13 Mar. 2005

Diez días es muy poco tiempo

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Tras ganar las elecciones, el Encuentro Progresista-Frente Amplio- Nueva Mayoría (vulgo: Frente Amplio) tuvo ante sí dos caminos: buscar participación, consensos o tolerancia de todo o parte del resto del sistema político, o plantarse en solitario.


Tras ganar las elecciones, el Encuentro Progresista-Frente Amplio- Nueva Mayoría (vulgo: Frente Amplio) tuvo ante sí dos caminos: buscar participación, consensos o tolerancia de todo o parte del resto del sistema político, o plantarse en solitario. Hacia el plantarse en solitario empujaban dos cosas: a) que la izquierda no fue tenida en cuenta para ninguna participación administrativa en los tres gobiernos anteriores, y b) un clamor dicotómico del círculo militante, que puede estimarse en alrededor de la cuarta parte de los votantes frenteamplistas. Hacia la búsqueda de participación convergían tres elementos: la sociedad uruguaya premia la consensualidad y penaliza la confron- tación; Vázquez necesita tener un espacio de negociación, apertura y apoyos externos que le faciliten el dominio interno (principalmente en el área económica); fortalecer al país hacia el exterior al presentar un gobierno de izquierda respaldado y en diálogo con todo el sistema político.

La participación de las minorías puede tener muchas formas: a) el cogobierno (cuando dos o más agentes participan en pie de igualdad en el diseño y ejecución de las políticas de gobierno); b) la gobernabilidad con participación ministerial; c) la gobernabilidad con participación administrativa pero no ministerial (en entes autónomos, servicios descentralizados y organismos con cierta desconcentración); d) la coparticipación administrativa sin compromiso global de gobernabilidad pero con espíritu de gobernabilidad en los órganos donde se requiere votos que excedan la mayoría absoluta; e) la coparticipación administrativa sin compromiso de gobernabilidad, con fines estrictos de control. Cogobierno en Uruguay y en periodos poliárquicos (constitucionales, con claro fair play político) cabe citar los gobiernos de Amézaga, Sanguinetti (el segundo) y Batlle Ibáñez (la primera mitad). Luego hubo muchos casos de las otras cuatro categorías. Estas distinciones son necesarias para despejar fuertes errores clasificatorios manejados estos días por exponentes del oficialismo.

Cuando alguien tiene varias opciones ante sí y es libre de elegir cualquier camino, debe saber que la libertad termina cuando comienza a recorrer un camino. Un hombre puede o no proponer matrimonio a determinada mujer, inclusive a una mujer que en el pasado lo rechazó varias veces; lo que no puede es proponer matrimonio, comprometerse y en el momento de la ceremonia dar el "No", basado en que antes la novia lo había rechazado. De ser así se trata de un gesto de venganza, mala educación o falta de madurez, pero carecía de la libertad necesaria para decir el "No" ante el altar o el oficial del Registro Civil.

El gobierno electo tuvo las manos libres para optar por uno u otro camino y por su propia decisión resolvió recorrer la búsqueda de los entendimientos con un abanico de ofertas, ninguna de las cuales incluyó el cogobierno, pero fueron desde la coparticipación ministerial a la coparticipación administrativa con gobernabilidad. En educación y economía dio un paso más hacia la clarificación de sus pretensiones: exigió un acuerdo programático en ambas áreas para que los partidos minoritarios integrasen el Codicen, los consejos especializados de ANEP y los bancos oficiales. Un acuerdo programático se hace porque se parte de la idea de una gobernabilidad o colaboración, y no meramente de una coparticipación con fines de control. El presidente designado de ANCAP marcó esta búsqueda de entendimientos al expresar que esperaba que las decisiones se tomasen 5 a 0 y no 3 a 2, lo que implica un espíritu de gobernabilidad y no la reducción de la minoría al papel de contralor. En cuanto a cargos, el negociador oficial del gobierno, el vicepresidente de la República y presidente del Senado fue tajante en lo público y en lo privado: el oficialismo llevaría 3 cargos en todos los órganos de 5 miembros y 2 cargos en los órganos de 2 componentes. Hasta aquí todo muy claro, en el lenguaje explícito y en el implícito, en el de las palabras y en el de los signos políticos.

Luego comenzaron las sorpresas. El oficialismo pretende 4 cargos en 5 del Codicen, lo que de hecho deja fuera del mismo al Partido Colorado, fuera del único cargo que el coloradismo consideraba indispensable. Ruptura del acuerdo con el Partido Colorado, a pocos días, casi horas, de firmado el gran entendimiento de todos los partidos parlamentarios sobre política exterior, económica y educativa. Luego el anuncio de que el oficialismo designará 3 de los 3 miembros del Sodre (es decir, excluye a la minoría). Y cuando esto que pareció una boutade pretende corregirse por el expediente de aumentar los miembros del Consejo Directivo del organismo, viene la crisis del BROU: el oficialismo pretende 4 de los 5 cargos. Tanto en el Codicen como en el BROU las razones dadas por el gobierno son válidas como definición previa a la negociación, pero obviamente son argumentos tardíos, cuando la exigencia de 4 votos en el Codicen para determinadas decisiones existe desde 1985 y en el BROU desde mucho antes (y reforzado por la ley de 2001). Son razones para no haber ofrecido los cargos, no para cambiar los ofrecimientos con trato cerrado. Además en el BROU se requieren 4 votos para créditos mayores a poco más de 3 millones de dólares, pero también se requiere la participación de la minoría, del quinto voto, para créditos superiores a algo más de 9 millones. No hay diferencias cualitativas sino cuantitativas en que la minoría tenga un miembro o dos.

En tan solo diez días de gobierno el oficialismo erosionó una parte importante de su sustento político (la consensualidad entre los partidos, camino que había elegido voluntariamente) y con ello creó causas para que pueda empezar a caer su elevadísimo sustento de opinión pública. Y además perforó la calidad de negociador del vicepresidente de la República, reavivó las percepciones de blancos y colorados sobre la falta de credibilidad de Vázquez y, en definitiva, abrió dudas sobre la fluidez de los acuerdos futuros entre gobierno y oposición. Lo que no queda claro a cambio de qué el gobierno hizo lo que hizo, con qué propósitos y motivos, porque aparece un costo muy alto (que se verá en el mediano plazo) a cambo de ganancias mínimas.