16 Dic. 2001

El Frente Amplio y ANCAP

Oscar A. Bottinelli

El Observador

La reforma de ANCAP explotó finalmente al interior del Frente Amplio y dejó algunas señales significativas, en cuanto a la conducción del conjunto político, el papel del Encuentro Progresista, su posicionamiento en el eje derecha-izquierda, la relación de lo político y lo sindical, y el peso de los sectores moderados.


La reforma de ANCAP explotó finalmente al interior del Frente Amplio y dejó algunas señales significativas, en cuanto a la conducción del conjunto político, el papel del Encuentro Progresista, su posicionamiento en el eje derecha-izquierda, la relación de lo político y lo sindical, y el peso de los sectores moderados.

En un hecho crucial para la vida del país, Tabaré Vázquez desapareció de escena y generó un vacío de liderazgo, el que tampoco fue llenado por el vicepresidente Jorge Brovetto. De esta crisis emergen el Partido Socialista y Reinaldo Gargano como los elementos centrales, capaces de trazar el camino y articular las mayorías necesarias para darle conducción al Frente Amplio; en esta oportunidad esas mayorías resultan de obtener el apoyo gravitante del MPP y de la 1001, así como otras veces las mayorías surgieron del Espacio 90 aliado con Asamblea Uruguay y la Vertiente. El FA operó esta vez como una federación de sectores, en que los operadores en uno u otro sentido fueron los conductores de los respectivos grupos: Gargano y Manuel Laguarda, José Mujica, Marina Arismendi, Alberto Couriel y Enrique Rubio, y Danilo Astori.

Una segunda señal es clarificar que el centro político está en la estructura del Frente Amplio y no en la del Encuentro Progresista, el que balconeó la situación. Una vez más se evidencia que tanto sociológica como políticamente la fuerza política de izquierda es el Frente Amplio, mientras que el Encuentro Progresista es el marco que le permite articular la adhesión de grupos menores. Pero además se demostró que el Frente Amplio, pese a las formidables discrepancias, mantiene su capacidad de actuar de manera unívoca. Aunque esa univocidad operó en el borde de la disidencia, de manera irrepetible. Pero además el FA no se marginó del tema ANCAP, como con gran sorpresa han interpretado muchos comentaristas, ya que tomó posición inequívoca sobre el tema. Que esa postura haya sido de rechazo frontal no implica de manera alguna marginarse de la decisión, de la que sí se marginó Tabaré Vázquez.

Y la tercera señal viene precisamente de esa actitud de rechazo frontal, que lleva al FA a abandonar todo contacto con el centro y a posicionarse en una izquierda fuerte, sin concesiones al modelo o a los modelos impulsados por el Partido Colorado y el Partido Nacional.

Una cuarta señal tiene que ver con el relacionamiento con lo sindical. Hay varios hechos, como éste o como la campaña pro-referendum sobre ANTEL, de los que emerge la primacía de lo sindical sobre lo político-partidario, o la imposibilidad de la conducción política de asumir posturas diferentes a las previamente asumidas por la conducción sindical.

Y una quinta señal es el debilitamiento en que quedan los sectores más moderados, Asamblea Uruguay y la Vertiente Artiguista. Por un lado han perdido la calidad de interlocutores válidos ante el resto del sistema político, al menos en nombre de todo el Frente Amplio. Pero además queda en principio mellada su capacidad de convocatoria, en tanto su discurso no tenga traducción en los actos, en que para la gente moderada sean sectores que hablen desde el centro-izquierda y voten desde la izquierda pura. Ambos han quedado aprisionados entre la diferencia conceptual con la mayoría frenteamplista y la necesidad de mantener la disciplina y operar en el marco de la unidad; están atenazados por la dicotomía discrepancia-unidad. Porque también resulta muy claro que el electorado frenteamplista sanciona con mucha dureza la indisciplina, como lo demuestra lo ocurrido al PGP y al PDC tras su abandono del FA, y a Danilo Astori en su enfrentamiento electoral con Tabaré Vázquez.

La capacidad de tomar decisiones en forma rápida y lograr un plena acatamiento le da al Frente Amplio mucha solidez en la perspectiva de gobierno. El debilitamiento de los sectores moderados y la prevalencia de lo sindical sobre lo político pueden ser elementos debilitantes en la captación de los votos decisivos de centro. El posicionamiento en una izquierda nítida y confrontacional tiene la ventaja y la desventaja de los esquemas binarios, simplificados, polarizantes. Pero lo más erosionante de este episodio es el mutis de Tabaré Vázquez, que una vez más permite a sus adversarios poner en duda su capacidad para gobernar.