24 Feb. 2002

La capacidad de bloqueo

Oscar A. Bottinelli

El Observador

El 13 de enero en esta columna se escribió: "El referendo sobre Antel- Ancel es un test muy importante, porque es impulsado exclusivamente por la izquierda, más allá de algunas adhesiones de figuras departamentales de los partidos tradicionales. En alcanzar o no las más de 600 mil firmas para el 21 de febrero se juega toda la capacidad de bloqueo del Frente Amplio.


El 13 de enero en esta columna se escribió: "El referendo sobre Antel- Ancel es un test muy importante, porque es impulsado exclusivamente por la izquierda, más allá de algunas adhesiones de figuras departamentales de los partidos tradicionales. En alcanzar o no las más de 600 mil firmas para el 21 de febrero se juega toda la capacidad de bloqueo del Frente Amplio. No hay empate. O están las firmas y demuestra efectiva capacidad de bloqueo y convocatoria popular, o no están las firmas y queda como una derrota significativa. La prueba es mucho más necesaria para el Frente Amplio y para Tabaré Vázquez, a partir del debilitamiento generado por la división de posiciones y la ausencia de liderazgo en el tema ANCAP". La presentación de casi 700 mil firmas en la semana que pasó marca que el Frente Amplio demostró efectiva capacidad de bloqueo y convocatoria popular: salvó la prueba con éxito.

Por otra parte en esa nota se analizó: "... hasta ahora la izquierda por sí sola no ha logrado triunfar en ningún acto plebiscitario-referendario. (...) cuando el camino es propiamente el referendo, las mayores probabilidades están en el fracaso en la etapa inicial, en la búsqueda de las apoyaturas ciudadanas mínimas para proceder a la convocatoria del acto electoral". La presentación de las firmas marca pues un giro histórico: la izquierda por sí sola logra por primera vez la convocatoria de un referendo.

A partir del éxito se abren siempre dos caminos: el de afirmar lo ganado o el de redoblar la apuesta. La izquierda optó por esto último, algo así como "no pregunto cuantos son, sino que vayan saliendo". Y el 1° de marzo comienza la recolección de adhesiones contra la ley de asociación de Ancap, camino mucho más riesgoso, pues ni el ente petrolero es un símbolo del cariño estatista de los uruguayos (como lo es Antel), ni el tema es claro para la opinión pública, ni hay una posición sólida del Frente Amplio, a partir de la participación de Astori, Couriel y Rubio en el texto de la ley. Hoy la hipótesis más probable es la de un triunfo opositor en el tema Antel-Ancel y un resultado incierto en relación a Ancap.

Independientemente de los temas en sí, cualquier referendo que se realice en el segundo semestre del 2002 se haría en un contexto favorable a la oposición, seguramente en el peor momento económico y social desde la restauración institucional. De allí a colegir surge con claridad la estrategia de cada bando: para la oposición, asociar el voto contrario a la ley a un voto contra el modelo económico de los gobiernos colorados y blanco; para el gobierno, centrar la discusión en el tema en sí: el futuro de Ancap, los monopolios legales y naturales de Antel, la necesidad de asociaciones que aporten tecnología. Ante la perspectiva de dos actos referendarios, la pregunta que surge es: ¿cuál es el orden que le conviene a cada parte, primero Antel y luego Ancap, o a la inversa?

Si el referendo de Antel es el primero y, lo que hoy se ve como más probable, triunfa la oposición, qué pasa con Ancap. Una lectura es que esto le da a la izquierda el envión de ganador. Después del primer gol, el segundo: cae la ley de Ancap. La otra lectura sería más favorable al gobierno: descargada la crispación en el referendo sobre Antel, en torno a Ancap se podría hacer un debate más sereno, centrado exclusivamente en el tema petrolero.

Si el referendo de Ancap es el primero, a favor de la izquierda la lectura sería: la disconformidad con el gobierno y la crispación por la situación económica y social se va a descargar en el primer referendo, fuere cual fuere, lo que ayudaría a la derogación de la ley de asociación; y la discusión autónoma sobre Antel es favorable en sí misma a la izquierda. La lectura opuesta es que la discusión sobre Ancap es la más favorable al oficialismo; todo está en separar ese referendo del contexto socio-económico.

En definitiva, cada parte debe orejear bien las cartas para hacer su juego. El acertar en el orden correcto de ventajas y desventajas es crucial para el éxito o el fracaso. En el entendido que el éxito para la izquierda es el doblete y el éxito para el oficialismo es salvar la ley de Ancap.