12 May. 2014

Entre Europa, China y Uruguay

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Este análisis podría llamarse “entre el Estado de Bienestar y el trabajo en el siglo XIX”; la mención a China es restrictiva, en tanto también comprende no solo la China Continental, sino Hong-Kong y Taiwan, además de ortos países del Asia Pacifico [...] Europa afronta una formidable crisis económica, sin duda la más grave, profunda y extensa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Esta crisis tiene muchas causas [...] Todo ello es real y está absolutamente demostrado. Pero hay un elemento de fondo, sustantivo, que aparece más claro cuando podado el follaje, se ve el tronco del árbol. [...]


Este análisis podría llamarse “entre el Estado de Bienestar y el trabajo en el siglo XIX”; la mención a China es restrictiva, en tanto también comprende no solo la China Continental, sino Hong-Kong y Taiwan, además de ortos países del Asia Pacifico (por supuesto, no incluye a Japón, que en ese sentido está más cerca del modelo europeo). Europa afronta una formidable crisis económica, sin duda la más grave, profunda y extensa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Esta crisis tiene muchas causas, algunas de las cuales -en algunos países afectados- se relacionan con la corrupción, el clientelismo y la demagogia, así como con la especulación inmobiliaria y la especulación financiera y bursátil. Todo ello es real y está absolutamente demostrado. Pero hay un elemento de fondo, sustantivo, que aparece más claro cuando podado el follaje, se ve el tronco del árbol. Y ese tronco se ve a través de los duros programas de austeridad que impone la célebre Troika europea, constituida por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional . Lo que está en cuestionamiento es la existencia misma del Welfare State (del Estado de Bienestar).

El Estado de Bienestar se caracteriza en esencia por asegurar a los trabajadores jornadas limitadas de trabajo, retribución por el trabajo que permita una vida confortable para el trabajador y su familia, protección en caso de pérdida o suspensión del trabajo, compensación de pérdidas salariales por quebrantos de salud, asistencia sanitaria, jubilación, educación gratuita y universal, acceso a la vivienda adecuada y digna. Más o menos por ahí anda una descripción somera y poco científica de lo que es un Welfare State, que se sustenta esencialmente en los modelos del socialismo, la socialdemocracia, el socialcristianismo y la economía social de mercado, y en propuestas políticas emparentadas con las anteriores. Uruguay es uno de los países de más temprano Welfare State en el mundo, así como los países escandinavos (y Suecia en particular) es uno de los primeros en Europa. El Estado de Bienestar no está necesariamente asociado a la democracia liberal, pues también se impuso en los países del llamado “socialismo real” (orientados por los partidos comunistas), en muchos regímenes fascistas y parafascistas y en general en los modelos autoritario-populistas.

Desde el ángulo de los impulsores del Estado de Bienestar, con independencia de su modelo y de su filosofía política, surgió siempre la visión de ser algo en avance constante e irreversible. La crisis europea en gran medida es producto de uno de los impactos de la globalización: la inexistencia de niveles de welfare state en una parte considerable del mundo, una parte mayoritaria de la población mundial. La amenaza se cumple por dos vías: la entrada masiva de productos fabricados en países de mano de obra muy barata y con escasos niveles de protección social (al respecto, China es el paradigma) y por el traslado a esos países de fábricas instaladas en países de alto nivel salarial y alta protección social (es decir, las fábricas se desmantelan donde hay protección social y buenos niveles salariales y se reinstalan en países de bajos niveles salariales y baja protección social). En el comercio internacional equivale a una de las formas más devastadoras de dumping: el dumping social, la baja de precios mediante el subsidio que los trabajadores realizan con sus bajos salarios, sus altos riesgos y su escasa protección. Hasta el poco industrializado Uruguay ha visto el traslado del procesamiento de algunos productos hacia esos países de dumping social, y con mayor facilidad el traslado de la bandera de sus barcos.

La discusión que aparece en Europa en estos últimos tiempos, con creciente fuerza en la campaña electoral hacia las elecciones del Europarlamento del próximo 25 de mayo, es sobre la sobrevivencia del Welfare State. Una discusión que en Uruguay no se hace con claridad. El punto central es que hay baja de precios en productos que entran al país y que esos niveles de precios solo son posibles porque se producen donde no hay Welfare State.

Para Uruguay, como le sucede a Europa, es imposible el mantenimiento de crecientes niveles salariales y creciente protección social, y a la vez el mantenimiento o ampliación de una apertura indiscriminada de productos desde los países de bajos niveles salariales y escasa o nula protección social.

La aceptación del dumping social es incompatible con la existencia del Estado de Bienestar. Porque el desarrollo de éste fue posible en un mundo con barreras comerciales y de servicios, pero no es sustentable si hay una apertura comercial indiscriminada, con una parte del planeta con welfare State y otra parte del planeta sin Welfare. Hay un punto de conciliación entre la apertura comercial y el mantenimiento de los estados de Bienestar, que lo es la consideración de que esos niveles salariales y esa baja protección social constituyen una forma de dumping, de dumping social, y en consecuencia se admitan y apliquen barreras, como las que se aplica a cualquier dumping clásico. Aquí es donde la lógica que sustenta la Organización Internacional del Trabajo y la lógica que sustenta la Organización Mundial de Comercio deben buscar puntos de equilibrio.

Europa afronta el dilema de qué camino elegir para superar la crisis, y la elección de los caminos termina en el mantenimiento pleno o el debilitamiento del Estado de Bienestar. No es un dilema propiamente europeo, sino que alcanza a todos los países en que el concepto de Estado de Bienestar está presente.