28 May. 2006

Tembladeral en el gobierno

Oscar A. Bottinelli

El Observador

El gobierno está en un tembladeral interno, quizás por culpa de Kirchner: no mantuvo la confrontación binacional en un nivel suficientemente alto de decibeles. Ahora, sin esa causa unificante, afloran los problemas internos con intensidad, desde las acusaciones por violaciones a derechos humanos durante la dictadura hasta diversos planos de la política económica.


El gobierno está en un tembladeral interno, quizás por culpa de Kirchner: no mantuvo la confrontación binacional en un nivel suficientemente alto de decibeles. Ahora, sin esa causa unificante, afloran los problemas internos con intensidad, desde las acusaciones por violaciones a derechos humanos durante la dictadura hasta diversos planos de la política económica. En niveles militantes y de opinión pública frenteamplista se advierte un crecimiento de la disconformidad con la política económica, especialmente en seis campos: salarios, desocupación, gasto público, inversiones, Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de América y endeudamiento agropecuario.

El estilo Vázquez ayuda a ese tembladeral. Por un lado es un hombre muy autoritario, pero selectivamente autoritario: impone su decisión, en forma indiscutible e inapelable, pero solo en los terrenos o en los momentos que él mismo elige. Y cuando no impone su autoridad, delega en forma casi absoluta: deja en manos de quien corresponda el decidir la política, establecer su aterrizaje y llevar adelante su ejecución. Como el gobierno no se compone de compartimientos estancos, tarde o temprano aparecen las fricciones, porque hay temas que superponen varios dicasterios. Pero además como todo gobierno es un gobierno político, y más allá de la autoridad delegada en cada ministro, cada una de las fuerzas en particular que componen el gobierno, y el conjunto de fuerzas expresadas en el partido oficialista y en su estructura, el todo y cada uno de ellos van a juzgar y procurar incidir sobre las decisiones del gobierno.

Así pues, ese gobierno de apariencia presidencial y autoritaria, funciona en la mayoría de los casos o como un gobierno dividido y compartimentado, o como un gobierno colegiado. Pero lo primero requiere de órganos y procedimientos que permitan estar por encima de la compartimentación, y lo segundo exige ámbitos y procedimientos claros de debate y toma de decisiones. Muchas veces se ha señalado la gran carencia de la izquierda en este aspecto, la existencia de muchas estructuras orgánicas y la ausencia de algún órgano o conjunto de órgano absolutamente legitimado por todos para dirimir el disenso. Muchas cosas contribuyen a agravar el problema: el estilo presidencial, el estilo de varios ministros, la fuertemente diferenciada correlación política entre las bancadas parlamentarias, el gabinete y la estructura frenteamplista. A lo que hay que sumar la carencia de figuras cuyo rol sustancial sea el de zurcidor, el de permanente buscador de acuerdos y gestor de buenos oficios. Este papel lo ha cumplido Mujica desde la primavera pasada hasta el mismo momento en que él mismo pasó a ser parte del problema, de donde ya no puede ser parte de la mediación. Y también conspira la decisión adaptada por el oficialismo al designar los directores de los entes autónomos, donde salvo pocas excepciones apeló a figuras técnicas y no políticas; precisamente en esta crisis se ven los efectos del predominio de visiones tecnocráticas sobre visiones políticas.

Cabe advertir, como se ha advertido muchas veces, que contra la visión simplificada este no es un gobierno bipolar, con dos grandes bloques y un presidente arbitral. Es un gobierno en el que conviven siete corrientes políticas, cinco de las cuales están representadas en el gabinete por su máxima figura política. Esas siete corrientes se agrupan y reagrupan en función de los campos y de los temas; no hay alianzas sólidas válidas para todos los campos y todos los momentos. Es necesario repasar el peso cuantitativo de cada corriente:

GabineteSenadoDiputados
Espacio 6092520
Espacio 904*211
Frente 212113o8
Vertiente Artiguista2**24
Nuevo Espacio014
Alianza Progresista3***2***3
Democracia Avanzada111
Independientes2****11
No frenteamplistas1

* Incluye al secretario de la Presidencia

** Incluye al director de OPP

¨*** Incluye al Vicepresidente de la República en el gabinete y en el Senado

**** Incluye a Ma. Julia Muñoz, que puede considerarse de la Vertiente o independiente

Nota: Debe advertirse que hay figuras como la ministra de Defensa y el secretario de la Presidencia que. más allá de su filiación sectorial, esencialmente responden al presidente de la República

En lo que al campo económico corresponde, las siete corrientes aparecen más bien agrupadas en tres tendencias no del todo definidas: Una, en apoyo a la política económica, expresada por Astori, Lepra, Nin Novoa (y seguramente Lescano, en tanto el presidente del Banco Central es de su sector) y desde el Senado por Michelini (a cuyo sector pertenece el jefe de la Asesoría Macroeconómica). Dos, una fuerte lejanía de largo tiempo representada por Gargano, Arismendi y posiblemente Díaz. Y una línea seguida por Mujica y Bonomi de entendimiento con Astori desde setiembre, alianza que en este momento cruje y hace cambiar la correlación de fuerzas. Pero además debe prestarse atención a los mensajes sutiles que emite el líder de la Vertiente Artiguista, el senador Enrique Rubio, en cuanto toma distancias de la conducción económica.

Para el presidente de la República es crucial cómo se dirime este diferendo. Lo más claro es lo que tiene que evitar, que en una apretada síntesis y a riesgo de dejar cosas por el camino, son:

Uno. Que se monolitice el gabinete, con lo cual el presidente puede perder su rol arbitral y de decisor en última instancia

Dos. Que se resquebraje el gabinete al extremo de fracturar el gobierno, la mayoría parlamentaria y la apoyatura social al gobierno

Tres. Que arbitre a favor de una sola de las líneas, en contraposición a las demás, y lo exponga a ser el destinatario directo de las insatisfacciones con la conducción económica o el responsable de un fuerte giro en la política económica

Cuatro, Que alguien (persona o sector) se fortalezca demasiado y que otros (personas o sectores) se debiliten en extremo, al punto de romper los equilibrios en el oficialismo

Por otro lado, el presidente afronta el problema del juego de imposición de posturas por vía de amenazas de renuncia. Esta es la tercera vez que afronta claramente una amenaza de renuncia (las dos anteriores fueron de Astori, una explícita y otra implícita). Pero además tiene un anuncio de dimisión de Gargano en relación al TLC con Estados Unidos. Este, el juego de las renuncias, es un juego que el presidente debe acotar, porque mella la autoridad presidencial. Y acotarlo puede impedirle evitar alguna de las cuatro cosas que debe evitar.