31 Dic. 2006

El nunca más ¿qué?

Oscar A. Bottinelli

El Observador

La palabra “Nunca más” ha quedado asociada en los últimos tiempos al deseo de marcar la necesidad de no repetir cosas indeseables, o lisa y llanamente atrocidades. El Consejo de Ministros ha resuelto que el 19 de junio, además del Natalicio de Artigas, pase a considerarse el día del “Nunca más”.


La palabra “Nunca más” ha quedado asociada en los últimos tiempos al deseo de marcar la necesidad de no repetir cosas indeseables, o lisa y llanamente atrocidades. El Consejo de Ministros ha resuelto que el 19 de junio, además del Natalicio de Artigas, pase a considerarse el día del “Nunca más”. Un primer punto es que las conmemoraciones nacionales son atribución de ley, por lo cual es una decisión de un gobierno con valor más simbólico que formal, que puede ser cambiada por una simple resolución de otro gobierno. Para que quede consagrado en el calendario oficial, el “Nunca más” debe ser declarado por ley, lo cual parecería ser el paso necesario siguiente a este primer paso importante impulsado por Tabaré Vázquez. Un segundo punto es “nunca más” a qué.

En su discurso el presidente afirmó: “… es deseo seguramente de la enorme mayoría de los uruguayos, que podamos avanzar hacia el futuro en un terreno de reconciliación y de reencuentro de todos los uruguayos para que todos juntos, no sólo busquemos darles mejores condiciones de vida a nuestros compatriotas, sino para que todos asumamos que estos tristes y negativos hechos que han sucedido en este país nunca más vuelvan a suceder. (…) Nunca más un hermano contra otro hermano en este país”. Las palabras del presidente sugieren la tesis de que en el país hubo un enfrentamiento entre bandos; en una formulación por la positiva, es la misma formulación de la tesis de los dos demonios (expuesta reiteradamente entre otros por Sanguinetti), o la concepción tupamara de la guerra entre dos contenientes beligerantes.

Pero como se sabe, las normas se autonomizan de sus autores. Y el decreto parte de un visto: “las actuaciones cumplidas por la Presidencia de la República en materia de investigación de lo ocurrido con los detenidos-desaparecidos en territorio nacional”. Que luego de resultandos y considerandos centrados en el mismo tema, dispone: “A efectos de que el país pueda mirar al futuro y encontrar caminos de reconciliación nacional, fíjase el día 19 de junio como única fecha conmemorativa de que nunca más deberán ocurrir estos episodios entre uruguayos”. Como surge de manera inequívoca e indubitable, los episodios a que hace referencia son la detención y posterior desaparición de personas. El decreto está en la misma línea que la actuación de la Intendencia montevideana de Mariano Arana, cuando centró el recuerdo de la dictadura en un Memorial a los Detenidos Desaparecidos.

En consecuencia, surgen aquí dos temas diferentes. Uno es cuál es la explicación del pasado y otro a qué se le dice nunca más. Sobre la explicación del pasado hay tres tesis diferentes. Una es la mencionada por el primer mandatario, la del enfrentamiento de uruguayos contra uruguayos. Otra es más unilateral: lo único significativo es que en determinado momento las Fuerzas Armadas, o un grupo de civiles que ocupaban el gobierno, o ambos en conjunción persiguieron, torturaron y mataron a un número significativo de personas. Una tercera tesis es más compleja: hubo primero uno o varios grupos que en nombre de concepciones revolucionarias se alzaron contra el régimen institucional, de características democrático-republicano-representativas y en esos alzamientos violaron derechos humanos, mediante homicidios o secuestros; luego la represión de esas acciones guerrilleras derivó en un papel preponderante de las Fuerzas Armadas y en esa represión practicaron sistemáticas violaciones a los derechos humanos, fundamentalmente la tortura y también la muerte; posteriormente la represión continuó contra grupos políticos legales en tiempos constitucionales, que no se alzaron en armas, muchos de cuyos miembros fueron torturados, muertos y muertos con desaparición. Como se puede observar, estas tres tesis no son compatibles entre sí, y aquí hay un gran debate nacional pendiente, que debiera darse sin apasionamiento.

El otro tema es a qué se le dice “nunca más”. Ya entre el decreto del Poder Ejecutivo y el discurso presidencial aparecen dos visiones. A título de inventario, desde lo más reduccionista a lo más abarcativo, pueden listarse los siguientes “nunca más”:

a. a la detención de personas por parte del Estado, su muerte, ocultamiento de la muerte y desaparición de rastros

b. a la detención y muerte de personas por parte de fuerzas estatales o paraestatales, con o sin desaparición

c. a la detención, muerte y tortura de personas por parte de fuerzas del Estado o paraestatales

d. a toda forma de persecución arbitraria del Estado (detenciones, prisión, destituciones, amenazas) o aún en una persecución no arbitraria, la realización de la misma con violación de los derechos a la vida e integridad física y psíquica

e. a todo tipo de privación de libertad, padecimiento físico o psíquico, muerte y cualquier forma de amenaza o persecución, ya fuere ocasionada desde el Estado o desde grupos políticos o civiles organizados contrarios a las instituciones estatales existentes

f. al golpe de Estado por sí mismo o asociado a cualquiera de las cinco categorías anteriores

g. al enfrentamiento entre fuerzas del Estado y grupos políticos opuestos a esas instituciones, en una especie de guerra civil

Puede considerarse que esta prolija enumeración es producto de la obsesión de un obseso clasificador. Lo cual es correcto. Pero también la elección de cualquiera de estas categorías es una opción clara e inequívoca de valoración del pasado. Y en tanto forma de valoración del pasado, es una forma de ver por dónde y cómo se debe caminar hacia delante. No es lo mismo decir “nunca más a las desapariciones”, que “nunca más al golpe de Estado”, que “nunca más a todo lo que combata y ataque la democracia”, que decir – lo que no es contradictorio y es complementario de lo anterior” – “nunca más a ningún tipo de violación de derechos humanos, parta de donde parta”.

El “nunca más” proclamado por el gobierno parece ser un punto de partida para estos dos debates que la sociedad uruguaya se debe a sí misma. Y estos dos debates, el qué pasó y el nunca más a qué, pueden perfectamente darse en el marco o con el objetivo señalado por el presidente de la República: para el país “pueda mirar al futuro y encontrar caminos de reconciliación nacional”. Como paso previo e ineludible aparece la necesidad de crear el clima de paz espiritual, de calma en los espíritus, para que ese debate pueda darse, clima del que hoy se está distante.