01 Dic. 2013

El rol de Vázquez dentro del FA

Oscar A. Bottinelli

El Observador

El Congreso del Frente Amplio arrojó varios resultados materiales, produjo diversas anécdotas y generaron señales significativas. Un ángulo de análisis es el papel de Tabaré Vázquez dentro del Frente Amplio a la luz de las señales que quiso dar el propio ex mandatario y las señales que quiso dar el amplio espectro que en general puede considerarse reflejado en el actual mandatario.


El Congreso del Frente Amplio arrojó varios resultados materiales, produjo diversas anécdotas (que esencialmente constituyeron la información periodística) y generaron señales significativas. Un ángulo de análisis es el papel de Tabaré Vázquez dentro del Frente Amplio a la luz de las señales que quiso dar el propio ex mandatario y las señales que quiso dar el amplio espectro que en general puede considerarse reflejado en el actual mandatario.

Tabaré Vázquez actuó como si su papel y su imprescindibilidad fuesen las mismas de 2003/2004. La fotografía de entonces presenta esta imagen: él es de manera indiscutida el líder de todo el Frente Amplio, el vértice en el cual convergen los sectores, cada uno de los cuales se expresa a través de sus respectivo líderes sectoriales, que en conjunto ocupan el segundo escalón en la pirámide de honores frenteamplista: Mariano Arana (Vertiente Artiguista), Marina Arismendi (1001), Danilo Astori (Asamblea Uruguay), Reinaldo Gargano (Socialistas) y José Mujica (609). A su vez, es imprescindible, sin él el Frente Amplio no alcanza la Presidencia de la República así como 15 años antes solo a partir de él alcanza la Intendencia de Montevideo. Por tanto, vértice de todos, no referente particular de ninguno en especial, imprescindible, está en condiciones de marcar las condiciones. Este papel cumplido por el propio Vázquez fue exaltado por las dos corrientes en las que hoy se apoya de manera directa: el Frente Liber Seregni (el astorismo) y los socialistas, pero para ser más exactos, la expresión oficial del socialismo que emana de la mayoría de su conducción nacional (y que en sustancia no refleja el pensamiento de la minoría de esa conducción, que es a su vez la mayoría en la conducción montevideana).

Los seguidores más directos o más indirectos del actual presidente de la República, en especial la 609, presentan una fotografía diferente, que algunas semanas atrás fue explicitada por Lucía Topolansky, líder del Movimiento de Participación Popular. El retrato sugiere: en el Frente Amplio hay dos líderes de primer nivel, cada uno de los cuales ha ocupado la Presidencia de la República, y cada uno de ellos es el vértice, o el reflejo, de una de las dos grandes alas o macro corrientes frenteamplistas. Dos alas que ya se enfrentaron en las urnas hace casi cinco años, expresadas en los nombres de José Mujica y de Danilo Astori. Hoy, Mujica sigue siendo el referente de una de las dos alas y Vázquez es el referente de la otra ala, la que en su momento se reflejó en la pre candidatura presidencial de Astori.

Muchas veces los padres físicamente ausentes, que los hijos no ven a lo largo del día, son omnipresentes por la presencia que trasmite la madre. Así Mujica y su liderazgo estuvo presente en un Congreso en el que no estuvo ni pudo estar, través del Espacio 609 y de los demás grupos que en forma más fuerte o más lejana confluyen en su vértice.

La sucesión de resoluciones de comisión, negociaciones y resoluciones del Congreso fueron un minuet bailado in absentia por ambos líderes. Uno jugando al monólogo y el otro al duetto. Lo más importante no fue o aprobado, que en general anduvo por lo esperado, sino las señales que cada uno quiso dar en el juego previo.

El programa es lo que debió ser y que en esencia es el programa (en cuanto a la forma, no en cuanto al contenido) de todo partido que contienda el poder. Una cuota de ensoñación e idealismo, en términos vagos, que marquen un rumbo imaginario sin condicionar caminos, tiempos ni modos. Y que indiquen que el Frente Amplio en un eventual próximo gobierno no hará una mera continuación sino que profundizará algo, un algo vago y abstracto, que cada cual puede ponerle el contenido que más acomode a su sentir. No es nada diferente de lo que hace todo partido de gobierno. Es que ninguno en ninguna parte del mundo dice: nuestro próximo gobierno va a ser la continuación exacta del actual y no vamos a innovar en nada. Todos (lo hizo hace pocas semanas Angela Merkel) propone no solo la continuidad, sino un avance hacia algún lado, la mar de las veces sugerido de manera muy abstracta y poco clara.

El Frente Amplio exhibió, además, una de las artes en que ha demostrado ser un gran virtuoso, quizás el más virtuoso de todos los partidos uruguayos: el logro de los consensos manuscritos, de documentos escritos de tal manera, que cada cual pueda interpretar que refleja exactamente lo que él quiso poner y significa un triunfo sobre sus adversarios internos.

Y logró otra cosa muy importante: que no haya párrafos que tenga el nivel de concreción lo suficientemente claro, como para complicar la campaña electoral, como aquella prolija descripción del impuesto a la renta personal, con franjas y tasas, que enredaron a Vázquez en el balotaje de 1999. Ninguna de esas trampas. También al mejor estilo Merkel, cuyo programa hacía dudar si Alemania dejaba de ayudar a los países en dificultad de la Eurozona o continuaba a sostenerlos, y lo escrito daba gusto a tirios y a troyanos.

La redacción del programa, el anecdotario del congreso, las propuestas de cada uno, las transacciones, todo ello permite que cada uno pueda exhibir su victoria. Y permite que un relato presente al Vázquez de 2004 imponiendo sus condiciones y otro relato presente a un Vázquez apoyado por todos, pero apoyado y no seguido, que es un apoyo otorgado, y por tanto no es el seguimiento incondicional a un líder. Estas dos visiones sobre el papel de Vázquez seguirán exhibiéndose en el juego que queda abierto: la disputa por la candidatura vicepresidencial.


ACLARACIÓN. A propósito de una mesa redonda organizada por la Suprema Corte de Justicia, el jueves 28 El Observador informa que el politólogo Oscar Bottinelli y otros colegas coincidieron en que se viene dando una caída “preocupante” de la imagen de la Justicia. Conviene aclarar que este analista no expresó ese concepto ni dijo nada que permitiera llegar a esa conclusión.