15 Nov. 2015

El Frente Amplio prefigura su caída

Oscar A. Bottinelli1

El Observador

En el Frente Amplio se ha alcanzado un consenso primario hacia modificar las reglas de juego con la finalidad explícita de retener la Presidencia de la República con una caída en el nivel de votación […] el Frente Amplio asume la irreversibilidad de su caída y en pos de conservar la Presidencia de la República impulsa el cambio de reglas de juego […] ¿cómo diablos pretende aprobar una reforma constitucional que requiere más del 50% del total del electorado […] ?


En el Frente Amplio se ha alcanzado un consenso primario hacia modificar las reglas de juego con la finalidad explícita de retener la Presidencia de la República con una caída en el nivel de votación, al proponer eliminar el balotaje mayoritario y retornar al régimen de mayoría relativa (pluralidad) pero ahora con el aditamento de condiciones2. Es decir, el Frente Amplio asume la irreversibilidad de su caída y en pos de conservar la Presidencia de la República impulsa el cambio de reglas de juego.

El camino no es nada nuevo. Fue el transitado en 1996 por el Partido Nacional, el Partido Colorado y el Partido del Nuevo Espacio al impulsar la instauración del balotaje mayoritario presidencial, con el objetivo de impedir (en realidad lo logrado fue apenas postergar una elección) el acceso del Frente Amplio en general y de Tabaré Vázquez en particular a la Presidencia de la República. Cabe no olvidar el papel decisivo para ello del Partido del Nuevo Espacio, sin cuyo concurso no se hubiesen logrado los dos tercios de cada cámara para aprobar la ley constitucional, ratificada en el anca de un piojo en el plebiscito constitucional del siguiente 8 de diciembre. Se caminó por el cambio de reglas de juego para intentar frenar un proceso electoral irreversible.

El Frente Amplio encara esta reforma constitucional cuando tras alcanzar el zenit en 2004 (50,5% del total del electorado) cae cinco años después al 48,0% y otros cinco después al 47,8%3. Y eso que contó con el recambio biológico en su favor, que en el conjunto de las dos elecciones le aportó aproximadamente 3,5 puntos porcentuales de diferencia en su favor. En consecuencia, el Frente Amplio perdió en una década más de 6 puntos porcentuales (2,7 en caída de votos reales más 3,5 en desaprovechamiento del recambio biológico), lo que en buen romance significa la friolera de unos 150 mil votos; esa es la caída del F.A. en diez años. Retuvo la mayoría parlamentaria4 por la exigua diferencia de 5.000 votos, que son los que le faltaron al Partido Ecologista (PERI) para alcanzar la representación parlamentaria; como quien dice, nada. Otra vez anduvo por ahí el anca de otro piojo para salvar a alguien.

En 1994 el Frente Amplio alcanzó virtualmente un triple empate: quedó tercero a 1,7% del primero (Partido Colorado) y a 0,6% del segundo (Partido Nacional)4. De vuelta, nada. Y esa nada encendió las alarmas en ambos partidos tradicionales que apelaron al cambio de reglas de juego para frenar lo que devino en irrefrenable, el ascenso sostenido en un largo tiempo del Frente Amplio, (que fue de poco más del 18% en 1971 a más del 50% en 2004). Y como contracara, la irrefrenable caída de los partidos tradicionales que pasaron en conjunto del entorno del 90% del electorado (1942-1966) a bastante menos del 50% a partir de 2004.

Para el Frente Amplio constituyó una inmoralidad política hacer lo que hicieron los partidos tradicionales en 1996 al cambiar las reglas de juego para cambiar los resultados -y hace el F.A. ahora- y para los partidos tradicionales el F.A. incurre ahora en una inmoralidad política por hacer lo que ellos hicieron hace un par de décadas. Lo que queda claro es que en esta materia no hay una ética de izquierda y una ética de derecha, una lógica de izquierda y una lógica de derecha, sino lo que hay es una ética y una lógica de quien tiene el poder político y teme perderlo, y hay una ética y una lógica de quien no tiene el poder político y quiere obtenerlo o recuperarlo.

El problema que se plantea hoy al Frente Amplio es el mismo que se planteó a los partidos tradicionales en 1996 ¿hasta cuándo hay campo para modificar las reglas de juego para torcer los resultados en su favor? Los partidos tradicionales obtuvieron una prórroga del lanzamiento por un quinquenio, y esa prórroga les jugó lo más en contra posible en la medida que les cayó encima la fenomenal crisis económica, financiera, social y consecuentemente política del 2002 ¿Qué es lo que pretende el Frente Amplio, o al menos los impulsores de este consenso primario? ¿También buscan una prórroga del lanzamiento por un quinquenio? Porque hay un dato inequívoco, urbi et orbi: para retener el poder a la larga no basta con manipular las reglas de juego, sino que lo que se necesita es lisa y llanamente frenar la caída, retomar la sintonía con los sectores de la sociedad con los que se ha perdido esa sintonía; en definitiva, hacer política. En tiempos históricos, en los de larga duración, las competencias -incluidas las electorales- se ganan en la cancha y no se ganan en la liga.

Pero, además, si el Frente Amplio avizora estar cada vez más lejos de la mayoría absoluta, tanto que impulsa retener la Presidencia con superar apenas el 45% y hasta pretende retenerla con tan solo el 40%, si ese es el horizonte que se confiesa con la propuesta ¿cómo diablos pretende aprobar una reforma constitucional que requiere más del 50% del total del electorado, a la vista que una propuesta de esta naturaleza no concita aliado alguno?


1 Catedrático de Sistema Electoral de la Universidad de la República, Facultad de Ciencias Sociales, Instituto de Ciencia Política.

2 Octava nota de una serie prolongada e intermitente como guía para la discusión de la reforma política. Ver El espíritu del abordaje de la reforma,Tiempos para la reforma política, Del diagnóstico y de los objetos, El Partido Nacional como víctima, De presidencialismo y parlamentarismo, El semiparlamentarismo criollo y En pos de gobernar sin mayoría

3 Porcentajes sobre el total del electorado

4 Ver entre otros artículos La elección se define el 25 de octubre y A quién le importa si hay Balotaje, El Observador octubre 21 de 2007 y junio 14 de 2009, en Factum Digital (Ediciones Anteriores), 

5 Porcentajes sobre los votos efectivos, afirmativo o válidos.