22 Oct. 2006

Cuando se re-escribe la historia

Oscar A. Bottinelli

El Observador

El primer problema que afrontan los historiadores es la evaluación de la confiabilidad de la información, y son particularmente desconfiados de la exactitud de las memorias, de los recuerdos o testimonios muy a posteriori de los acontecimientos, la mar de las veces en un contexto diferente al existente cuando el acontecer de los hechos narrados.


El primer problema que afrontan los historiadores es la evaluación de la confiabilidad de la información, y son particularmente desconfiados de la exactitud de las memorias, de los recuerdos o testimonios muy a posteriori de los acontecimientos, la mar de las veces en un contexto diferente al existente cuando el acontecer de los hechos narrados. Se observa hoy una tendencia a la relectura de la historia, es decir, a contar los acontecimientos y los procesos de hace 35 a 45 años como si los actores políticos razonasen con los códigos de hoy, con los valores y la percepciones de esta primera década del tercer milenio, en el contexto político, económico social y mundial de hogaño. Cada uno actúa en su momento, piensa y siente, en función de los códigos de la propia época.

Hace poco, un historiador se preguntaba qué fue primero, si la represión o la guerrilla. La pregunta es muy curiosa, porque solo puede surgir en estos últimos años ¿Por qué? La represión, entendida como se la ve desde la izquierda, consistió en la aplicación de las medidas prontas de seguridad por parte del Poder Ejecutivo, primero una sola vez en los comienzos de los años cincuenta, luego en forma reiterada y creciente en los dos gobiernos colegiados blancos, más adelante practicada por Gestido y finalmente en forma cuasi ininterrumpida por Pacheco Areco. ¿Cuáles fueron los fundamentos de los decretos de implantación de todas las medidas prontas, de 1952 a 1968? Fue lo que cada gobierno consideró la conflictividad laboral, el desborde sindical, la magnitud o gravedad de los paros y huelgas. En 1968 se agregó a la conflictividad sindical el desborde callejero de origen estudiantil, con bloqueo de calles, rotura de vidrieras e incendio de vehículos. Ese pues fue el origen de lo que la izquierda llama represión, el origen de lo que Quijano denominaba “paréntesis cesaristas”.

¿Cuál fue el origen de la guerrilla en Uruguay? ¿Fue la lucha contra esta represión? ¿Fue un movimiento puntual para combatir un momento preciso de extralimitación del orden constitucional? Nada que ver. El grupo sin nombre y con mucha vinculación socialista que participó en el operativo del Círculo de Tiro Suizo estaba preparando “La Revolución”. El Movimiento de Liberación Nacional en su propio nombre hace referencia al objetivo de luchar por lo que consideraba la segunda y definitiva liberación. Los documentos del MLN-T apuestan a cambios profundos en la estructura social y productiva, además de los cambios políticos, apuntan a una revolución catalogada como popular y anti-imperialista. Y de parecido tenor, con mayor o menor profundidad, con diferentes fuentes ideológicas, los del FARO, el Partido Comunista Revolucionario, la Organización Popular Revolucionaria “33” (OPR-33) o algunos otros. En los años sesenta mucha gente planteaba la opción entre dominación oligárquico-imperialista y revolución. Otros en la izquierda discrepaban con los métodos de la lucha armada, a la que se denominada “acción directa”, por adherir a la necesidad de profundizar la democracia a partir de una democracia política burguesa y por tanto limitada.

Más tarde, cuando la democracia política burguesa comenzó a flaquear ostensiblemente, cuando desde la mayoría de la izquierda se ilusionó con un camino nacionalista y anti-imperialista abierto por las Fuerzas Armadas (como en Perú, como después en Portugal), esa buena parte de la izquierda consideró que debía apuntalarse al sector militar considerado progresista expresado en los comunicados 4 y 7 del 9 de febrero de 1973. Porque esa mayoría de izquierda dio por liquidada o debilitada la lucha en el terreno de las anteriores reglas de juego, y la necesidad de operar en una nueva realidad.

Los partidos tradicionales, la totalidad del Partido Colorado y la totalidad del Partido Nacional, ante lo que consideraron un grave debilitamiento de las instituciones por el avance subversivo, recurrieron a dos instrumentos que hoy no se dudan en calificar de inconstitucionales: la declaración del Estado de Guerra Interno y la Ley de Seguridad del Estado. Ambos, uno transitorio, el otro permanente y más acabado, permitieron que la Justicia Militar pasase a juzgar a civiles.

Todo esto lleva a un dato esencial. Hay que interpretar el momento de acuerdo con el contexto del momento, los diferentes valores en juego para los distintos actores, los riesgos que cada cuál consideraba estaban presentes. Hay que interpretar cuál era la realidad real y cuál era la realidad imaginaria, la de los textos jurídicos o las declaraciones de principios. Todos los actores políticos y sociales se movieron en torno a esa realidad real, a veces en conflicto consigo mismo.

No solo no es posible pretender interpretar los hechos de los años sesenta y setenta a la luz del pensamiento del siglo XXI, sino que mucho menos es posible juzgar éticamente a ninguno a la luz de estos acontecimientos. Por supuesto que a la larga se podrán juzgar aciertos o errores, e incluso cada uno podrá sostener cuán atado estuvo a sus principios y cuánto no lo estuvieron los otros. A la luz del tercer milenio es posible trazar juicios muy duros sobre lo que hizo o dejó de hacer cada cuál. Y eso en definitiva puede ser funcional a la lucha política por la captación de espacios de opinión pública.

Pero lo que realmente importa, lo sustancial para el futuro del país, es hacer un trabajo sereno, desapasionado, que permita explicar todas aquéllas conductas: Por qué un sector de gente de capas medias y buen nivel intelectual consideró necesario ir por el camino de las armas. Por qué un día el Partido Colorado y el Partido Nacional consideraron que la lucha antisubversiva debía ser conducida por las Fuerzas Armadas, con suspensión de garantías individuales y funcionamiento de la Justicia Militar, cuando por los mismos días Italia (como España hoy) emprendió la lucha anti-guerrillera a través de la policía, con plena vigencia de garantías individuales y funcionamiento de la Justicia ordinaria. Por qué fue tan magra la acción del sistema político contra el alzamiento militar de febrero de 1973. Por qué una gran mayoría de la izquierda apostó a influir dentro de las Fuerzas Armadas. En definitiva, por qué un país que se consideraba a sí mismo (y se considera) liberal, tolerante, plural, cayó en lo que cayó y pasó lo que pasó. Más tarde o más temprano va a tener que hacerse ese ejercicio, y sólo se puede hacer si se lee lo acontecido con los códigos y las reglas de aquél momento.