25 Abr. 2004

Gana quien hace menos errores

Oscar A. Bottinelli

El Observador

En un viejo libro de ajedrez para principiantes, escrito hace medio siglo, el maestro Eugenio Znosko-Borovsky decía que gana la partida el que comete menos errores. Apunta a que el jugador más efectivo es aquél que evita cometer errores gruesos o hace menos errores que su adversario. Al culminar el referendum sobre Ancap, la izquierda quedó con un escenario claro: no tenía forma alguna de perder la Presidencia de la República, salvo por sus propios errores.


En un viejo libro de ajedrez para principiantes, escrito hace medio siglo, el maestro Eugenio Znosko-Borovsky decía que gana la partida el que comete menos errores. Apunta a que el jugador más efectivo es aquél que evita cometer errores gruesos o hace menos errores que su adversario. Al culminar el referendum sobre Ancap, la izquierda quedó con un escenario claro: no tenía forma alguna de perder la Presidencia de la República, salvo por sus propios errores. Tan es así, o era así, que el crecimiento experimentado este año por los partidos tradicionales (o más exactamente por el Partido Nacional, que hasta ahora es el único que creció y además de manera significativa) no fue a costa de la izquierda sino mediante la recuperación de un electorado propio, hasta entonces perdido en el descreimiento. Y lo que el nacionalismo captó de la izquierda fue ese plus circunstancial que generó el referendum, algo así como una espuma que se desvanece.

Este Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría, ahora como antes del referéndum, como a fines del 2002, anda en el entorno del 50%, habiéndose movido entre un piso del 47% y un techo del 53%; y este 50% se compone de un 44% de acero y un 6% de papel, es decir, perdible a la menor mojadura. Como quien dice, un derrame de agua se lleva todo o parte de este porcentaje, y con él se lleva la banda presidencial de Tabaré Vázquez, la mayoría parlamentaria, los Ministerios tempranamente asignados o reclamados desde algunas tiendas y los millares de cargo políticos, de confianza y ainda mais. Quedó claro tras el referendum que para la izquierda ganar o perder en principio depende de sí misma, de los errores que evite o que cometa. Los demás juegan, pero su juego termina en tirar cáscaras de banana, en poner en evidencia errores. Si el actor principal no incurre en fallas, si no pisa cáscaras de banana, el resultado de la contienda no cambia.

Los riesgos de cometer errores para el Frente Amplio (como llama la gente de a pie a todo el conjunto) pueden provenir de varios lados: Uno, del candidato presidencial. Dos, del candidato vicepresidencial. Tres, de los líderes sectoriales, necesitados de potenciar a sus respectivos grupos en la competencia con los otros grupos, o de potenciarse a sí mismos en la disputa con los otros líderes de igual nivel. Cuatro, de los actores de segundo nivel, ya fueren parlamentarios, candidatos a tales o dirigentes departamentales, también impelidos por la necesidad de agonismo. Ante tal variedad de riesgos se impone un fuerte liderazgo, equipos afiatados, mensajes prolijamente elaborados e incluso pactado y definido el nivel de disenso entre los sectores; es obvio que entre las fracciones no puede haber un discurso monolítico, pero sí puede haber un esquema prefijado para combinar la marcación de perfiles con el discurso central: necesariamente deben ser matices del mensaje principal y no mensajes sustancialmente contradictorios. También debe haber una evaluación central de cuáles son los terrenos minados por los que no hay de transitar y cuáles, aún siendo peligrosos, es necesario hacerlo aunque fuere solamente por necesidad de coherencia ideológica y de trasparencia. La correcta táctica electoral es lo que permite elegir por dónde caminar y por dónde no hacerlo.

El episodio del economista Carlos Viera y los impuestos al agro, que bien puede costarle la elección, no es el único error sino el principal de una serie continuada que viene desde mediados de febrero. Hay errores de nivel presidencial, sectorial y de más abajo. Hay un catálogo de temas: Que se va a llamar a plebiscito consultivo (no previsto en la Constitución) para consultar si se cumple o no y cómo se cumple una ley. Que el Estado va a comprar a las empresas que den más empleo (que son las grandes). Que va a haber una especie de congelación de las tarifas públicas. Que va a comprar autos oficiales solamente de marca Volkswagen.

Y desde un liderazgo sectorial muy propenso a la sobre exposición mediática se lanza la teoría del ocultamiento. Se sostiene la tesis (muy controversial) de que Fidel Castro ocultó deliberadamente sus planes para obtener el apoyo de la población, y que más o menos hay que hacer eso para no asustar a la gente. Como dijo en un programa radial: "no hay que avivar giles". Que estos "giles" parecen ser los moderados dispuestos a votar a la izquierda, que pueden estar temerosos de medidas muy audaces. Y por las dudas se subraya que con un gobierno de izquierda “la clase media se la va a tener que aguantar”.

Con prudencia, el Frente Amplio no se ha jugado a fondo en el controversial tema del aborto (pese a que la ley es apoyada por 7 de cada 9 votantes de izquierda) por miedo a lo resbaloso del terreno, pero en cambio impulsa un proyecto que establece una especie de casamiento entre homosexuales (tema que aparece como más controversial a nivel del electorado).

También hay errores de estrategia. Se ataca al candidato presidencial ideológicamente más distante y con el que disputa menos electorado, y tiene una actitud pasiva y hasta conciliadora con quien puede tragarse todo el espacio intermedio que hay entre los partidos tradicionales y el Frente Amplio, y hasta puede devorar votos del propio Frente Amplio. La izquierda tiene a su favor la poca aptitud de sus adversarios para explotar sus errores. Solamente éste sobre el agro fue convenientemente usado por los partidos tradicionales; algunos otros apenas fueron utilizados y otros muy gruesos fueron ignorados. En general los ataques contra la izquierda abundan en contenidos y formas que la mayoría de la población rechaza, con lo que ese tipo de ataques también deviene en una buena ayuda.

A seis meses de las elecciones nacionales el Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría se encuentra en la necesidad de despertar de la siesta, de ese sueño que lo llevaría al gobierno sin sobresaltos, y comprender que una campaña electoral requiere estrategia, planificación, equipo y, sobretodo, conducción fuerte y centralizada. Además, que los uruguayos tienen la particularidad de disgustarle la soberbia, y es un acto de soberbia cuando alguien da por ganado lo que todavía no conquistó.