24 Set. 2006

Cuando Fray Bentos se vistió de Saudí

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Hace un cuarto de siglo la población de Fray Bentos salió a la calle a presenciar la llegada de potentados saudíes, quienes en sus camellos imaginarios portaban alforjas repletas de monedas de oro para rescatar el Frigorífico Anglo, arruinado por los infieles. Muchas madres vistieron a sus hijos con el clásico atuendo del desierto, cual Lawrence de Arabia del lejano sur.


Hace un cuarto de siglo la población de Fray Bentos salió a la calle a presenciar la llegada de potentados saudíes, quienes en sus camellos imaginarios portaban alforjas repletas de monedas de oro para rescatar el Frigorífico Anglo, arruinado por los infieles. Muchas madres vistieron a sus hijos con el clásico atuendo del desierto, cual Lawrence de Arabia del lejano sur. No solo los camellos eran imaginarios, sino también las alforjas, las monedas de oro, los billetes de dólar y el rescate del Anglo. La ciudad del Litoral, la que un siglo atrás vivía las glorias de las exportaciones de carne, con su barrio inglés y su campo de golf, sufría entonces una más de las desilusiones. Antes habían desfilado unos cuantos especuladores con sus maletas llenas de falsas ilusiones.

Así, en un pueblo moribundo, empobrecido y desencantado, las autoridades de Ence en Uruguay, de origen uruguayo, desplegaron una estrategia cautelosa con el fin de no despertar falsas esperanzas. Siempre dijeron que la empresa española Ence, asociada con Eufores, estudiaba la instalación de una planta de celulosa, pero no sabía si la iba a instalar o no. La cautela terminó cuando se pasó a la audiencia pública para la concesión del permiso ambiental en un club de pleno centro de Fray Bentos, más a los pocos meses la inauguración del puerto de M’Bopicuá con cintas cortadas por el presidente de la República Oriental del Uruguay, el presidente de la Xunta de la Comunidad Autónoma de Galicia y el presidente de Ence, a su vez presidente de la Caixa de Galicia, a su vez dependiente del gobierno gallego. Para completar el panorama, el gobierno Batlle adjudica a la empresa española el permiso para construir en M’Bopicuá una zona franca. Para cualquier entendedor las señales y el compromiso de ambas partes era absolutamente claro. Por otro lado Ence desplegó en Uruguay, su autoridad uruguaya en el país, una estrategia hacia la totalidad del sistema político, hacia el sindicalismo y hacia la sociedad, con apoyo a escuelas, barrios, emprendimientos sociales, con una reserva de fauna y flora abierta al público. Del lado uruguayo no hubo franquicia, exención o subsidio posible que el grupo español dejase de recibir.

Cuando Argentina arreció con su actitud de bloqueo, el gobierno uruguayo - con todo el país detrás – jugó por un lado en buscar entendimientos y por otro en plantarse firme, soportar el corte de los puentes, sufrir pérdidas millonarias en la actividad turística, litigar y ganar en la Corte Internacional de Justicia, litigar y ganar (aunque apenas) en el Tribunal Arbitral del Mercosur y aprestarse al litigio de fondo en La Haya. Lo que Uruguay no previó fue que el compromiso del país, la seriedad exhibida y mantenida con el cambio político más grande de los últimos tiempos, no tuviese correlato del lado español: ni de la empresa, ni del gobierno de España, ni del gobierno de Galicia (cuyo presidente socialista llegó al cargo por un escaso margen de votos aportados desde el Río de la Plata, con el generoso apoyo del presidente Vázquez, el Frente Amplio y el Partido Socialista del Uruguay)

La empresa no siempre actuó con tino ni entendió del todo al país, no aprovechó una buena disposición del sindicalismo y se alejó del PIT-CNT, y además exhibió una arrogancia imperial como si fuesen los salvadores tras la crisis del 2002. Ya con la anterior dirección comenzaron a verse signos de descomposición, que se aceleraron cuanto el gobierno de Galicia y la Caixa de Galicia abandonan el control y pasa a manos de inversionistas especuladores, algunos de ellos con fuertes y endebles inversiones en Argentina.

Como es obvio, Ence no se va de Fray Bentos sino de Uruguay, porque construir una planta en otro lugar es un nuevo proyecto, una nueva zona franca, un nuevo estudio de impacto sobre otro ambiente distinto, un nuevo permiso industrial, un nuevo permiso municipal. Celulosas de M’Bopicuá cerró, y con ella la necesidad de un puerto y de una chipeadora ambos al lado de la planta., Podrá haber otro proyecto, diferente, con mayor o menor posibilidad o seriedad. Pero será uno más de los posibles proyectos, de los que se concretan y de los que nunca aterrizan. Y se va por razones diferentes a las argumentadas, por algo hace unas semanas la empresas española devolvió un préstamo que le permitía financiar casi los dos tercios del emprendimiento.

Tres elementos jugaron en contra de Uruguay. Uno, que el gobierno argentino juega fuerte y más allá de las reglas como lo demostró en el no pago de la deuda a los inversionistas familiares italianos; y que además Kirchner no acepta una derrota ni jugando al truco por garbanzos, por lo que no iba a permitir que el pequeño Uruguay lo venciese. Dos, que para España son más importantes las inversiones en Argentina, con Repsol-YPF y Telefónica a la cabeza, y para ello está dispuesta a cortarse sola a contrapelo de toda la Unión Europea. Tres, que los controladores de ENCE son altamente vulnerables a los enojos de Kirchner. Muchas hipótesis se manejaron sobre la forma de finalización del conflicto, menos que Uruguay fuese abandonado por sus defendidos, a favor de quienes el país gastó y perdió ingentes recursos.

Y esto trae tres grandes consecuencia. En primer lugar robustece el pensamiento desconfiando sobre las inversiones extranjeras, pensamiento extendido y con fuerza en la sociedad uruguaya; la desconfianza se redujo cuando comenzó a diferenciarse entre inversión financiera golondrina e inversión industrial de radicación y ahora encuentra que los proyectos de inversión de radicación pueden ser tan golondrina y dañosos como los financieros. En segundo lugar también robustece el descreimiento en el Mercosur, porque no hay integración regional sin buena fe de los socios y la bona fide es lo que más falta en la zona. En tercer lugar, aleja más a los uruguayos de España, que hoy se sienten no correspondidos por ella, con lazos ya debilitados por el constante incumplimiento español del Tratado de 1870 que permite la libre circulación y radicación de personas entre ambos países.