de haber elecciones el próximo domingo y que puede estimarse en una cifra cercana a los 750.000. Un cuarto universo son los 297.856 votos al Frente Amplio emitido en las llamadas “elecciones internas y simultáneas de todos los partidos”, habida el 1° de junio del pasado año electoral nacional. Un quinto universo son los alrededor de 86 mil personas que votaron en las elecciones propiamente internas, elecciones de afiliados del Frente Amplio, del 24 de julio del año pasado (2016). Y por último, que puede estimarse como el universo “de base”, que son los aproximadamente 20 mil que votaron a los llamados “delegados de base”, es decir, voto emitido en forma individual a personas propuestas en los Comités de Base.

Es decir, más de la mitad de los uruguayos adultos, el 51,1% entra en la izquierda y por lo tanto le interesa como algo propio lo que concierne a cualquier parte de la izquierda y en particular al gran elefante que domina esa izquierda que es el Frente Amplio. Cabe repetir, casi un millón doscientas mil personas. Ese es un gran círculo. Pero por otro lado hay varios círculos concéntricos, cada uno de ellos más reducido que el anterior: los votantes nacionales del FA, los que hoy lo votarían, los que votaron en junio 2014, los que votaron en las elecciones propiamente internas de 2016, los que votaron delegados de base.

Bien, estos números son muy importantes para ver en quiénes piensan los dirigentes del Frente Amplio, cuál es el círculo al que quieren dirigirse. Hay un dato que resulta obvio, demostrable a través de diversos estudios demoscópicos, válido para todos los partidos, del Uruguay y del mundo poliárquico. Cuanto más grande es el círculo, mayor es la distancia de los aparatos militantes, de las estructuras de poder, de los cargos políticos, del pensamiento único, del internismo; hay más pensamiento crítico. Cuánto más pequeño es el círculo, más sectario, más intolerante, más dominado por la lógica interna, más acrítico, más lejos del conjunto de la población.

El Frente Amplio tiene ante sí decidir si el concepto de unidad quiere decir que se transa en todos los temas para evitar que alguien se enoje, y ello está por encima de la ética; o prevalecen los conceptos éticos aún a riesgo de la unidad, de rupturas, de abandonos. O va por un camino o va por el otro, porque no hay camino intermedio.

Más allá de lo que decida o deje de decidir el Plenario Nacional, hay dos datos significativos. El primero es qué hace Tabaré Vázquez: el vicepresidente de la República no integra el Poder Ejecutivo ni el Consejo de Ministros. Participa allí por invitación del presidente de la República, lo que tampoco era de uso en las etapas pre frenteamplistas. Vázquez no hay medias tintas: o lo sigue invitando y con ello pasa a respaldar al vicepresidente, o deja de invitarlo y le quita el respaldo. El segundo dato, una vez pasado el Plenario, es cuál es la reacción de los frenteamplistas, de los distintos segmentos de votantes del Frente Amplio, y en particular del significativo segmento de los descreídos.