13 Ago. 2006

De rentas, ingresos y trabajo

Oscar A. Bottinelli

El Observador

El lenguaje implica que quien emite un mensaje y quien lo recibe apliquen los mismos códigos, lo cual no siempre ocurre. La renta y el impuesto a la renta es un tema en que la palabra quiere decir muchas cosas diferentes. Para un economista renta, especialmente cuando se habla del impuesto a la renta, es el ingreso (en sentido genérico) de una persona, hogar o empresa o el ingreso neto de esa persona, hogar o empresa, lo que ya es una de las discusiones a propósito del proyecto de reforma impositiva impulsado por este gobierno.


El lenguaje implica que quien emite un mensaje y quien lo recibe apliquen los mismos códigos, lo cual no siempre ocurre. La renta y el impuesto a la renta es un tema en que la palabra quiere decir muchas cosas diferentes. Para un economista renta, especialmente cuando se habla del impuesto a la renta, es el ingreso (en sentido genérico) de una persona, hogar o empresa o el ingreso neto de esa persona, hogar o empresa, lo que ya es una de las discusiones a propósito del proyecto de reforma impositiva impulsado por este gobierno. Pero renta quiere decir otras cosas diferentes. Una de ellas es “aquello que paga en dinero o en frutos un arrendatario”, de donde un impuesto a la renta es exclusivamente un impuesto a los arrendamientos. Otra cosa es cuando renta quiere decir “caudal o aumento de la riqueza de una persona”, que se emparenta con otro concepto de renta: “Aprovechar algo que se ha conseguido anteriormente, sin hacer ningún esfuerzo por renovarlo”

Cuando los economistas hablan de impuesto a la renta, refieren a gravar el ingreso, frente a otras formas de gravámenes como a lo que se consume o a lo que se tiene. Pero cuando alguien hace campaña electoral, en forma fuerte y hostil hacia el sistema impositivo vigente, y proclama la necesidad de un impuesto a la renta ¿qué es lo que entiende la gente? ¿Entiende que es sustituir el gravamen al consumo (IVA, Cofis, Imesi, por ejemplo) por gravámenes a los ingresos?

De estudios realizados surge la prevalencia en la sociedad de dos imaginarios, que en el caso de la reforma impositiva se interrelacionan. Uno es que en Uruguay hay un conjunto de personas, quizás no muchas, cuyo nivel de patrimonio y nivel de ingresos les permite por sí solas pagar y acrecentar el presupuesto nacional; se trata de una oligarquía pequeña que absorbe la plusvalía del país todo. Dos, que los impuestos los deben pagar: a) quienes viven de recursos sin hacer esfuerzos por trabajar (“viven de renta”), es decir, obtienen sus ingresos de rentas de inversión de capital; b) quienes obtienen altos ingresos de la especulación o la intermediación, concebida ésta como una actividad parasitaria y no productiva; y c) quienes tienen un nivel de ingresos extraordinario y desproporcionado para el trabajo personal de un individuo (“altas rentas”), lo que se asemeja o a especulación o a un lucro desmedido y parasitario. Esta concepción de la renta tiene otras derivaciones en otros temas, como cuál es la concepción prevalente en la sociedad respecto al concepto de trabajo, al valor de la actividad empresaria, al valor de la actividad comercial, a si debe o no haber diferencia entre los ingresos según la capacidad, capacitación, esfuerzo o inventiva de cada quien.

El Frente Amplio hizo durante varias elecciones intensa campaña en pos de una reforma tributaria basada en el impuesto a la renta. El mensaje recibido por la gente fue: uno, hoy pagamos impuestos por los sueldos y jubilaciones que cobramos, y por las cosas que consumimos; dos, eso se va a dejar de pagar; tres, en lugar de nuestros recursos, el Estado se va a financiar con recursos de los otros, de esa oligarquía que tiene mucho dinero, gana además mucho y lo hace como efecto de usar el capital y el trabajo ajeno, es decir, de aprovechar la plusvalía.

Hubo dirigentes frenteamplistas que advirtieron del peligro de la brecha existente entre la intención real del Frente Amplio y la visión que la idea generó en la gente. Esa advertencia no fue tenida en cuenta y el primer empantanamiento se ocurrió cuando el balotaje de 1999, en que la candidatura Batlle logró arrinconar a la candidatura Vázquez con el impuesto a la renta, en base a un proyecto que llegaba a mucha menos gente que el de hoy (ya que la franja mínima se aplicaba a hogares que en términos de hoy rondarían en los 15 mil presos de ingreso mínimo); allí la gente se sorprendió al ver que el impuesto no se aplicaba a la renta (en el sentido definido antes) sino a los ingresos producto del trabajo presente (salarios) o anterior (pasividades). La lección que sacó la dirigencia de izquierda fue que el error estuvo en presentar cifras concretas, y así manejó en toda esta última campaña electoral el tema en forma vaga e indefinida. Pero si fue neutral en la campaña pasada ya no lo es en la gestión de gobierno, porque ahora no se trata de ideas sino de concreciones, y el impuesto si se aprueba más o menos como viene (y las modificaciones serán menores), el año que viene una masa importante que creyó beneficiarse de la exoneración de impuestos a los salarios, las pasividades y el consumo, verá mantener o incrementar sus gravámenes; y por encima de todo no verá aparecer esos ríos de dinero provenientes de esa oligarquía que concentra todas las riquezas y casi todos los ingresos del país; o más sencillamente, empezará a dudar del tamaño, riquezas e ingresos de esa oligarquía.

Hasta ahora al interior del Frente Amplio la discusión se ha centrado en dónde poner el mínimo no imponible o en aumentar las rentas de capital. Pero no ha habido de nadie un discurso que vaya directo a explicar a la gente la gran discrepancia entre esta reforma tributaria y el imaginario que se generó en la gente, en la gran mayoría de los uruguayos y en particular en la abrumadora mayoría de los votantes de la izquierda y de Tabaré Vázquez.

Este es un gran dilema para este gobierno, porque la reacción que la población tenga a la nueva tributación sobre la renta podrá afectar y bastante la confiabilidad en el presidente, en el gobierno y en el Frente Amplio. Y sin un discurso que pretenda salvar la brecha entre la realidad y el imaginario, es muy difícil que la reforma sea aceptada con comodidad.


Aclaración. El domingo anterior se deslizó un error. Se dijo que por el régimen de cuota con los resultados de la última elección ingresarían al Senado 7 mujeres en 5 listas, y al detallar por partido se aplicó 1 banca en 1 lista del Partido Colorado. En realidad en el Partido Colorado no saldría electa en función de la cuota ninguna mujer, pues no hubo ninguna lista que obtuviese 3 bancas. En consecuencia, en función de una cuota de candidaturas de 1 mujer cada 3 candidatos, al Senado hubiesen ingresado con los resultados de las pasadas elecciones 6 mujeres en 4 listas.