25 Jul. 2004

La razón y la sinrazón

Oscar A. Bottinelli

El Observador

El ser humano es una máquina altamente compleja, donde lo racional y lo emotivo se mezclan e interactúan, donde las decisiones no son producto de cálculos artiméticoso ajedrecísticos, sino que son el producto de el querer y el no querer de los individuos, de lo que se juega en el plano consciente y en el inconsciente.


El ser humano es una máquina altamente compleja, donde lo racional y lo emotivo se mezclan e interactúan, donde las decisiones no son producto de cálculos artiméticoso ajedrecísticos, sino que son el producto de el querer y el no querer de los individuos, de lo que se juega en el plano consciente y en el inconsciente. No es entendible hoy el Partido Colorado ni la Lista 15 exclusivamente a la luz de actos racional y fríamente concebidos en pos del interés particular de cada quien, ni por supuesto funciona con exactitud la teoría de que la búsqueda del interés particular de cada uno da como resultado el interés colectivo, en este caso del colectivo Lista 15 o del colectivo Partido Colorado.

Alejandro Atchugarry es un ser especialmente complejo, de difícil interpretación. Más aún, que la interpretación superficial de sus actos puede llevar, o más bien lleva inexorablemente, a conclusiones equivocadas. Las señales dadas por quien quedó finalmente como primer senador quincista fueron linealmente interpretadas e interpretables como un aspirante a la doble sucesión de Jorge Batlle: la Presidencia de la República y el liderazgo de La 15. Y así surgieron varias señales: Ejerció una jefatura férrea y vertical del bloque parlamentario quincista, sin admitir el surgimiento de una jefatura autónoma o derivada en la bancada de diputados. Obstaculizó en forma clara y dura el surgimiento de un coordinador del gobierno y en tal sentido saboteó eficazmente el surgimiento de un competidor en el manejo gubernativo-parlamentario (que lo hubiera sido Carlos Ramela). En el Ministerio de Economía (cuyo estilo fue esencial para que el país pasase el peor momento de la crisis con consenso político y gremial, y sin estallidos sociales) dio señales de alta receptividad hacia un público que busca el político monacal. Dos fotos de relevancia: el auto destartalado del ministro (además llevado por Autoparque por mal estacionamiento) y el ministro en persona bajando del auto un pack de Coca-Cola light, comprada de su peculio personal.

Cuando abandona sorpresivamente el Ministerio de Economía, lo hace con una imagen excepcional y en el tercer lugar del ranking ministerial, detrás de Stirling y Opertti; hazaña mayúscula para un ministro de Economía. Por las dudas la forma de salida dio la imagen de un portazo al presidente. Lo uno y lo otro lo catapultaron a la candidatura presidencial, cosa nada querida por el primer mandatario. Después de analizar varios nombres posibles, se resignó a lo inevitable: Atchugarry debía ser el pre-candidato presidencial quincista, y el único en condiciones de competir con (y quizás hasta poder ganarle a) Julio Ma. Sanguinetti. Esto quedó desbaratado a mediados de enero con una famosa carta del ex-ministro al diario El País. Fracasado este camino. Batlle ensaya una jugada de eximia fineza, con lo que logra posicionar a Stirling como candidato único y mata dos pájaros de un tiro: evita la confrontación desigual con el Foro y obliga a Sanguinetti a salir de la cancha. Pero la jugada contenía un segundo movimiento: Alejandro Atchugarry como la figura lideral de la 15. Primero en todas las listas a la Convención y pre-candidato a vice-presidente. Así aparecía una campaña donde de un lado se postulaba la fórmula Stirling-Atchugarry y del otro a Stirling-"con un candidato del Foro que no se sabe quién es y saldrá de los conciliábulos post-27 de junio". En una nueva carta a El País el ex –ministro desbarata la jugada: bajo ningún concepto será candidato vicepresidencial. Cuando Jorge Batlle se obsesiona, no hay nadie más empecinado que él. Con el alba del 28 de junio, desde el quincismo surgen los clamores por la fórmula Stirling-Atchugarry; muere al rato, cuando el ex-ministro declara urbi et orbi que el candidato vicepresidencial le corresponde al Foro Batllista.

En marzo, para sorpresa de unos cuantos, Batlle anunció que Atchugarry encabezaba la 15, hacia junio y hacia octubre, y asumía el liderazgo del sector. Lo que pasó da para varias interpretaciones, entre ellas que el primer mandatario lo que hizo fue tirar una cáscara de banana; y que tampoco transfirió total e íntegramente el liderazgo. La queja de diputados y dirigentes departamentales y locales de la 15 es que debieron pelear en solitario, sin una buena campaña central y sin el apoyo de un liderazgo, en contraposición con un fuerte papel de Sanguinetti en respaldo de los suyos. Habría que estudiar afinadamente cuánto hay de verdad y cuánto de exageración, lo que sí es real es que este es el sentimiento predominante en la 15. Lo cierto es que el 27 de junio la formidable imagen de Atchugarry no se tradujo en votos: el Partido Colorado votó en lo esperado y nada más, y la 15 perdió por 6 a 4 contra el Foro. Las movidas posteriores parecían obvias: Batlle recupera el liderazgo a pedido de los dirigentes intermedios y endilga a Atchugarry su fracaso. Lo hace además con un desplante: al número uno no se le ofrece el segundo lugar sino el tercero, detrás de un dirigente departamental de no demasiado exitoso desempeño en su departamento.

Curiosamente es solo la tercera vez que Jorge Batlle es candidato al Senado y la segunda que encabeza una lista senatorial: la anterior fue en 1994, en el peor momento político de su 15. La primera vez que fue senador lo hizo como tercer titular, detrás de la fórmula presidencial, de Sanguinetti y de Tarigo, en 1984, cuando el batllismo estaba unido en el Batllismo Unido. Es la segunda vez que confronta mano a mano con Sanguinetti cada uno como cabeza de lista al Senado. Y es la primera vez que confrontan sólo como cabezas de lista al Senado, ya que en la anterior (1994) fueron además candidatos presidenciales en el viejo sistema del doble voto simultáneo. Con esta última movida, entonces, Batlle resuelve los posibles cuestionamientos a su liderazgo y repite el duelo, quizás el último duelo, la vencida, del duelo que pende sobre el Partido Colorado desde hace dos décadas largas.

La decisión de Batlle quizás sea buena para la 15. Porque no cabe olvidar que en este país hay un 8% de personas que aprueban decididamente el desempeño del presidente, y ese es un nicho suficientemente ancho para las necesidades actuales de la 15. Apostar al voto de los que aplauden su gestión no es mala opción de marketing. Y no es demostrable que la 15 hubiera votado mejor con Atchugarry al frente, porque ya no lo hizo el 27 de junio. Lo complicado de la decisión es que deja al Partido Colorado con opciones muy cerradas para el votante suelto, para el indefinido o para el que ahora se puede soltar del Partido Nacional al no tener a Lacalle en la cancha. Porque el coloradismo postula a Batlle, a Sanguinetti o a las sobrevivencias del pachequismo. Parecería que para poder captar a ese tipo particular de electorado le está faltando un producto light.