06 Ene. 2012

El papel del presidente, del gabinete, de los grupos políticos y del Parlamento

Oscar A. Bottinelli – Diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo

Existe muchas veces la idea de que gobierna una sola persona. [...] Da la impresión que se elige a una única persona, para un único cargo electivo: el presidente de la República, que concentra todo el poder, de manera absoluta e incondicional, por un tiempo limitado a cinco años. [...] Conviene entonces tener presente la alta complejidad y sofisticación del sistema político uruguayo. Las decisiones de gobierno tienen necesariamente que ser la resultante del juego de todas esas corrientes, y no solo el deseo personal de un hombre, aunque ese hombre sea el presidente de la República.


OAB: Al empezar este año conviene detenerse a ver cómo es el funcionamiento institucional en el Uruguay, cómo es la ingeniería y la arquitectura del sistema de gobierno. No es un ejercicio meramente teórico sino un ejercicio para explicar algunos malentendidos que surgen en las relaciones políticas y que afectan a los gobiernos. Estos malentendidos o errores de percepción ocurrieron con mucha fuerza en los años 2001 y 2002, en la presidencia de Jorge Batlle, y ocurren ahora, en la presidencia de José Mujica.

Existe muchas veces la idea de que gobierna una sola persona. Esta idea muchas veces se trasmite por los medios de comunicación en la forma de presentar las noticias, otras veces son los propios dirigentes políticos los que llevan a esa simplificación. En el gobierno de Batlle un conjunto importante de funcionarios renunció a sus cargos entre el primer y segundo año, todos del más puro cuño quincista, jorgista, y todos al irse se quejaron de que la gente eligió presidente a Jorge Batlle y los políticos no lo dejan gobernar. Hace poco, en la misma línea, una alta personalidad del Movimiento de Participación Popular dijo que la gente eligió a Mujica y él es el que tiene que gobernar.

FV: Entonces, tú dices que no se eligió solo a Mujica y que no es él solo el que tiene que gobernar

OAB: Sí. Veamos. Da la impresión que se elige a una única persona, para un único cargo electivo: el presidente de la República, que concentra todo el poder, de manera absoluta e incondicional, por un tiempo limitado a cinco años. Esa es la impresión.

Veamos cómo son las cosas, cómo es la arquitectura institucional del Uruguay. Hay que recordar que en las elecciones nacionales, las últimas el 25 de octubre de 2009, se eligió a un presidente de la República y junto con él a un vicepresidente de la República; es decir, no se eligió a una sola persona sino que se eligió un binomio, una pareja; uno como primero y otro como segundo, para gobernar ambos. No se elige a uno como gobernante todopoderoso y a otro como relleno para inaugurar ceremonias. Se eligen dos. Uno como presidente y otro como vicepresidente. Pero además el vicepresidente es el presidente del Parlamento, de la Asamblea General, y en forma específica miembro y presidente del Senado.

FV: Se eligen muchas más personas, no solo esas dos.

OAB: Por supuesto. Junto a ese binomio se eligieron otros 30 senadores y 99 diputados. Los parlamentarios electos corresponden a cuatro partidos y a un total de 11 ó 12 corrientes políticas: 6 fracciones en el Frente Amplio, 2 ó 3 en el Partido Nacional, 2 en el Partido Colorado, más el Partido Independiente.

Todo esto parece muy obvio, pero cuando se comentan o difunden las noticias políticas muchas veces se olvida todo esto y se mira como si se hubiese elegido a una sola persona, al presidente.

FV: ¿Qué te parece si avanzas un poco más en la explicación de la arquitectura de gobierno?

OAB: Recién mencionamos que se eligen otros 30 miembros de la Cámara de Senadores, además del vicepresidente de la República que la preside, y se eligen 99 diputados. Las leyes para su aprobación necesitan mayoría en cada una de las cámaras. No siempre requieren mayoría absoluta, pero se puede decir que para que un gobierno legisle tranquilo necesita el voto de 16 miembros en el Senado y de 50 diputados. No hay ninguna corriente política que tenga esa cantidad de parlamentarios. Los tiene sí un partido, el Frente Amplio, pero en seis corrientes.

FV: ¿El Parlamento está entonces solo para aprobar leyes?

