07 Abr. 2002

La seducción y el rezongo

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Jorge Batlle Ibáñez posee una personalidad compleja y cambiante.Tan cambiante como la popularidad y el apoyo electoral a lo largo de su vida. En los siete lustros de liderazgo conoció el éxito y la soledad; perdió de joven la primera magistratura por tan sólo un 3.8%, hace apenas siete años obtuvo el magro apoyo del 5% del electorado y tres años atrás inició una arremetida electoral que lo llevó a la candidatura única de su partido, al balotaje y a una holgada victoria, para en el momento de su juramento alcanzar una popularidad no conocida por presidente alguno en mucho tiempo.


Jorge Batlle Ibáñez posee una personalidad compleja y cambiante.Tan cambiante como la popularidad y el apoyo electoral a lo largo de su vida. En los siete lustros de liderazgo conoció el éxito y la soledad; perdió de joven la primera magistratura por tan sólo un 3.8%, hace apenas siete años obtuvo el magro apoyo del 5% del electorado y tres años atrás inició una arremetida electoral que lo llevó a la candidatura única de su partido, al balotaje y a una holgada victoria, para en el momento de su juramento alcanzar una popularidad no conocida por presidente alguno en mucho tiempo.

Su talante presenta también variaciones pronunciadas, más o menos coincidentes con esos ciclos de alta y baja popularidad. Y pasa de la seducción al rezongo. Como seductor cautiva a mucha gente, de todas las culturas, ideologías y gustos. Cuando se enoja, cuando se siente incomprendida, pelea con la gente, rezonga. En 1989 se dieron las dos facetas.

En un primer periodo generó una seducción bastante similar, quizás con no tanta intensidad, que la que surgió en 1999 y se potenció al año siguiente; y así llegó a la categórica victoria sobre Enrique Tarigo que le aseguró la candidatura del Batllismo Unido. Tras el triunfo partidario y luego de las primeras encuestas adversas, asume una actitud de enojo hacia la gente, actitud in crescendo que desembocó en un fuerte resultado adverso.

Desde que fue elegido presidente de la República la constante ha sido el desborde de optimismo, la sonrisa, la fácil comunicación con la gente en general, con los dirigentes políticos, intelectuales, sociales y empresarios, la seducción y el encanto. Atributos de singular importancia en medio de datos internos y externos adversos, de todo tipo y calibre, desde el nivel de ocupación hasta las cuentas públicas, que le permitieron mantener un nivel de aprobación alto y relativamente estable. Si se observa con detenimiento aparece un trastabilleo en el otoño del año pasado, cuando se juntan la invasión masiva de la aftosa con el primer tornado monetario argentino, que lo llevó a acelerar el ritmo devaluatorio. Pero fue un pequeño chispazo, que no alteró su poder de comunicación. Pero el 2002 da algunas señales que hacen pensar si no se está produciendo, como en 1989, el paso de la seducción al rezongo. No es poco lo que le ha caído encima al primer mandatario: desplome argentino, pérdida del grado inversor de los bonos uruguayos, alarma por los niveles del déficit fiscal. Y además de todo ello, más de 600 mil firmas para un referendo que, más allá y más acá de Antel, suponen para el gobierno el desafío y el riesgo de un veredicto comicial a mitad de camino y en el peor momento; pero además es sobre Antel, empresa pública emblemética, que concita el más fervoroso apoyo ciudadano.

La derrota muchas veces es una cuestión sicológica; tiene más que ver con cómo se asume un hecho que con el hecho en sí. Ante la realidad de las firmas, al gobierno cabían dos caminos, ambos válidos: afrontar el referendo o tratar de eludirlo. Pero una cosa es eludir el referendum en actitud comprensiva hacia la gente y otra con enojo. Una forma es estimar que en el país hay dos opiniones sobre Antel, igualmente válidas, añadir que en definitiva para el gobierno era mejor esta ley que el régimen anterior, pero que no es tan grave, y dar marcha atrás. Otra cosa es decir que los uruguayos no entienden por donde va el mundo, que el monopolio de la telefonía básica nadie la quiere y por eso el monopolio no molesta, que el gobierno va a seguir en sus trece por otros caminos.

Y de paso, también lanzó un desafío sobre Ancap. Primero plantea una estrategia de ir por el camino del medio, como lo es el proyecto de asociación con una petrolera de fuste internacional, un espacio del medio que queda libre cuando el Frente Amplio se radicaliza. Y en medio del fragor de las firmas por Antel, lanza una segunda estrategia de características polarizantes: la más rápida importación de combustibles. Desde el punto de vista político (nada tiene que ver en este análisis lo económico), más en un escenario de tipo electoral, no es de buen consejo elegir dos estrategias contradictorias.