22 Nov. 2015

De cambios en la estructura de ANEP

Oscar A. Bottinelli

El Observador

En campaña electoral Vázquez planteó el cambio del ADN de la educación, que sonaba a un cambio radical en la misma[...] En medio de la campaña hubo un avance y un retroceso en la idea de Fernando Filgueira hacia los “vauchers”, que provoco la más airada reacción dentro del Frente Amplio. Lo que queda claro ahora es que el giro de Vázquez, que comenzó con la remoción de Mir en la Dirección Nacional de Educación y la aceptación de la renuncia de Filgueira a la Subsecretaría de Estado, va no hacia un cambio radical de la estructura de la educación estatal sino a cambios, mejoramientos, reformas o como fuere, más profundos o menos profundos[...]


La semana que pasó marca un punto clave en la estructura política de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), quizás un punto de inflexión en el debate de la reforma educativa, a través de dos hechos de alta significación: la designación de la mujiquista Edith Moraes como viceministra de Educación y Cultura1 y el fallido desempeño de los sindicatos docentes en las elecciones de ANEP.

Este segundo punto es altamente significativo. Primero, porque en una elección con pluralidad de ofertas, la mitad de los docentes las rechazaron todas y votaron en blanco o anulado. En segundo lugar, porque la lista oficial del PIT-CNT y los sindicatos docentes cosecharon tan solo 1 de cada 3 votos y empataron la representación en el Consejo Directivo de ANEP con la lista colorada: un sindicalista frenteamplista y un bordaberrista componen la representación docente en el máximo organismo de la educación pública general, la que va desde la educación inicial a las puertas de la universitaria. Y en los tres consejos delegados el único representante docente en cada uno de ellos correspondió a los sindicatos en Primaria y Secundaria, pero quedaron sin representación en UTU, donde otra vez el cargo fue para los colorados. En término de votos, en base al escrutinio primario, el voto en blanco y el anulado cosecharon el 49.9% (en blanco 41,3; anulado 8,5), la lista PIT-CNT/sindicatos docentes/frenteamplistas el 29,9% y colorados más blancos acumularon 21,4% (colorados 15,7 y blancos 5,4). Estos resultados son un duro golpe a la representatividad sindical en el área educativa. Aunque nunca debe olvidarse que el peso sindical es tal cuando logra expresarse en el acatamiento de una buena parte de la masa gremial a los actos de fuerza. Y si eso está o no debilitado se verá cuando llegue el momento.

La designación de Edith Moraes como subsecretaria de Estado de Educación y Cultura es un hecho políticamente significativo, más allá de lo que representa en cuanto a lo sustantivo del debate de contenido educativo. Ella es políticamente del espacio mujiquista, desde el punto de vista técnico una persona también de alta capacitación (maestra, licenciada y con maestría en educación) y además con larga carrera en el aparato educativo estatal (desde las aulas hasta la dirección general de Primaria). En el juego de poder es el primer paso desde la Presidencia de la República en salir del esquema de un gabinete presidencial y darle señales a esa mayoría frenteamplista que se refleja en José Mujica (hubo un juego previo en la misma dirección, no presidencial: el acuerdo Astori-Mujica que permitió desbloquear la aprobación del presupuesto y alinear a la tropa). Desde el punto de vista del relacionamiento Poder Ejecutivo-ANEP se compacta la relación: tanto Moraes como la nueva directora de Educación son personas puente tanto con el Codicen como con los consejos desconcentrados (Primaria, Secundaria, UTU). Vistas las reacciones habidas tanto en la estructura educativa como en los sindicatos y en la masa docente, la designación de Moraes genera gran aceptación y provoca un respiro. Se entiende como una apuesta a salir de una línea confontativa desde el Poder Ejecutivo, que necesita naturalmente la contracara de una clara salida de la línea confrontativa desde los sindicatos. A la vez, María Julia Muñoz hace un giro que la integra a -y la sitúa al frente de- un equipo con connotación de género. Parecería que sale de su vieja faceta confrontacional para hacer aflorar su otra vieja faceta de articuladora.

Sin duda hubo un error inicial de concepción de Vázquez al plantear el cambio educativo, desde el punto de vista institucional. No solo se aprestó a una lucha por la sustancia sino que además planteó una lucha institucional. En un situación similar, Sanguinetti optó (segunda presidencia) por designar a Rama en el Codicen y no en el Ministerio, con lo que evitó la confrontación institucional con que nació este gobierno en esta área. Con estos puentes, es conflicto también se salda.

Otro es el tema de fondo. Como ocurre siempre las decisiones son buenas para unos y malas para otros, porque depende de la definición política de cada quien sobre el tema de fondo. En campaña electoral Vázquez planteó el cambio del ADN de la educación, que sonaba a un cambio radical en la misma, aunque nunca quedó del todo explicitado cuáles eran esos cambios (algunos sí, como la ruptura de la más que centenaria periodización de la enseñanza uruguaya, siguiendo el modelo francés y pasar a un modelo de impronta más sajona). En medio de la campaña hubo un avance y un retroceso en la idea de Fernando Filgueira (que era el hombre de Vázquez en el pensamiento educativo) hacia los “vauchers”, que provoco la más airada reacción dentro del Frente Amplio. Lo que queda claro ahora es que el giro de Vázquez, que comenzó con la remoción de Mir en la Dirección Nacional de Educación y la aceptación de la renuncia de Filgueira a la Subsecretaría de Estado, va no hacia un cambio radical de la estructura de la educación estatal sino a cambios, mejoramientos, reformas o como fuere, más profundos o menos profundos, a partir del reforzamiento del modelo central de la estructura educativa del país, como se la concibe desde algo más de un siglo.

Saldado la relación Poder Ejecutivo-ANEP, unificada la concepción sobre las líneas básicas de la reorganización educativa, debilitada la representatividad de los sindicatos, con un comienzo de despresidencialización y mayor globalidad frenteamplista del gabinete, viene el interludio del verano. Y se abren las puertas para verificar si hay voluntad política de todos, del presidente y de la mayoría frenteamplista, para ir barajando y dando de vuelta, aunque fuere de a una carta. El Frente Amplio necesita un cambio fuerte de procedimientos y de actitudes para encarar los siguientes cuatro años de gobierno y salir de desencuentro con la sociedad.


1 Ver La caída del presidente y el acomodar las cartas.