10 Oct. 2014

La esperanza de los dirigentes, su propia medición del apoyo popular y ese bicho incómodo de las encuestas

Oscar A. Bottinelli – Diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo

[...] cuando se oye hablar a los candidatos, dirigentes políticos, cuando se habla con ellos se ve que las expectativas – y es razonable ¿no? - de todos están por encima, digamos, de lo que dan las encuestas. Y en general hay una vieja forma de medición, el tema es que: “La encuesta da esto, pero los actos son mas grandes”. Conviene recordar algo de un mundo sin encuestas, hace muchos años no había, y hay algunas anécdotas que son importantes.


OAB: Buen día ¿qué tal, Fernando? Bueno, cuando se oye hablar a los candidatos, dirigentes políticos, cuando se habla con ellos se ve que las expectativas – y es razonable ¿no? - de todos están por encima, digamos, de lo que dan las encuestas. Y en general hay una vieja forma de medición, el tema es que: “La encuesta da esto, pero los actos son mas grandes”.

Conviene recordar algo de un mundo sin encuestas, hace muchos años no había, y hay algunas anécdotas que son importantes. En 1958 en Partido Nacional venía de perder, hacía un siglo que no estaba en el gobierno, 93 años. Y desde que las elecciones son realmente confiables, competitivas, se puede decir más o menos 1916, había perdido prácticamente todas, había ganado una sola pero era por una renovación parcial del Consejo de Gobierno que no le dio el gobierno. En aquel momento no había Presidente de la República, un Consejo de Gobierno de la mayoría llevaba seis cargos, y la minoría tres. Es interesante que el Partido Nacional que tenía dos grandes fracciones, el Herrerismo – fracción histórica-, y la Unión Blanca Democrática -el Partido Nacional tiene una fracción no herrerista muy importante- competían casi de igual a igual. Y lo interesante es la forma en que hacen las listas, se preocuparon por los 3 primeros lugares al Consejo, no por 6 que era lo que llevaba el que ganaba el gobierno. Estaban peleando los cargos de una minoría, no tenían la menor idea de que podían ganar. Tanto es así que después del tercero del Consejo de Gobierno en el Herrerismo, de cuarto en el Consejo de Gobierno puso a una persona que luego la puso noveno al Senado, y otro lo puso décimo. Y la Unión Blanca Democrática peleó ganar la mayoría de la minoría, es decir dos de los tres cargos, y se preocupó nada más de los dos primeros cargos. Bueno, resulta que el Partido Nacional ganó por 12 puntos porcentuales de ventaja respecto al Partido Colorado, no es que: “Bueno, se resolvió hocico a hocico” No, ganó por paliza.

En el año 1962 el Partido Colorado festejó en Montevideo toda la noche, hasta que a las 5 de la mañana que el cómputo dió que ganaba el Partido Nacional y terminó ganando, por – que no es poco- 3 puntos de ventaja. Recordemos que en 1994 el Partido Colorado que lleva a Sanguinetti a la Presidencia, le gana al Partido Nacional -que el más votado era Volonté- por 1 punto de ventaja, 1,1. En el 62' fue por 3, el Partido Colorado festejó haber ganado y perdió por 3.

En el año 1971 el Frente Amplio ganaba como un hecho, fuera de toda discusión, que ganaba la Intendencia de Montevideo, era un dato de la realidad. Incluso en principio aceptado por los otros partidos. Muy cerca de la elección recuerdo a un importante periodista decir: “No hay que dar por descontado que el Frente Amplio gana, capaz que puede ganar el Partido Colorado”. Ganó 39% a 30% en Montevideo, 9 puntos.

Sin las encuestas, las percepciones, estoy hablando del 58', del 62', del 71', de tres partidos distintos. Uno que ganó y no sabía que iba a ganar, otro que creyó ganar y perdió, otro que creía que era una fija y también perdió, entonces, acá tenemos un primer problema. Y hay un tema que tiene que ver con lo siguiente, faltan uno o dos años para las elecciones y las encuestadoras van casa por casa o llaman por teléfono, y hay un señor en su casa que no habla con nadie de política de repente, y dice: “Yo voy a votar al Partido Azul”, resulta que un año después se acerca la campaña electoral y hay alguien del Partido Azul que lo contacta al tipo y les dice: “Si, los voy a votar a ustedes”, y ellos piensan: “Ganamos un voto”. No, el voto ya estaba, no lo conocían. Tiempo después el hombre va a un acto, o a un comité, y dicen: “Seguimos creciendo”, después el hombre va el acto, salta y grita, y dicen: “Ven como seguimos creciendo”. Resulta que el hombre era el mismo, primero estaba en la casa, después se dio a conocer, después fue un poco más activista, y después iba a los actos con entusiasmo.

Entonces a veces se confunde el descubrir que hay votantes o el que esos votantes se entusiasmen con que son más votantes, este es un problema que tienen muchas veces los dirigentes políticos respecto a las encuestas.

