26 May. 2002

El poder en la izquierda

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Si por sistema de poder se entiende el juego de mecanismos que intervienen en la toma de decisiones, todo partido político presenta un sistema diferente, siempre complejo y además no fácil de desentrañar. En la izquierda uruguaya el sistema de poder tiene la complicación adicional de la interacción entre la faz política y la faz social (o más específicamente, la sindical).


Si por sistema de poder se entiende el juego de mecanismos que intervienen en la toma de decisiones, todo partido político presenta un sistema diferente, siempre complejo y además no fácil de desentrañar. En la izquierda uruguaya el sistema de poder tiene la complicación adicional de la interacción entre la faz política y la faz social (o más específicamente, la sindical). Por izquierda se entiende a estos efectos por un lado al partido político Frente Amplio (y su entorno, el Encuentro Progresista) y por otro lado las dirigencias de izquierda que influyen decisivamente en el movimiento sindical (en el PIT-CNT y en los sindicatos por separado).

El juego de poder es la resultante de la interacción de cuatro fuerzas:

Uno. El liderazgo fuerte de Tabaré Vázquez.

Dos. La correlación de fuerzas entre todos los sectores políticos expresada en la estructura del Frente Amplio (que es lo que se dirime en el día de hoy)

Tres. La correlación de fuerzas entre todos los sectores expresada en la representación parlamentaria y que emerge de las elecciones nacionales.

Cuatro. La correlación de fuerzas entre algunos sectores con significación en la vida sindical.

Como es bastante evidente, los tres tipos de correlación de fuerzas entre los sectores políticos es diferente. El cuarto tipo (el sindical) privilegia el peso de los grupos con mayor estructura militante, lo que se puede llamar el primer círculo o el círculo de hierro de la pertenencia de izquierda. El tercer tipo (el derivado de las elecciones nacionales) privilegia el peso de los agrupamientos con mayor captación de opinión pública. Engloba pues a aquellos para quienes el frenteamplismo constituye una identidad, más aquéllos que sienten una adhesión significativa, más los simpatizantes, más los votantes ocasionales; constituye el círculo más amplio posible. El segundo tipo es algo más difícil de definir: es un círculo más abierto que el de los militantes permanentes y bastante más estrecho que el electorado general. Comprende a quienes sienten una pertenencia al Frente Amplio equivalente a lo que es la afiliación en los partidos europeos. Pero además la correlación de fuerzas en la estructura frenteamplista es el producto de dos mecanismos de voto simultáneo: por un lado el voto por listas, de circunscripción nacional, perfectamente identificables, ya que los números, símbolos y candidatos corresponden más o menos a las presentaciones en elecciones nacionales; por otro lado el voto por personas en circunscripciones pequeñas (de departamento en el interior, de zona en Montevideo), cuya adscripción sectorial no está individualizada y es desconocida para buena parte de los electores. En el voto por listas hay una mayor claridad en su emisión y juega más la opinión, y en el voto personalizado cuenta más el contar con una información de boca a boca, más propia de iniciados, y por tanto pesan más los aparatos militantes. No es de desdeñar que los órganos de dirección nacionales se eligen por partes iguales por listas y por voto personalizado, lo que en la jerga frenteamplista se ha denominado la representación de sectores y los delegados de base, denominación ésta incorrecta, que corresponde a un anterior tipo organizativo.

Las tomas de decisiones no son lineales. En el plano político son la resultante de las decisiones del Plenario Nacional y la Mesa Política. Pero las mismas pueden quedar fuertemente influidas cuando Tabaré Vázquez toma una decisión y la impulsa, o cuando lisa y llanamente se adelanta a una decisión formal y crea un hecho consumado, con el poder que genera un liderazgo y el olfato que caracteriza a los líderes para dar un paso fuerte sin equivocarse ni en el momento ni en el rumbo. Otras veces la bancada parlamentaria, o los legisladores, por el propio juego legislativo logran precipitar decisiones y también crear hechos, con la fuerza que le da el ser producto del voto popular. Y no pocas veces el movimiento sindical crea hechos que envuelven al Frente Amplio y le marca los caminos, como ha ocurrido en varias ocasiones en terrenos más propios de la organización política que de la organización social, como lo es el terreno electoral no eleccionario, vale decir, el plebiscitario y el referendario.