19 Oct. 2003

Dos andariveles de Sanguinetti

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Es bastante difícil clasificar o ubicar a los grupos políticos del Uruguay. En Europa el esquema derecha-izquierda es muy claro, para los analistas y para el común de los mortales, como que los propios grupos se autoclasifican en la derecha, el centroderecha, el centro, el centroizquierda y la izquierda. Ayuda y mucho el que nadie considere que ser de derecha es desdoroso y que ser de izquierda es prestigioso.


Es bastante difícil clasificar o ubicar a los grupos políticos del Uruguay. En Europa el esquema derecha-izquierda es muy claro, para los analistas y para el común de los mortales, como que los propios grupos se autoclasifican en la derecha, el centroderecha, el centro, el centroizquierda y la izquierda. Ayuda y mucho el que nadie considere que ser de derecha es desdoroso y que ser de izquierda es prestigioso. En Uruguay, como lo han señalado muchos autores ya hace varias décadas, nunca tuvo gran aceptación social ni ser de derecha ni ser conservador; de donde, ambas palabras dejaron de ser clasificatorias para ser calificatorias. Complica mucho para el analista un eje que en una punta tiene la izquierda y en la otra punta no quiere estar nadie. Y no es un problema para académicos, porque esta confusión se traslada al elector mismo.

A su vez el último cuarto del siglo XX vino a añadir una complicación adicional de validez universal, o al menos occidental. Hay un eje clásico derecha-izquierda, que tiene que ver con los posicionamientos dominantes a lo largo del siglo, o del segundo y tercer cuarto del siglo pasado. Hay un nuevo eje, no necesariamente superponible al anterior, relacionado con el papel del mercado y el papel del estado, donde la derecha estaría en la concepción de más extremo libremercadismo y la izquierda en el del más extremo estatismo.

Si difícil es clasificar a los grupos en general, más complicado aún es hacerlo con el Foro Batllista. Pero no solo para los analistas, con una finalidad académica, sino para definir con exactitud en qué segmentos de electorado se mueve, a cuáles pretende convocar y cuáles le pueden resultar esencialmente ajenos. Es que en esencia el sanguinettismo se mueve en dos andariveles, lo que en parte es producto de contar en su interior con gente de diferentes improntas, pero en mayor medida es producto de oscilaciones en el posicionamiento político. En el gobierno anterior podía observarse un andarivel comunicacional nacional y un andarivel comunicacional opuesto en el exterior; de donde la visión sobre Sanguinetti en el extranjero difería enormemente de la visión fronteras para adentro.

Conceptualmente, en cuanto a la visión del Estado, Sanguinetti –como el viejo batllismo– se ubican en una de las alas del espectro socialdemócrata, como a su vez el propio ex-presidente lo ha proclamado en múltiples ocasiones y lo ha vuelto a proclamar días atrás. Ese tinte socialdemócrata aparece con claridad en cuanto a defender el mantenimiento en manos del Estado de actividades comerciales o industriales, atribuirle un fuerte papel regulador de la actividad económica y del mercado, y sobre todo el énfasis en la prioridad de políticas sociales. En otras palabras, una forma atenuada del welfare state. En términos europeos, el Foro Batllista se ubica en el meridiano socialdemócrata de Felipe González o quizás D´Alema, más estatista e intervencionista que Tony Blair, más suave que Schröder o Jospin. Ese Foro Batllista socialdemócrata es el que coincidió con el Frente Amplio en la oposición a los artículos impugnados de la Ley de Empresas Públicas (y en particular a la parcial privatización de Antel). Como no se cansa de decirlo el ex-presidente Lacalle, si de familias ideológicas se trata, la línea divisoria en Uruguay pasa por el referendo de 1992, donde de un lado quedaron los más o menos libremercadistas como él y Jorge Batlle, y del otro lado los más o menos estatistas como Sanguinetti y el Frente Amplio. Algo parecido vino a decir hace tres días el propio líder forista, cuando expresó la paradoja que en este referendo sobre Ancap se encuentren enfrentados grupos políticos con visiones parecidas sobre el papel del Estado. A esta visión socialdemócrata se refirió el asesor presidencial Carlos Ramela, cuando señaló que el Foro y la 15 pertenecen a culturas políticas diferentes. Este es un andarivel, el que llevó a que durante su presidencia Sanguinetti fuese catalogado en el exterior como un gobernante de izquierda, de la izquierda europea.

El otro andarivel es el del hombre y el sector más confrontacional con la izquierda uruguaya, el de la polarización con el Frente Amplio y con Tabaré Vázquez, que son dos confrontaciones diferentes, en el tono y la conceptualización. El ataque duro y sostenido al marxismo. Si a esto se suma la posición intransigente en cerrar el pasado cuanto antes sin dejar resquicios, como su interpretación de cómo debe aplicarse la Ley de Caducidad, se termina de construir el cuadro que ve la gran mayoría de la opinión pública. Ver a Sanguinetti y el Foro Batllista como de derecha, quizás el sector (de los de primera línea) más a la derecha en la vida nacional. En general Jorge Batlle ha sido visto menos a la derecha que Sanguinetti (por lo menos hasta el gran desplome del invierno pasado), seguramente por ese carácter trasgresor y ese diálogo que ensayó en varias oportunidades con la izquierda.

Para cualquier analista extranjero lo obvio resultaba que el mayor competidor del Frente Amplio debía ser el Foro Batllista, quienes comparten algunos puntos cruciales en relación al papel del Estado y las políticas sociales. Sin duda, desde el ángulo de lo conceptual, hay alas del Foro Batllista que se superponen íntegramente con alas del Frente Amplio. Sin embargo, eso obvio para el analista externo no sólo no es obvio sino es un absurdo para el analista uruguayo y también para el uruguayo mortal común.

Sanguinetti eligió uno u otro andarivel muchas veces como opciones deliberadas. En octubre de 1994 percibió a tiempo que perdía con el Partido Nacional por la derecha y se derechizó, confrontó fuertemente con Vázquez, y en ese corte por la derecha ganó por un hocico. En los tres años y medio de este gobierno el Foro Batllista volvió a esa línea, la de ser el más fuerte confrontador de la izquierda política uruguaya. Esa línea siempre dejó dudas en cuanto a sus resultados. Por un lado le podía dar el liderazgo en la confrontación, y la visibilidad mayor entre los opositores a la izquierda uruguaya; en otras palabras, transformarlo en la cabeza de uno de los dos polos, siendo Vázquez la cabeza del otro. Pero si eso puede ser exitoso en términos de competencia dentro del Partido Colorado y con el Partido Nacional (puede serlo o no, que es otro cantar), parece difícil que pueda ser exitoso en la competencia mayor, la de la Presidencia, en un país en que se acentuó el estatismo. Quizás Sanguinetti algo de esto esté pensando, cuando de golpe y sin aviso volvió a poner sobre el tapete su acento socialdemócrata.