FV: Bien, Oscar. ¿Y esto en qué se ve reflejado?

OAB: Bueno. Se refleja en lo siguiente. Hay dos formas de medir un porcentaje. Uno es cuando uno dice “Los precios suben tanto, bajan tanto”. Donde uno pone un número 100 en un momento determinado. Entonces ahí si, se puede crecer 150%, 200%, 300% cuando hay una inflación fenomenal. Pero otra forma de porcentaje es cuando el porcentaje es en definitiva una fracción, un pedazo de una torta. Uno puede dividir en cuatro, son cuartos. En dos, son mitades. Pero lo puede dividir en 100%, y se acostumbra a decir un 1%.

Bueno, si yo digo: “A este le doy 50 pedazos de la torta, al otro le doy 35, y al otro le doy 25” alguien me va a parar en el medio y me va a decir: “Perdón, 50 más 35 es 85, más 25, 110. Ya te quedaste sin torta y todavía debés 10 pedazos”. Es decir, no se puede pasar del 100%.

Y resulta que cuando uno oye el Frente Amplio dice que gana en primera vuelta, algunos por lo menos. Más del 50%. He oído decir que el Partido Nacional va a andar por encima del 35%, ya estamos por encima del 85%. Por ahí en un acto se dijo que el Partido Colorado jamás va a bajar del 20%, estamos en el 105%, todavía quedan varios partidos.

Bueno, el problema es que no puede haber 110% porque a los 100 se terminó la torta, no hay más pedazos para repartir. Y ese es un problema, que todos creen que pueden tener más de lo que alcanza la torta para repartir, es decir, los votantes que van a votar van a ser más o menos 2.400.000, y no va a haber más. Entonces acá viene un tema que es confrontar las expectativas y los deseos con la realidad.

FV: ¿Y cuál es la expectativa de los dirigentes políticos? Lo partidario y lo sectorial

OAB: Acá viene un tema, que además como en Uruguay hay un doble plano de competencia, hay un plano de los partidos, que compiten por tener la mayor representación parlamentaria u obtener la mayoría en el Parlamento y con una persona ganar la Presidencia y con otra la Vice. Bueno está la expectativa de los partidos y sin duda de los candidatos a Presidente y a Vice.

Pero después tenemos lo que se conoce como las listas, es decir las nóminas o conjuntos de candidatos a la Cámara de Senadores y a la Cámara de Diputados, y ahí se observa que también a veces uno está contento porque le va bien a su partido, pero descontento porque le va o porque las encuestas dicen que a su lista le va mal, y también acá vienen los enojos y la dificultad de adaptarse a la realidad.

FV: ¿Conclusiones?

OAB: Las conclusiones son estas. Primero, las encuestas no son un instrumento perfecto y por algo hay un elemento que se maneja siempre que es el margen de error estadístico. El margen de error estadístico no tiene que ver con encuestas en sí sino con lo que uno haga con muestras de cualquier cosa. Si quiere hacer una muestra de granos de café para ver cómo es el café, hace una muestra y en función de determinados elementos tiene un margen de error, las encuestas también. Eso es lo primero, es decir si algo está dentro del margen de error la encuesta no se equivoca, como le gusta decir a mucha gente: “Se equivocaron”. No, si está dentro del margen de error no se equivoca.

Segundo, es un instrumento que en algunos países es más preciso y en otros países menos preciso. Esto se ha visto con noticias en los diarios: “Miren lo que decían las encuestas y pasó esto otro”, también ahí hay que tener cuidado. Porque a veces la encuesta dice una cosa, pasó recientemente en Brasil, y los diarios hacían decir a la encuesta otra cosa. Por ejemplo, un portal dijo que Factum pronosticaba empate técnico en el balotaje, y nunca usamos la palabra empate técnico ni pronosticamos nada para el balotaje. Lo único que dijimos fue como eran las diferencias entre Vázquez y Lacalle Pou al día de hoy. Entonces ahí se agregaron dos elementos que no estuvieron en la encuesta.

Las encuestas el papel fundamental que tienen es darle a la sociedad, también a los dirigentes políticos, pero a la sociedad, un mapa de lo que está pasando, para que la gente sepa lo que pasa. Podrá tomarlo en cuenta o no en el voto, ese es otro tema, pero si que sepa lo que está pasando y esto tiene un relativo grado de imperfección de la técnica, pero lo cierto es que el nivel de precisión de la fotografía, digamos, más allá de determinados puntitos que no se puedan ver con absoluta precisión, es muy alta. Y por lo tanto es importante que los políticos no peleen contra la realidad cada vez que una encuesta no da lo que son sus expectativas, más allá del deseo razonable de una persona de que le fuera mejor de lo que le pudiera ir. Eso nos pasa todos en la vida.