12 Ene. 2003

Un mundo sin encuestas

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Las encuestas son hoy parte del paisaje, y como todo elemento que viste el paisaje cotidiano, pierde presencia. Y cuando se lo ve, se miran sus falencias e incongruencias. A partir de esas objeciones, sobrevienen los ataques. Aunque como afirma Kathleen Frankovic “las encuestas no serían atacadas si no se considerara en general que son precisas. De hecho son tan precisas que los reporteros y los políticos recurren a citarlas”.


Las encuestas son hoy parte del paisaje, y como todo elemento que viste el paisaje cotidiano, pierde presencia. Y cuando se lo ve, se miran sus falencias e incongruencias. A partir de esas objeciones, sobrevienen los ataques. Aunque como afirma Kathleen Frankovic “las encuestas no serían atacadas si no se considerara en general que son precisas. De hecho son tan precisas que los reporteros y los políticos recurren a citarlas”. Por otra parte, afirma la ejecutiva de CBS News, “Las encuestas informan y elevan el nivel de discusión pública … y la presentación de las encuestas de opinión pública indica a los lectores y espectadores que sus opiniones son importantes. Y que su opinión cuenta”. Esto último es perceptible por los encuestadores, por la reacción afirmativa de la gente al ser entrevistada sobre temas políticos o sociales. Algunos ataques provienen del desconocimiento de cómo se deben leer e interpretar, y así se les atribuyen falsos errores. Pero hay otra fuente de ataques: estudios en Europa y Estados Unidos demuestran que los ataques son más frecuentes y más duros de parte de los políticos que van perdiendo apoyo en la opinión pública, declive que las encuestas señalan y las urnas confirman.

Son tan parte del paisaje que muchos informadores y dirigentes creen que el hecho que la izquierda capte más o menos la mitad del electorado, o que blancos y colorados retenga alrededor de la séptima parte de los votantes, que esos datos se ven por sí solos, a simple vista y sin necesidad de instrumental. Entonces buscan y rebuscan en la encuesta para ver si fue correcto o incorrecto el último decimal. Años atrás un gobernante sostuvo que era obvio que la gente no iba a ir masivamente a adherir a un referendo, para lo único que valían las encuestas era para determinar el porcentaje exacto de esa concurrencia. Nunca se puso a pensar de dónde venía esa obviedad, que era producto de las encuestas que venía leyendo en los días y semanas anteriores.

Conviene pues ver qué era y qué no era lo obvio cuando no existían las encuestas. Un dato claro para determinar qué piensan los dirigentes políticos de sus propias posibilidades electorales, está en ver qué cargo acepta y cuál no cada uno, en qué lugares van los dirigentes importantes y en cuáles las figuras de la periferia política. En 1958 el Herrerismo y la Unión Blanca Democrática (alianza de todos los grupos no herreristas) se disputaban la mayoría del Partido Nacional, partido que no cabe olvidar perdía sistemáticamente las elecciones y no tenía la titularidad del gobierno desde hacía 93 años. Regía el Ejecutivo colegiado, donde la mayoría llevaba seis cargos (todos para la lista más votada del partido ganador) y la minoría tres (distribuidos proporcionalmente entre las listas del segundo partido). Bien, las principales figuras del Herrerismo fueron candidatos solamente a los tres primeros cargos al Consejo Nacional y de la UBD sólo a los dos primeros; los cargos restantes fueron provistos con figuras de incidencia política lateral. Fueron listas hechas para un partido cuyo dato de arranque era la derrota ante el tradicional adversario: la elección quedaba reducida a una competencia esencialmente interna. Bien, el Partido Nacional ganó al Partido Colorado por doce puntos porcentuales, por una diferencia que hoy equivaldría a cerca de 270 mil votos. Nadie fue capaz de prever a ojo y sin encuestas ese triunfo aplastante. Así resultaron electos consejeros de gobierno que nunca soñaron sentarse en Casa de Gobierno.

Cuatro años después los colorados festejaron el retorno al gobierno, en marchas y caravanas desde las nueve de la noche hasta las tres de la mañana. Pero ganó el Partido Nacional por tres puntos porcentuales, lo que hoy equivale a nada menos que unos 70 mil votos. Tamaña diferencia no fue prevista. La falta de encuestas de hogares impidió otear el horizonte y la carencia de encuestas de boca de urna permitió un largo y ruidoso festejo equivocado.

Es que muchos creen que conocen la temperatura por su propio cuerpo, sin advertir que antes la escucharon por radio. Después que se habituaron al termómetro, creen que no les indica nada. Entonces sólo ven que el mercurio marcó alguna décima de menos o de más, porque lo demás era obvio.