23 Abr. 2006

Los diversos campos de oposición

Oscar A. Bottinelli

El Observador

En este segundo año de gobierno frenteamplista se ve un poco más de campo y de visibilidad de la oposición. Sin embargo, es un campo extremadamente pequeño, una visibilidad muy escasa y resultados exiguos si se comparan con el campo, la visibilidad y los resultados de la oposición a los gobiernos anteriores. Ello no es explicable por el hecho de que este gobierno cuenta con mayoría absoluta en ambas cámaras, porque los dos gobiernos anteriores (Batlle Ibáñez y Sanguinetti bis) contaron casi todo el tiempo con una clara y férrea mayoría absoluta en ambas cámaras.


En este segundo año de gobierno frenteamplista se ve un poco más de campo y de visibilidad de la oposición. Sin embargo, es un campo extremadamente pequeño, una visibilidad muy escasa y resultados exiguos si se comparan con el campo, la visibilidad y los resultados de la oposición a los gobiernos anteriores. Ello no es explicable por el hecho de que este gobierno cuenta con mayoría absoluta en ambas cámaras, porque los dos gobiernos anteriores (Batlle Ibáñez y Sanguinetti bis) contaron casi todo el tiempo con una clara y férrea mayoría absoluta en ambas cámaras. El que en un caso la mayoría se conforme con legisladores de un solo lema y en los otros casos con la conjunción de parlamentarios de dos lemas, no hace a la cosa. Importa más la disciplina al interior de los grupos y la disciplina del conjunto, que la geometría electoral de la cual devienen.

¿Por qué entonces los gobiernos anteriores tuvieron mayor necesidad de contemplar a la oposición o, si no la contemplaron, de ser frenados por esa oposición? La respuesta parece provenir del conjunto de fuerzas de las que dispuso la izquierda cuando fue oposición y de las que hoy disponen los partidos tradicionales cuando en conjunto y en simultáneo están ambos, por primera vez en la historia, en ese rol opositor. Para la izquierda la oposición parlamentaria fue uno de los escenarios de juego en oposición al gobierno, no el único. Contó con un sinnúmero de escenarios y de actores, más o menos interrelacionados, con visiones similares y propósitos relativamente comunes. Corresponde enumerar esos escenarios y actores:

Uno. Los actores político-parlamentarios, que juegan en tres grandes tipos de escenario: los hemiciclos parlamentarios, los medios de comunicación y el pie a tierra, la comunicación personalizada con la gente. Con este tipo de actores y escenarios cuentan hoy los partidos tradicionales en la misma dimensión y con igual fuerza con las que hubo contado la izquierda.

Dos. Los actores corporativos de corporaciones con alto número de integrantes o con alto peso efectivo. En tal sentido ha sido determinante el juego de los sindicatos y en menor grado, pero no por ello menos importante, de cuerpos sociales como el cooperativismo de vivienda por ayuda mutua.

Tres. La acción político-ideológica, o de construcción de imaginarios, asumida por buena parte de la intelectualidad, con la Universidad de la República en un papel central en cuanto a autoridad intelectual, y buena parte del magisterio y la docencia media como operadores de ideologización y politización.

Cuatro. Una capacidad militante, mediante la conjunción del activismo político-partidario, sindical, cooperativo, social y de ONGs, capaz de impulsar referendos y plebiscitos que, en algunos casos con su sola amenaza y en otros casos mediante su conclusión en las urnas, paralizaron la acción o el rumbo de los gobiernos. En tal sentido son significativos el referendo contra la Ley de Empresas Públicas de 1992 (aunque en la definición del mismo participó un sector relevante de los partidos tradicionales como el encabezado por Julio Ma. Sanguinetti), el referendo sobre la Ley de Asociación de Ancap de 2003 o el logro de las firmas para convocar a referendum también en 2003 sobre una nueva ley relacionada con Antel y Ancel (que para evitar el referendum llevó al oficialismo a derogar la ley).

El actual gobierno cuenta con una oposición político-parlamentaria en el Partido Nacional y el Partido Colorado, pero por otro lado se mueve en un juego de oposición y transacción con el poder económico que dimana de las cámaras empresariales. Pero a diferencia de lo ocurrido en periodos anteriores, en este caso no hay un entramado que coordine o yuxtaponga el juego opositor político-partidario y el juego de presión del empresariado. Los partidos tradicionales no cuentan con escenarios sociales o político-sociales diferenciados y complementarios del político-partidario, no cuentan con fuerzas sociales que jueguen en consonancia con ellos y tampoco cuentan con la capacidad militante de amenazar con plebiscitos o referendos paralizantes para el gobierno. Aquí pues aparece una gran diferencia entre el poder opositor de unos y de otros, y en la eficacia en cuanto a resultados.

Cabe añadir además que la izquierda logró un gran éxito en el debate ideológico, o para ser más preciso, en el debate sobre imaginarios. Obtuvo que se asumiese mayoritariamente la confrontación entre el imaginario de una sociedad fuertemente protegida y sostenida desde el Estado en un proyecto productivo versus una sociedad a la intemperie, desprotegida, cuya sobrevivencia económica dependía de proyectos especulativos. Hoy los partidos tradicionales no han logrado articular un debate, ni a dos bandas ni a tres, en que claramente se confronten proyectos, imaginarios o ideologías, en una confrontación que resulte sentida, comprendida y aceptada por la gente.

Por aquí pues pasa el desnivel de la anterior oposición y de la actual oposición. Esto lleva a que este gobierno cuente con un mayor margen para cometer errores y desaciertos, o para no producir resultados, que cualquiera de los gobiernos anteriores. En grandes líneas sigue siendo un gobierno que juega en solitario, donde los éxitos son producto de sus aciertos y los fracasos productos de sus solos errores, sin que la oposición logre ni provocar errores ni sacar provecho de los errores que el gobierno cometa por sí solo.