25 Ago. 2002

Plebiscitos y casualidades

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Os plebiscitos en Uruguay generan una discusión en sí mismo sobre su procedencia, ya tenga el nombre de plebiscito o el de referendo. Ambos términos son muy confusos y no existen definiciones uniformes a nivel académico. Más aún, la distinción entre plebiscito y referendum en Uruguay es casi la opuesta a lo que define la doctrina en Francia.


Os plebiscitos en Uruguay generan una discusión en sí mismo sobre su procedencia, ya tenga el nombre de plebiscito o el de referendo. Ambos términos son muy confusos y no existen definiciones uniformes a nivel académico. Más aún, la distinción entre plebiscito y referendum en Uruguay es casi la opuesta a lo que define la doctrina en Francia. Por comodidad de lenguaje y con imprecisión académica, conviene para este análisis adoptar la palabra plebiscito como sinónimo de todo acto electoral de tipo binario, dicotómico, en que sólo cabe expresar un sí o un no, o cosas más o menos equivalentes. Y por plebiscito se entiende tanto a los actos de carácter aprobatorio como abrogatorio, de tipo vinculante o consultivo, ya fuere a consecuencia de una iniciativa o de un recurso contra una norma dictada por el procedimiento ordinario.

En los regímenes denominados democracias representativas, los plebiscitos son actos decisorios de carácter extraordinario. Lo normal es el funcionamiento de los órganos representativos, lo extraordinario es la convocatoria directa a los soberanos. La discusión sobre la pertinencia o impertinencia de los plebiscitos es producto de la oposición entre el concepto de democracia representativa y el de democracia directa. El plebiscito es la irrupción de un instituto de democracia directa que afecta la democracia representativa; dicho de otro modo, cuando un tema pasa a decisión directa, el ejercicio de la representatividad en ese tema y en ese momento queda suspendido. Esta es la discusión que con mayor o menor intensidad está presente en el horizonte nacional a propósito de la forma plebiscitaria denominada referendum. A este respecto los alineamientos políticos son claros: los partidos tradicionales se aferran en su totalidad o en su casi totalidad a combatir las convocatorias plebiscitarias, por entender que afectan el normal funcionamiento del gobierno representativo; la izquierda apela a las convocatorias plebiscitarias, bajo el principio de “que el pueblo decida”.

Más allá de los posicionamientos teóricos, da la casualidad que los partidos tradicionales en conjunto dominan los órganos representativos nacionales y por tanto que las convocatorias plebiscitarias son una afectación de esa posición dominante. Da también la casualidad que la izquierda es minoritaria en los cuerpos representativos y, al afectar el libre juego de la representatividad, adquiere la posibilidad de reequilibrar fuerzas y a veces de ganar (como acaba de ocurrir en el tema Antel-Ancel, por abandono del contrincante).

Pero el tema plebiscito aparece en otro ámbito, como el estudiantil universitario, ya no en confrontación entre democracia directa y democracia representativa, sino entre dos formas diferentes de democracia directa: la plebiscitaria y la asambleística. La primera supone la primacía de lo cuantitativo y la segunda el predominio de lo cualitativo. La concepción plebiscitaria implica el derecho de todos a decidir, independientemente del involucramiento en el tema y en la lucha gremial. La concepción asambleística significa que el derecho queda reservado a quienes deciden destinar tiempo y esfuerzo a participar del debate, oír la confrontación de opiniones y, al final, decidir. La experiencia indica que entre un plebiscito de mediana convocatoria y una asamblea de alta participación hay una relación de no menos de 5 a 1, y con una asamblea de mediana o baja participación la relación puede llegar a ser de 30 a 1. La discusión entre cantidad de los votos y calidad de los mismos es bastante vieja, como que surge en la Edad Media, en el colegio de príncipes electores del Sacro Imperio. Los alineamientos a nivel estudiantil no son los mismos que en el plano nacional: la izquierda aquí se opone a “que todo el pueblo decida”; los partidos tradicionales en cambio bregan “porque el pueblo decida”. Da la casualidad que la izquierda es dominante en las asambleas y no se encuentra tan segura en los plebiscitos; ámbito cuyas virtudes son descubiertas por los partidos tradicionales.

Da la casualidad que en todos los casos, de unos y otros, hay una relación directa entre la adhesión o rechazo a los plebiscitos, y los cálculos probabilísticos de éxito o fracaso en los mismos.