16 Abr. 2006

Las garantías y la confiabilidad

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Para bien o para mal siempre es conveniente mirarse en espejos ajenos. Uruguay es un país cuya cultura, y en particular su cultura política, recoge una muy fuerte influencia italiana, como que por las venas de más de 4 de cada 10 uruguayos corre en todo o en parte sangre itálica. Italia acaba de tener unas trascendentes elecciones, para algunos comparables en importancia a las de 1948, que han culminado en una formidable polémica.


Para bien o para mal siempre es conveniente mirarse en espejos ajenos. Uruguay es un país cuya cultura, y en particular su cultura política, recoge una muy fuerte influencia italiana, como que por las venas de más de 4 de cada 10 uruguayos corre en todo o en parte sangre itálica. Italia acaba de tener unas trascendentes elecciones, para algunos comparables en importancia a las de 1948, que han culminado en una formidable polémica. El elemento fundamental de la controversia es que la conquista del gobierno la viene obteniendo el centro-izquierda por una diferencia de 25.224 votos en 38.151.407 votos válidos emitidos en la circunscripción central, en la cual quien gana logra una cómoda mayoría absoluta de los escaños del total de la cámara baja (340 en 630), la cámara política por excelencia. Si se añaden más de 1 millón de papeletas anuladas y en blanco, el total de votantes supera los 39 millones. La diferencia es pues del 0.066% sobre votos válidos y del 0.064% sobre total de votantes. En cifras uruguayas es como si la Presidencia se estuviese definiendo por 1.437 votos. Esta es la magnitud de la diferencia entre ambos polos.

Pero el tema viene complicado por otros temas más, que devienen en duras polémicas que siembran la desconfianza y la incomunicación recíproca, que conviene analizar cada uno en comparación entre lo que sucede en Italia y lo que es norma en Uruguay:

Uno. La estabilidad del sistema electoral, es decir, de las reglas de trasformación de los votos en bancas. Uruguay cuenta con reglas estables y conocidas tanto por los actores políticos para diseñar su juego como por parte de los electores para calcular y definir su estrategia de voto; estas reglas fueron establecidas en 1925 y se han mantenido incambiadas con algunas modificaciones de entidad en la reforma de 1996. En Italia, luego de una larga estabilidad del sistema electoral por más de 40 años, viene una modificación radical del sistema en 1993 y luego otra variación no menos radical en diciembre del año pasado, a tres meses de las elecciones políticas nacionales.

Dos. La congruencia del sistema. Los sistemas electorales pueden responder a los más diversos principios e ingenierías, a gusto y en función de las ideas y valores de cada cual; pero sustancialmente deben guardar una fuerte consistencia interna, una buena lógica y congruencia. Italia estableció un sistema de cómputo cuasi nacional para la elección de la preponderante Cámara de Diputados, en un mecanismo parecido al de las juntas departamentales uruguayas, donde quien obtiene la mayor cantidad de votos logra per se la mayoría absoluta de los escaños. En lo que parece ser un error técnico y no una decisión política, este universo no se compone del total de votantes, sino que se excluyen a 5 distritos: los 4 de la circunscripción exterior y los de la región Val d’Aosta (exclusión de la cual todavía no se ha enterado los valdaostanos). Como se sabe, en Uruguay las bancas de diputados se distribuyen entre los lemas (partidos) en base a los votos obtenidos en todo el país, sin exclusión alguna.

Tres. Incongruencia en la elección del Senado, que se elige por 4 mecanismos diferentes: en 17 distritos por un mecanismo proporcional de base regional, 3 distritos binominales, 8 distritos uninominales y 1 banca complementaria a las 6 binominales del Trentino-Alto Adige, como compensación a la minoría. El resultado final deviene, como ocurrió, altamente aleatorio y no relacionado ni con el predominio en votos ni con el predominio en territorio

Cuatro. La incongruencia en la elección de una y otra cámara. El cuerpo electoral general lo componen todos los ciudadanos en activo con 18 y más años de edad, pero el electorado para el Senado lo componen solo los que computan 25 años en adelante. Y como está generalizado en el mundo (y no aquí) se vota por separado para cada cámara. La conclusión nada inesperada es que para el Senado hay más votos hacia la derecha que en la cámara baja; mientras en ésta hubo paridad, en el Senado hay una clara diferencia a favor del centro-derecha. En Uruguay la congruencia viene dada por el mismo universo, el mismo sistema (adjudicación proporcional de base nacional) y el voto vinculado para ambas cámaras.

Quinto. En Uruguay las reglas electorales, sean de base legal o constitucional, solo pueden modificarse con el voto de los dos tercios del total de componentes de cada cámara. En Italia (como en (Francia) se pueden modificar y se modifican al compás de las mayorías (de apenas algo más de la mitad), contra la voluntad de ese apenas algo menos de la mitad, lo que arroja una alta inestabilidad y contribuye a la desconfianza entre los competidores.

Sexto. El procedimiento de emisión del voto en Uruguay supone necesariamente su verificación posterior por un organismo de alzada, por encima de las mesas receptoras de votos, y el recuento de votos toda vez que algún actor electoral lo considere del caso. La verificación de cada acta y el recuento es algo absolutamente normal y parte de los procedimientos ordinarios. El resultado final, que tarda unos días, es producto de cumplir todas las verificaciones y recuentos, y de dirimir todos los recursos. En Italia, el pedido de Berlusconi de contar los votos ha sido visto por sus oponentes como una chicana jurídica inaceptable, y además el primer ministro se encargó de ensuciar la cancha al hacer el pedido bajo la acusación de embrollo.

Para seguir mirándose al espejo y rescatar las diferencias, en Europa se sigue sin entender que las encuestas de boca de urna son fiables exclusivamente para marcar una tendencia y un escenario grueso, pero no para anunciar resultados, cosa que en Uruguay se aprendió y bien hace tiempo. Pero aquí la proyección de votos o de escrutinio se ha revelado como un instrumento de altísima eficiencia, a pesar de resultados tan apretados como la victoria de Vázquez en primera vuelta: los actores políticos han operado en base a las proyecciones de escrutinio, sin esperar los resultados oficiales, en abril, octubre y noviembre de 1999, en mayo de 2000, en diciembre de 2003, en junio y octubre de 2004, y en mayo de 2005. La elección de Vázquez como presidente de la República fue anunciada por Factum a 1 hora y 34 minutos de cerradas las primeras urnas, y a los 34 minutos de clausuradas las últimas urnas. En Italia, a 3 horas del cierre de la votación, no había proyecciones significativas

Este ejercicio comparativo vale para que el país vea sus logros en un área en que ha desarrollado alta estabilidad, confiabilidad y aceptabilidad de reglas, procedimientos y tecnología.