17 Oct. 2004

Las profundas causas del voto

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Un tema apasionante que desvela a todos quienes se dedican a los estudios electorales es encontrar las causas profundas de la decisión de voto, los elementos que llevan a las personas a decidirse en determinada dirección. Sin embargo, hay algunas cosas que conviene despejar a priori.


Un tema apasionante que desvela a todos quienes se dedican a los estudios electorales es encontrar las causas profundas de la decisión de voto, los elementos que llevan a las personas a decidirse en determinada dirección. Sin embargo, hay algunas cosas que conviene despejar a priori. En primer término, no es lo mismo analizar las causas del voto en una democracia política (poliarquía) estable, de larga duración, con alta confianza en las elecciones como método para proveer los cargos públicos, que en un sistema naciente, de creación o transición hacia una democracia política. En segundo lugar, tampoco es igual el voto en un sistema de partidos estable y sólido, con transformaciones lentas y previsibles, en procesos largos, que cuando verdaderamente no hay un sistema de partidos, o cuando el mismo es muy reciente o cambiante. En tercer término, tampoco es lo mismo cuando los partidos son sólidos y existe una relación fuerte entre ellos y los ciudadanos, que cuando los partidos son débiles o meras máquinas electorales, y los verdaderos referentes son los candidatos. Tomando en cuenta las tres cosas, Uruguay es un extremo, como lo es el Reino Unido, de poliarquía estable y de larga duración, sistema de partidos sólido y previsible, y fuerte adscripción partidaria de los ciudadanos. En el otro extremo pueden situarse países como Argentina (con partidos en fuertes subas y bajas), Brasil (con un sistema de partidos que tiende a la estabilidad pero muy reciente), México (que inaugura una democracia política confiable) o Ecuador (virtualmente sin sistema de partidos).

Además, en un sistema electoral y de partidos de la complejidad del uruguayo, más que de la decisión de voto hay que hablar de las decisiones de voto. Porque existe un primer nivel de decisión que es el voto por un lema o partido político, que desde 1999 en el caso de las elecciones nacionales supone simultáneamente una decisión por la fórmula presidencial. Aparece un segundo nivel de decisión que es la opción al interior de los lemas, la opción de nivel parlamentario que puede ser un solo nivel, dos o tres, según se considere que es una sola opción triple, dos opciones (una doble y una simple) o tres opciones separadas; porque el elector escoge un sublema a la Cámara de Senadores, una lista senatorial y una lista a la Cámara de Representantes. Como la canasta le viene dada a través de hojas de votación rígidas, lo normal es que predomine la opción única y triple. En consecuencia, predomina en Uruguay, en elecciones nacionales, una primera decisión por partido o partido-candidato presidencial y una segunda decisión triple por sublema senatorial-lista sentorial-lista a Diputados, expresada en la selección de la hoja de votación distinguida por un número. En síntesis, la gente escoge un partido y un número (lo que vulgar y erróneamente se le llama número de lista).

En las últimas décadas se han encarado en el mundo muchos estudios y proyectos en busca de determinar las causas que determinan el voto. Pueden considerarse tres ángulos de abordaje del tema: el sociológico, el sicológico y el de mercado. El ángulo sociológico es el que más ha avanzado y buscado establecer relaciones entre el individuo y su entorno social que expliquen el por qué se toma determinada decisión al escoger el voto. Entre éstas la pertenencia a un nivel socioeconómico determinado; la adquisición de determinado nivel de instrucción formal; los valores en relación a nacionalidad, religión, competitividad, solidaridad; los vínculos familiares y sociales (incluidos los de trabajo y estudio); las influencias recibidas de compañeros, profesores y jefes; el nivel de urbanización de residencia (especialmente durante el periodo formativo). El ángulo sicológico, de mucho menor investigación, apunta a establecer los elementos afectivos que relacionan a una persona con un agente político determinado, sea una organización (partido, grupo), sea un liderazgo. Se trata de correlacionar qué tipos de personalidades predominan en la adhesión a determinadas organizaciones u optan por determinados líderes. El ángulo de mercado va más a los elementos comunes que puede presentar el mercado electoral con cualquier otro tipo de mercado, a partir de la consideración que el voto es en lo electoral lo que la compra lo es en el mercado de bienes y servicios; y también considerar que el agente electoral (partido, candidato) es un bien como cualquier otro en el mercado. De donde, concluyen, las reglas de posicionamiento no difieren de las reglas de posicionamiento de cualquier producto, atendiendo a la especificidad del tipo de mercado y de tipo de producto. En el avance de investigaciones sociológicas se encuentra en proceso el Comparative National Elections Project, bajo la dirección de los catedráticos Richard Gunther (norteamericano) y José Ramón Montero (español), y en la parte uruguaya por este analista

El ángulo sociológico y el sicológico tienen en común el compartir que los individuos se relacionan con los partidos políticos a lo largo de toda la vida. Esa relación puede ser de proclividad, rechazo o indiferencia, y se da aún entre las personas de menor nivel de politización. La opción positiva, la duda afirmativa, la opción negativa o la duda negativa hacia una organización política surgen pues como un elemento estructural y no como una acción puntual de campaña electoral. Lo mismo cabe decir de los líderes o candidatos, con la diferencia que lo normal es que sean valorados no a lo largo de toda la vida del ciudadano, sino de toda la vida pública de alta exposición del dirigente político. Desde esta concepción, la campaña electoral y el mercado tienen esencialmente la función de actuar sobre el segmento de público dudoso (es decir el que tiene proclividad determinado partidos o hacia candidatos, pero de forma ambivalente o no firme) y el segmento de público sin orientación partidaria, el verdaderamente indefinido. Sin embargo, aún en estos segmentos son muy fuertes los elementos estructurales: muy raramente un elector está en situación de optar por todos los partidos y todos los candidatos con igules probabilidades.

Desde esta concepción, el proceso de decisión de voto sobre al menos cinco de cada seis individuos se da en largos periodos. Lo que hace campaña electoral es cristalizar simpatías y antipatías, atracciones y rechazos. Por eso las líneas de larga duración son muy importantes. La campaña electoral opera entonces sobre un pequeño segmento del electorado (a lo sumo la sexta parte) y tiene valor en cuanto los segmentos estructurales por sí solo no sean definitorios.