OAB: No, está para discutir de política, para discutir los problemas e inquietudes de la gente. Pero además es fundamental para la formación del gobierno.

Los ministros requieren apoyo parlamentario, si no, no hay gobierno. Y esto no es formal. Por algo Mujica distribuyó los 13 Ministerios en una forma aritméticamente cuasi perfecta -con alguna pequeña desviación- en proporción a la presencia parlamentaria y electoral de las corrientes frenteamplistas. Así hay 4 ministros del Espacio 609, del MPP, del mujiquismo; hay 3 ministros del astorismo, es decir, del Frente Liber Seregni; hay 2 ministros socialistas; y los 4 restantes son uno del grupo de Fernández Huidobro, -que ahora es él mismo- uno de la Vertiente Artiguista, uno de la 1001, del Partido Comunista, y uno independiente.

Esta forma de distribuir los ministerios en proporción a la representación parlamentaria y electoral, fue la forma de asegurar que el Consejo de Ministros cuente con el respaldo parlamentario que exige la constitución y que da fuerza, soporte, apoyo, desde el punto de vista político. La pluralidad del Frente Amplio se expresa en la pluralidad de la composición del Consejo de Ministros, del gabinete.

FV: Hay más ¿no?

OAB: Sí. Está nada menos que el nombramiento de los directores de los entes autónomos, de los servicios descentralizados, de las empresas del Estado, que requieren el apoyo de 18 senadores. Aquí se requieren no solo votos del oficialismo, sino también de otros partidos.

FV: ¿Entonces por qué se personaliza tanto en el presidente todo lo relativo al gobierno?

OAB: La semana que viene vamos a analizar algunos aspectos específicos de este gobierno, de los juegos de poder en el gobierno y de los juegos de poder en el Frente Amplio.

Pero lo que ayuda mucho a la confusión es lo que pasó en el quinquenio pasado: el Frente Amplio contó con una mayoría absoluta en ambas cámaras, aplicó esas mayorías maquinalmente, casi sin negociación ni diálogo con la oposición. Pero además todo el Frente Amplio le otorgó un poder muy fuerte a Tabaré Vázquez, no solo o no tanto por ser el presidente de la República, sino por ser en ese momento el líder de todo el Frente Amplio. El oficialismo negoció solo dentro de sí y arribó a sus acuerdos, pero cuando no hubo acuerdo o cuando el presidente resolvió decidir por sí mismo, hubo un dictat y obtuvo la obediencia de todos. La única excepción significativa fue el tema del aborto.

Pero todo lo demás hizo pensar que el Parlamento no existía y que lo único relevante es lo que dice, piensa y hace esa única persona a la que se cree con potestades de monarca absoluto.

FV: Esta es la descripción de la arquitectura formal del gobierno ¿qué otro ángulo de análisis hay

OAB: Efectivamente, lo que acabamos de hacer es la descripción formal, institucional, de la arquitectura del sistema de gobierno. Pero cabe hacer la descripción política. De cada 10 personas, 5 votaron al Frente Amplio, 3 al Partido Nacional, casi 2 al Partido Colorado y un poquitito al Partido Independiente. Y el Parlamento está distribuido en esa proporción.

Pero además, dentro del Frente Amplio, al mujiquismo lo votó menos de la mitad de los votantes del Frente Amplio, que representan menos de la cuarta parte del país. Tan es así, que de 30 senadores el espacio 609 eligió 6, la quinta parte. El astorismo obtuvo un poco menos que el mujiquismo, pero no tanto menos: obtuvo 5 senadores. Luego hay 2 senadores socialistas, 1 del grupo de Fernández Huidobro, 1 de la Vertiente Artiguista y 1 de la 1001, del Partido Comunista. Como se ve, las fuerzas en el Frente Amplio están bastante repartidas y no hay hegemonía de nadie, ni siquiera del grupo del presidente.

Conviene entonces tener presente la alta complejidad y sofisticación del sistema político uruguayo. Las decisiones de gobierno tienen necesariamente que ser la resultante del juego de todas esas corrientes, y no solo el deseo personal de un hombre, aunque ese hombre sea el presidente de la República.

Y todo eso, además, sin hablar del juego de la oposición, que incide y mucho. Más cuando se quieren construir políticas de Estado, de larga duración y amplio apoyo.