05 Dic. 2004

El orejeo de los naipes

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Cuando Luis Alberto de Herrera sorprendió a propios y extraños con la designación como canciller del Teniente de Navío (R) Homero Martínez Montero, dio una señal, quizás demasiado críptica para una época escasa de analistas y poca propicia para la lectura de señales ocultas: dio a entender que para el nuevo gobierno blanco, el primero en casi un siglo, la prioridad en política exterior lo constituían los límites acuáticos con la República Argentina, y en primer término la delimitación del río Uruguay.


Cuando Luis Alberto de Herrera sorprendió a propios y extraños con la designación como canciller del Teniente de Navío (R) Homero Martínez Montero, dio una señal, quizás demasiado críptica para una época escasa de analistas y poca propicia para la lectura de señales ocultas: dio a entender que para el nuevo gobierno blanco, el primero en casi un siglo, la prioridad en política exterior lo constituían los límites acuáticos con la República Argentina, y en primer término la delimitación del río Uruguay. Buscar las señales en el vuelo de los pájaros o en la velocidad de las nubes fueron los primeros ejercicios de decodificación. Más tarde sobrevino la lectura de las señales de los humanos, particularmente de los poderosos. A veces importaba leer los indicios de los humanos y los de los dioses y no desatender, como lo hizo César, a la vieja que le advirtió: cuidado con los idus de marzo. Un cambio de gobierno de la envergadura del actual obliga a extremar la atención en el orejeo de las cartas, en la lectura de las señales ocultas; es que no es común un cambio histórico como el actual, con el acceso al poder de una fuerza política diferente a las tres que gobernaron el país a lo largo de sus 174 años (tres porque hay que contar a los colorados, los blancos y los militares militaristas).

Las primeras señales Tabaré Vázquez las dio apenas concluidas las elecciones internas con la designación de Danilo Astori en el doble rol de ministro de Economía y de conductor de la política económica del gobierno, hacedor del equipo que llevará adelante esa política. Ahora el presidente electo comienza a sugerir nuevas señales al ir completando su gabinete. Para empezar, se confirman dos cosas: que el equipo económico es de hechura directa de Astori; y que la conducción económica se termina en las políticas macroeconómicas, financieras y de administración del Tesoro, y se extiende quizás a la industria, el comercio y la energía. Pero quedan fuera de la órbita de la conducción económica, más bien en manos con objetivos diferentes, quizás opuestos, la producción rural (agropecuaria, granjera y forestal), la actividad bancaria más importante del país (como lo es el BROU) y todo lo que incida sobre la economía que dimane del Ministerio de Trabajo.

Esta cartera en manos con fuerte respaldo político, por el peso personal del futuro ministro y por el peso político del Espacio 609, deja bien en claro que Trabajo no actuará subordinado a Economía, como lo hizo en los últimos tres gobiernos. Todo indica que no hay riesgos fuertes, de estas dos áreas, para las grandes empresas (las muy grandes) y para los fuertes inversores extranjeros. El extremar controles laborales, perseguir las empresas unipersonales, convocar consejos de salarios y homologar convenios colectivos no afectan en nada a los grandes o supergrandes, más bien los benefician. Tampoco hay riesgo para las empresas unipersonales, micro, pequeñas y medianas empresas que se muevan en el circuito de la informalidad, ya que hay mensajes explícitos del nuevo gobierno de que la informalidad, es decir el trabajo en negro con venta en negro, no será perseguido (lo cual no es una novedad, porque eso es lo que han hecho todos los últimos gobiernos). En cambio, hay claros mensajes hacia las empresas unipersonales, micro, pequeñas y medianas que se mueven en el circuito de la formalidad: ellas sí serán duramente investigadas (en línea iniciada por este gobierno) y las empresas unipersonales serán fuertemente controladas y quizás hasta perseguidas al límite de la extinción. Además, si no hay una línea política explícita del nuevo gobierno (que hasta ahora no ha aparecido, pero puede llegar a aparecer, es cuestión de esperar) los consejos de salarios y la homologación de consejos con efectos obligatorios para toda la rama económica, históricamente han beneficiado a las grandes empresas en perjuicio de las pequeñas, las que no pueden competir si se le imponen las mismas obligaciones salariales y para-salariales que a las grandes.

Otra señal que deja el orejeo de las cartas, y otra sinseñal, tienen que ver con la cartera de Educación y Cultura. Como se sabe, este Ministerio nada tiene que ver con la educación general, tanto que originariamente, cuando asumió la actual denominación con la Constitución de 1966, se llamaba Ministerio de Cultura. La palabra Educación se añadió por el ministro García Capurro bajo el gobierno Pacheco Areco, con la intención no lograda de hacerse con el control de toda la educación. El resultado es que desde el punto de vista de sus efectos políticos, esta cartera importa en tres áreas: la educación terciaria y universitaria privada, la investigación científica y el Ministerio Público. A este último respecto, el nombre de Brovetto no aclara nada para dónde soplarán los vientos del nuevo gobierno en la guerra que sacude a los fiscales, entre la línea en que coinciden el forista Peri Valdez y la socialista Guianze, o la oposición a ambos en que se ubica el futuro Secretario de la Presidencia de la República. El dilema sobre la investigación científica es si la misma va a girar en la órbita del Poder Ejecutivo o queda como monopolio, en cuanto a lo público, de la Universidad de la República; y además que interacción hay con el sistema universitario privado. Y esto se enlaza con el tema de fondo de la enseñanza terciaria y universitaria privada, la cual ha sido sistemáticamente combatida por la Universidad de la República en tanto tal (con excepciones prácticas en algunas facultades), pero en particular por la representación de la entidad oficial en el Consejo de Educación Terciaria. En filas de la enseñaza privada superior el nombre del nuevo ministro genera suspicacias; muchos creen ver en esta designación un mayor peso para la tesis del exclusivismo estatal en materia universitaria y terciaria. Seguramente serán seguidos con mucho interés los primeros pasos del nuevo titular, y en particular la designación de los miembros del Consejo de Educación Terciaria y la provisión de la Dirección de Educación.