27 Mar. 2005

Del consenso a la diferenciación

Oscar A. Bottinelli

El Observador

En mayo de 1986 se realizó en Floriánopolis un seminario sobre las Transiciones a la Democracia en el Cono Sur, patrocinado por la fundación alemana Friedrich Ebert. En Uruguay se vivía todavía un cierto deslumbramiento con las políticas de consenso, basadas en la concertación política y en la Concertación Nacional Programática.


En mayo de 1986 se realizó en Floriánopolis un seminario sobre las Transiciones a la Democracia en el Cono Sur, patrocinado por la fundación alemana Friedrich Ebert. En Uruguay se vivía todavía un cierto deslumbramiento con las políticas de consenso, basadas en la concertación política y en la Concertación Nacional Programática. Este analista hizo una especie de exaltación del consenso como el sumum de la perfección de la democracia política. El balde de agua fría lo propinó el sociólogo francés Alain Touraine, quien dijo: la democracia en Uruguay carece de un claro juego de gobierno y oposición, hay confusión de roles.

Quizás la concepción de Touraine, leída sin matizamientos, resulte un poco esquemática o jugada a una de las alternativas, que en la democracia lo deseable siempre y en todo tiempo es un juego binario: el gobierno gobierna y la oposición controla. Quizás la otra concepción, de la que en Uruguay el general Seregni fue su mayor abanderado, peque también de esquematismo, sobre todo si se la simplifica a que en todo tiempo y lugar la política de gobierno debe ser la síntesis de la postura de todos los partidos políticos.

Precisamente en este mes ha estado presente esta discusión, a raíz de las fallidas negociaciones entre el gobierno y el Partido Colorado, y las en primera fase falllidas negociaciones entre el gobierno y el Partido Nacional. Para desbrozar la paja del trigo: una cosa es la desprolijidad del gobierno en materia de negociaciones (ese es un tema) y otra cosa las opciones de fondo entre gobierno consensual y gobierno de partido (éste es el tema del análisis). Desde el punto de vista de una democracia política liberal (de una poliarquía, en la denominación y categorización de Robert Dahl), se cumplen los requisitos plenos de buen funcionamiento de la misma tanto en un gobierno de consenso y amplia participación de todo o casi todo el sistema político (como en un gobierno solo de mayoría, es decir, representativo de apenas más que la mitad del electorado) con la casi otra mitad del electorado en la oposición, en el ejercicio de las funciones de contralor.

Las razones para optar por la amplia participación o por el gobierno de apenas mayoría son de tiempo y lugar, de conveniencias e inconveniencias, de pérdidas y ganancias, para el gobierno, el sistema político y el país, de optar por uno u otro camino. En Uruguay el consenso y una relativa participación de todo el sistema político operó en el primer gobierno Sanguinetti, cuando el objetivo central era la consolidación de la democracia restaurada. En España, Alemania e Israel lo dominante es el gobierno de mayoría, la división de papeles entre gobierno y oposición, entre mayoría y minoría. A veces la mayoría puede ser una gran mayoría, una gross koalition, como ocurrió una vez en Alemania y alguna vez más en Israel.

La forma de conformase el gobierno y la oposición, admite muchas categorías, que en principio pueden resumirse en seis: a) el gobierno nacional (cuando todos los partidos parlamentarios participan en pie de igualdad en el gobierno); b) el cogobierno (cuando dos o más agentes participan en pie de igualdad en el diseño y ejecución de las políticas de gobierno); c) la gobernabilidad con participación ministerial; d) la gobernabilidad con participación administrativa pero no ministerial (en entes autónomos, servicios descentralizados y organismos con cierta desconcentración); e) la coparticipación administrativa sin compromiso global de gobernabilidad pero con espíritu de gobernabilidad en los órganos donde se requiere votos que excedan la mayoría absoluta; f) la coparticipación administrativa sin compromiso de gobernabilidad, con fines estrictos de control. Esta es una manera de clasificar.

Puede haber otra: una categorización en cuanto a la conformación del gobierno y otra categorización en cuanto a las reglas básicas de la organización política. En Uruguay se exige que las bases de la estructura política requieran un gran acuerdo, donde predomina la regla de los dos tercios: como diseño de la Constitución, leyes electorales y de ciudadanía, organización de los gobiernos departamentales. En Francia se pueden cambiar las reglas electorales (y se han cambiado más de una vez) por la sola mayoría. Italia se encuentra en una dura confrontación ante la voluntad de la mayoría parlamentaria de impulsar por sí sola una fuerte reforma constitucional con la oposición frontal de la minoría.

Algo que confunde en Uruguay es que el gobierno anterior fue integrado con dos partidos, que en su tiempo representaron las nueve décimas partes del sistema político, y entre ambos integraron los entes autónomos y servicios descentralizados. Confunde porque da la idea de haber sido un gobierno consensual. Desde el punto de vista aritmético electoral o parlamentario, fue un gobierno de la coalición de partidos que llevó a su sitial al presidente de la República, coalición que representó al 55% del electorado y de las bancas. No fue en consecuencia un gobierno con participación de la minoría, sino monobloque. El actual gobierno obtuvo la Presidencia y la mayoría parlamentaria a través de un solo lema, y tal cual lo hizo el Partido Colorado tras las elecciones de 1966, tiene la posibilidad de gobernar en solitario. Otra cosa es si esto le sirve al gobierno, le sirve al sistema político o le sirve al país; pero ese es otro debate.

Para la sociedad uruguaya no parece concebible que la sola mayoría decida las normas básicas de organización y funcionamiento del Estado, y de organización, procedimiento y traducción en decisiones de los actos electorales. Para la sociedad francesa eso es aceptable. Para la italiana es norma pero su aplicación genera controversias extremas. Si el gobierno debe ser de un partido solo, o el mismo debe matizar su presencia con participación de la minoría, depende mucho del tiempo y lugar, y de las opciones de cada quien. A la luz de la teoría y de la praxis universal no parece que un gobierno sea más democrático ni menos democrático porque sea monopartidario o en el otro extremo incluya a la totalidad del sistema político.